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La Promesa Del Brujo

La Promesa Del Brujo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Pareja destinada / Brujas / Amor en la guerra / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Ella no recuerda nada. Él no puede olvidar. Atados por una maldición que los obliga a renacer para perderse, Rose y Dagmar se encuentran de nuevo en el siglo XXI. Él es un brujo que desafía las leyes de la magia; ella, una estudiante de arte que ignora su pasado real. ¿Podrá esta vez, Dagmar cambiar el destino?

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Capítulo 21: Hermano

Una onda de choque golpeó a Dagmar, lanzándolo varios metros hacia atrás. Abrí los ojos, asustada, esperando verlo herido, pero él se levantó con una expresión de triunfo.

—Eso es —dijo, limpiándose un rastro de polvo de la ropa—. Tu magia ya no necesita palabras. Se está volviendo instintiva.

Esa noche, la cena fue el primer encuentro real entre mis tías y Dagmar en un entorno doméstico. Nos sentamos en el gran comedor, bajo la luz de un candelabro monumental.

—Dinos, Dagmar —comenzó Egle, cortando su carne —, ¿cuál es el siguiente paso?

—No atacaremos —respondió él con calma—. Esperaremos a que ellos cometan el primer error. La biblioteca está protegida por sellos de sangre que ni siquiera yo puedo romper sin alertar a todo el consejo de la Orden. Necesitamos que salgan a campo abierto.

—¿Y mientras tanto? —inquirió Clarisa—. ¿La expones aquí? ¿En este castillo que brilla como un faro para los que saben mirar?

Dagmar dejó su copa de vino sobre la mesa. Su mirada se volvió oscura, casi inhumana por un segundo.

—Este castillo está oculto por un hechizo que consume mi propia energía vital cada segundo. Para la Orden, aquí no hay más que ruinas y niebla. Pero nada es eterno. Por eso Rose debe estar lista para liderar, no solo para ser protegida.

La cena terminó con una nota de advertencia. Mis tías se retiraron a su ala, murmurando sobre las dagas y los mapas, mientras yo me quedé con Dagmar en la terraza, viendo cómo la tormenta se formaba sobre el mar. Dagmar se acercó a mí por detrás, rodeando mi cintura con sus brazos.

—¿Tienes miedo? —me susurró al oído.

—Tengo miedo de no ser lo suficientemente fuerte —confesé—. De que este poder me convierta en alguien que mis tías no reconozcan. O peor, de que me convierta en alguien que tú no puedas amar.

Él me giró para que lo mirara. Sus manos tomaron mi rostro con una urgencia desgarradora.

—Te he amado siendo reina, campesina, guerrera y fugitiva. Te he amado cuando no tenías poder. Mi amor no depende de quién eres, Rose, sino de que eres. No importa lo que despiertes en tu sangre, yo estaré allí para domar la tormenta contigo.

La mañana nació con una luz pálida y fría. Apenas había terminado de vestirme cuando un sonido metálico resonó en todo el castillo: alguien golpeaba el portón principal con insistencia. Me extrañó; nadie, excepto Dagmar o mis tías, conocía la ubicación exacta bajo el velo de protección.

Fui yo quien abrió la pesada puerta de madera y hierro. Al otro lado, encontré a un joven que parecía haber caminado directamente desde un catálogo de elegancia descuidada. Tendría unos veinticinco años, de complexión atlética y piel clara, con una cabellera negra que le caía sobre la frente con rebeldía. Su mirada, sin embargo, era lo que más me impactó: tenía la misma profundidad magnética que la de Dagmar, pero teñida de una picardía que mi protector no poseía.

—Buenos días —solté, arqueando una ceja y bloqueando parcialmente el paso—. ¿Qué se le ofrece?

El desconocido me recorrió con la mirada, no con descaro, sino con una fascinación, como si estuviera viendo una leyenda cobrar vida.

—Hermosura de otro planeta... —murmuró con una sonrisa ladeada—. Busco a mi hermano.

—¿Y quién es su hermano? —pregunté, sintiendo un pinchazo de curiosidad y sospecha.

—Dagmar Fitzgerald. Y yo soy Thomas, su hermano menor.

Me quedé helada por un segundo. ¿Dagmar tenía un hermano? ¿En esta vida? El silencio se prolongó lo suficiente como para que él ensanchara su sonrisa.

—Oh... vale, comprendo —reaccioné finalmente, abriendo paso—. Adelante, Thomas. Espere en el recibidor, iré a buscarlo.

Caminé por los pasillos con pasos rápidos, sintiendo una mezcla de irritación y asombro. ¿Cómo era posible que Dagmar no me hubiera mencionado esto… Entré en el salón de entrenamiento donde él revisaba unos antiguos pergaminos.

—En el recibidor tienes una visita —solté, cruzándome de brazos—. Tu hermano Thomas te está esperando.

Dagmar se tensó de tal manera que el pergamino en sus manos crujió. Sus ojos se abrieron con una mezcla de alarma y confusión.

—¿Mi hermano? ¿Thomas?

—Eso dijo. Se identifica como Thomas Fitzgerald. ¿Es o no es tu hermano?

Dagmar no respondió de inmediato. Se pasó una mano por el rostro, visiblemente perturbado.

—¿Cómo demonios encontró este sitio? Rose, escúchame bien: mantente alejada por precaución. No sabemos quién lo envía o si lo han seguido. Ve a la cámara subterránea, continúa con las prácticas de ayer. Ahora mismo.

Asentí, pero en cuanto él salió del salón, mi curiosidad pudo más que mi obediencia. Había algo en la reacción de Dagmar que olía a secreto, y después de tantas vidas de misterios, no pensaba quedarme al margen. Me deslicé por las sombras de la galería superior, observando la escena en el recibidor desde el balcón interno.

Dagmar entró al recibidor con la postura de un guerrero a punto de atacar.

—Hola, hermano —dijo con una voz que era puro hielo—. ¿Qué haces aquí?

Thomas se levantó del asiento, sin perder su aire relajado.

—¿Esa es la bienvenida que me das después de tanto tiempo, Dagmar? Un "hola" seco.

—No recuerdo haberle dado esta dirección a nadie —diji Dagmar, acercándose peligrosamente—.Tengo barreras que ni el Consejo de Brujos podría penetrar. ¿Qué hechizo de localización usaste? ¿Cómo me encontraste?

Thomas soltó una carcajada limpia y juvenil.

—El hechizo de la tecnología, hermano mayor. compartí tu ubicación de tu teléfono con mis dispositivos hace años, solo por si acaso. Nunca necesité buscarte hasta ahora. Los satélites no entienden de barreras mágicas, Dagmar.

—Dilo ya —gruñó Dagmar—. ¿Qué quieres?

—Primero... —Thomas señaló hacia arriba, hacia donde yo estaba escondida, aunque juraría que no podía verme—, responde quién es esa belleza angelical que tienes aquí. He visto muchas mujeres en mis viajes, pero ella tiene un aura que hace que el aire vibre.

La reacción de Dagmar fue instantánea. En un parpadeo, cruzó la estancia y sostuvo a Thomas por el cuello contra la pared de piedra. Parecía un macho alfa reclamando su territorio.

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Laura Diaz
excelente historia
Estefaniavv: Qué bueno que le gustó 🩵🩵
total 1 replies
Estefaniavv
♥️
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