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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 24: A QUIÉN SALVAS

Hay decisiones que no se piensan.

Se sienten.

Llegan como un golpe directo al pecho, rompen toda lógica, toda estrategia, todo plan.

Y en la azotea…solo tuve un segundo.

Adrián colgaba de la baranda.

Su mano resbalaba poco a poco sobre el metal húmedo.

Debajo…el vacío.

El viento golpeaba con tanta fuerza que parecía empujarlo aún más hacia abajo.

Mateo estaba a unos pasos.

Respirando agitado.

Mirándome.

Esperando.

No por ayuda.

Por reacción.

Por miedo.

Me moví.

Rápido.

Me lancé hacia la baranda y sujeté la muñeca de Adrián con ambas manos, sintiendo el peso brutal de su cuerpo tirar hacia abajo, tensando mis brazos, mis hombros, todo.

—¡No te sueltes! —grité.

Adrián levantó la mirada hacia mí.

Por primera vez…vi miedo real en sus ojos.

No el miedo superficial de los demás.

No.

Era el miedo de alguien que sabe que puede morir.

Y eso…me golpeó de una forma que no esperaba.

Mateo dio un paso atrás.

Luego otro.

Como si no supiera qué hacer con lo que acababa de provocar.

—Ayúdame —dije sin mirarlo.

Silencio.

—¡Mateo!

Nada.

Solo su respiración.

Solo su silencio.

Porque ese segundo fue suficiente para entenderlo.

Él no iba a ayudar.

No porque no pudiera.

Porque quería ver qué hacía yo.

Quería saber a quién iba a elegir.

Adrián.

O mi plan.

Mis manos comenzaron a temblar.

No de miedo.

Del esfuerzo.

Adrián intentó subir un poco.

Su agarre se deslizó.

Mi corazón golpeó con fuerza contra el pecho.

—Samara… —murmuró.

Mi nombre.

Otra vez.

Lo sujeté con más fuerza.

—Cállate y sube.

El viento golpeó más fuerte.

Sentí cómo mi pie se deslizaba un poco sobre el concreto.

Un paso más…y caeríamos los dos.

Entonces escuché la voz de Mateo.

—Déjalo.

Silencio.

Giré apenas la cabeza.

Lo miré.

Sus ojos estaban oscuros.

Rotos.

—¿Qué dijiste?

—Déjalo caer —repitió—. Así todo termina.

Esa frase…encendió algo dentro de mí.

Frío.

Violento.

Puro.

Con una mano seguí sujetando a Adrián.

Con la otra…me impulsé y golpeé a Mateo directo en el rostro.

El impacto fue seco.

Fuerte.

Mateo cayó hacia atrás.

Aturdido.

Perfecto.

Volví toda mi atención a Adrián.

—Sube —ordené.

Esta vez él logró impulsarse con la pierna.

Lo jalé con toda la fuerza que me quedaba.

Un segundo.

Dos.

Hasta que su cuerpo finalmente cayó sobre la azotea.

Pesado.

Agitado.

Vivo.

Los dos quedamos en el suelo unos segundos, respirando con dificultad, mientras el viento seguía cortando el silencio.

Adrián se incorporó primero.

Me miró.

No dijo nada.

Pero esa mirada…lo dijo todo.

Ya no era solo aliado.

Ya no era solo observador.

Ahora sabía que yo lo había elegido.

Eso cambiaba todo.

Mateo se levantó lentamente.

Con el labio roto.

La rabia escrita en el rostro.

—Cometiste un error —escupió.

Me puse de pie.

Frente a él.

—El error fue tocarlo.

Silencio.

Esa frase hizo que Adrián girara hacia mí.

Sorprendido.

Interesado.

Mateo soltó una risa amarga.

—Entonces ya elegiste.

Lo miré fijamente.

—Sí.

Silencio.

Corto.

Peligroso.

Mateo retrocedió.

Pero esta vez no había miedo.

Había algo peor.

Decisión.

—Mañana todos sabrán quién eres —dijo—. Y también quién murió realmente.

El aire se congeló.

Sara.

Mi hermana.

Su nombre estaba otra vez en juego.

Mateo se giró y salió por la puerta metálica, dejándonos solos en la azotea.

El sonido del portazo retumbó como un disparo.

Adrián se acercó lentamente.

Su respiración aún agitada.

—Me salvaste.

Lo miré.

Un segundo.

—No confundas eso con confianza.

Él sonrió apenas.

—Pero significa algo.

Silencio.

No respondí.

Porque sí.

Significaba algo.

Algo que no estaba en el plan.

Algo que podía destruirlo todo.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

“Mañana a primera hora, el rector sabrá toda la verdad.”

Mateo.

La guerra apenas comenzaba.

Porque salvar a alguien también puede convertirse en la peor de las debilidades.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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