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La Luna Rechazada: La Rosa Quebrada por el Alfa

La Luna Rechazada: La Rosa Quebrada por el Alfa

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Hombre lobo / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: AUTORAATENA

Luara siempre supo que no pertenecía a esa manada.
Sin haber despertado a su loba, regordeta y constantemente humillada dentro de su propia manada, creció siendo tratada como un error… incluso por quienes debían protegerla. Aun así, su corazón insistía en amar al hombre más inalcanzable de todos: el futuro Alfa.
La noche en que el destino debía coronarla como Luna, todo se convirtió en una pesadilla pública.
Rechazada, rota, marcada por palabras que nunca debieron pronunciarse, Luara descubrió que algunos dolores no matan… solo transforman.
Mientras la manada seguía creyendo que era débil, algo silencioso comenzó a nacer dentro de la olvidada loba blanca.
Porque cuando una rosa es pisoteada demasiado, no muere.
Ella aprende a herir.

NovelToon tiene autorización de AUTORAATENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

CAPÍTULO NARRADO PELA AUTORA...

El camino hasta la Manada Luna de Plata debería haber sido directo.

Edward Black caminaba solo, como siempre. No por arrogancia, sino porque nunca había necesitado escolta. Denuncias habían llegado hasta el Consejo, demasiados murmullos para ser ignorados. Un supremo no cierra los ojos cuando su nombre es citado junto a inestabilidad, y Edward no era del tipo que delegar ese tipo de asunto.

El bosque estaba demasiado quieto.

Lo sintió antes de verlo.

El aire cambió. El olor de la tierra fue invadido por algo metálico, amargo, errado. Verbena.

Edward paró.

No hubo aviso. No hubo desafío. Apenas el ataque.

Vinieron de las sombras como ratas, cobardes demás para enfrentar de frente. Él luchó aún así. Cada movimiento era letal, cada golpe calculado. Huesos quebraron, cuerpos fueron lanzados contra árboles, gritos murieron antes de ganar fuerza.

Pero bastó un segundo.

Uno de ellos no atacó con fuerza. Atacó con miedo. Una lámina corta, embebida en verbena, rasgó su lateral. No fue profundo. No fue suficiente.

Pero fue lo bastante.

Edward rugió, un sonido antiguo, primitivo, su lobo bleck también sintió el dolor de él. El último de ellos murió con el cuello quebrado entre sus manos. Cuando el silencio volvió, él cayó de rodillas.

La verbena quemaba por dentro.

No lo mataría. Jamás. Pero lo debilitaba. Lentamente. Como veneno paciente.

Él intentó andar. Dio tres pasos. El mundo giró.

Y entonces, todo oscureció.

Diez semanas.

Diez semanas en que el tiempo siguió sin él.

Cuando acordó, fue con un grito contenido preso en la garganta. El cuerpo estaba rígido, pesado, como si hubiese sido enterrado vivo. El olor de la caverna lo alcanzó primero. Piedra, musgo, sangre seca.

Y hambre.

Un hambre que no conocía límites.

La garganta quemaba. La boca secó. Los sentidos despertaron de una vez, violentos, desordenados. Edward se irguió con dificultad, apoyándose en la pared. El corazón latía lento, pesado.

Sed de sangre.

Sed de vino.

La necesidad era doble, instintiva. Él salió de la caverna como un predador herido, siguiendo el olor más próximo. Un ciervo no tuvo tiempo de huir. La sangre caliente escurrió por su garganta, trayendo fuerza de vuelta a los músculos, claridad a la mente.

No fue suficiente.

Edward sabía.

Él volvió a la caverna y abrió uno de los barriles sellados allí escondidos hacía décadas. Vino antiguo, fuerte, oscuro. Bebió directo, sin copa, sintiendo el líquido descender quemando, despertando algo más profundo que el hambre física.

Cuando terminó, respiró hondo.

El mundo volvió al lugar.

La fuerza aún no era total, pero ya era de él otra vez.

Fue entonces que llamó por ella.

— Katrina.

Ella apareció minutos después, los ojos arreglados, el rostro pálido.

— Acabas de despertar — dijo, la voz cargada de alivio y bronca al mismo tiempo. — Diez semanas, Edward. Diez.

Él se levantó por completo, los hombros largos, la presencia aplastante retomando el espacio alrededor.

— Lo sé.

— ¿Entonces por qué ya estás de pie? Tú necesitas…

— No — interrumpió, firme. — Yo acabo de despertar. Y por diez semanas ese asunto quedó pendiente.

Ella cruzó los brazos, conocía aquel tono.

— Casi mueres.

— Casi — corrigió. — Pero no morí.

Los ojos de él estaban fríos ahora, enfocados.

— Necesito ir al Cateia. Necesito ver a todos. Lo que aconteció en la Luna de Plata no puede más esperar.

Katrina suspiró, derrotada antes mismo de intentar convencer.

— Nunca aprendes.

Edward dio una media sonrisa, dura, sin humor.

— Aprendo sí. Aprendí que se están moviendo en las sombras. Y que intentaron matarme, y eso es cosa de brujas y brujos, y yo exterminaré a todos Katrina.

Él pasó por ella, ya preparándose.

— Katrina yo Estoy óptimo, mi hermana.

Ella lo observó salir, sintiendo el peso de aquella frase. Ella entonces giró los ojos, y salió tras él, él cogió su moto y ella cogió la suya dos ninja negra y morada.

Ella quedó pensando cuando Edward Black decía que estaba óptimo, significaba apenas una cosa.

Alguien iba a pagar, por el error de no haber concluido los servicios derecho.

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