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HERIDAS DEL CORAZÓN

HERIDAS DEL CORAZÓN

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Milagros Ulloa

Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.

NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

BAJO LA TORMENTA

La lluvia no cesó en toda la noche.

Las gotas golpeaban el parabrisas con una insistencia hipnótica mientras León conducía en silencio. Las luces de la ciudad se desdibujaban sobre el vidrio mojado, creando reflejos que parecían fragmentos de recuerdos rotos.

Gabriela observaba por la ventana, todavía procesando lo ocurrido.

Había estado frente a Adrián.

El hombre que durante años solo fue una sombra en la vida de León ahora tenía un rostro, una voz y una amenaza real. Y, contra todo pronóstico, no había sentido solo miedo.

Había sentido rabia.

Una rabia tranquila, firme, nacida de todo lo que había perdido sin entender por qué.

¿Estás bien? preguntó León finalmente, sin apartar la vista del camino.

Gabriela tardó unos segundos en responder.

Sí. Solo estoy intentando entender en qué momento mi vida se convirtió en esto.

León soltó un suspiro pesado.

Nunca quise que formaras parte de este mundo.

Ella giró hacia él.

Pero ya estoy dentro. Y necesito la verdad completa.

El auto se detuvo frente al edificio de Gabriela, pero ninguno hizo ademán de bajar.

El silencio entre ambos estaba cargado de algo distinto aquella noche. Ya no era distancia ni resentimiento. Era una conexión inevitable, intensificada por el peligro compartido.

León apagó el motor.

Adrián no amenaza por intimidar, dijo finalmente. Él cumple lo que promete.

Gabriela sostuvo su mirada.

Entonces deja de tratarme como alguien frágil. Necesito saber todo para decidir qué hacer.

Sus palabras no temblaron.

León la observó largo rato, como si estuviera viendo por primera vez a la mujer en la que se había convertido.

Hace años trabajé para su organización financiera, comenzó. No sabía al inicio quién estaba realmente detrás. Cuando descubrí que usaban empresas legales para mover dinero ilegal intenté salir.

Gabriela escuchaba sin interrumpir.

Nadie se va sin pagar un precio, continuó él. Amenazaron con destruir todo lo que me importaba.

Ella entendió sin necesidad de más explicaciones.

Por eso desapareciste.

León asintió lentamente.

Preferí que me odiaras antes que verte en peligro.

Las emociones golpearon a Gabriela con fuerza. Durante años había imaginado mil razones para su abandono, pero escuchar la verdad hacía que el dolor adquiriera un nuevo significado.

No fue justo, susurró ella. Pero ahora lo entiendo.

El silencio volvió a envolverlos.

La tormenta afuera parecía aislarlos del resto del mundo.

Entonces Gabriela habló con suavidad.

Tengo miedo, León. Pero no de Adrián.

Él frunció el ceño.

¿De qué entonces?

De volver a perderte.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.

León cerró los ojos un instante, como si luchara contra algo que llevaba demasiado tiempo conteniendo.

No voy a irme otra vez.

Gabriela sostuvo su mirada buscando sinceridad.

¿Lo prometes?

Esta vez no respondió con palabras.

León acercó lentamente su mano y rozó la mejilla de Gabriela con una ternura contenida durante años. El contacto fue suave, casi inseguro, como si temiera romper el momento.

Ella no se apartó.

El aire entre ellos cambió.

Todo el dolor, las preguntas y el tiempo perdido parecieron reducirse a la distancia mínima que separaba sus rostros.

Y entonces ocurrió.

León la besó.

No fue un beso impulsivo ni desesperado. Fue lento, profundo, cargado de todo lo que nunca pudieron decirse. Un reencuentro silencioso donde el pasado y el presente finalmente coincidían.

Gabriela cerró los ojos sintiendo cómo las emociones la envolvían. No era solo amor. Era alivio. Era volver a casa después de una larga tormenta.

Cuando se separaron, ambos respiraban con dificultad.

Esto lo cambia todo, murmuró ella.

Lo sé.

Pero el momento fue interrumpido por el sonido de un teléfono.

El celular de Gabriela vibraba insistentemente.

Matías.

Ella dudó antes de contestar.

¿Dónde estás? preguntó él apenas respondió. Su voz sonaba alterada.

En casa.

Te vi salir con León. Gabriela, tenemos que hablar ahora.

Ella miró a León, percibiendo la tensión inmediata en su expresión.

Mañana hablamos, Matías.

No, respondió él con firmeza. Esto ya pasó demasiado lejos.

Gabriela colgó suavemente.

Esto se va a complicar, dijo.

León apoyó la frente contra el volante unos segundos.

No quiero arrastrarte a más problemas.

Ella negó con la cabeza.

No me estás arrastrando. Estoy eligiendo quedarme.

Las palabras parecieron impactarlo más que cualquier declaración anterior.

Gabriela abrió la puerta del auto, pero antes de bajar se volvió hacia él.

Ya no soy la misma mujer que dejaste atrás. No voy a huir.

León sonrió levemente, orgulloso.

Lo sé. Y eso es lo que más me asusta… y lo que más admiro.

Ella bajó del auto bajo la lluvia ligera que comenzaba a disminuir. Caminó unos pasos hacia el edificio, pero algo la hizo detenerse.

Miró atrás.

León seguía observándola.

Por primera vez en años, ninguno parecía estar huyendo.

Sin embargo, desde un vehículo estacionado al otro lado de la calle, alguien también observaba.

Un hombre habló por teléfono en voz baja.

Sí. Están juntos otra vez.

Una pausa.

Entendido.

El motor del auto se encendió lentamente antes de desaparecer en la noche.

Arriba, en su departamento, Gabriela apoyó la espalda contra la puerta recién cerrada. Su corazón seguía acelerado.

Sonrió sin darse cuenta.

Pero esa tranquilidad duró apenas segundos.

Su celular vibró nuevamente.

Un número desconocido.

Abrió el mensaje.

Una fotografía apareció en pantalla.

Era ella entrando al edificio minutos antes.

Debajo, solo una frase:

Ahora sí eres parte del juego.

El frío recorrió todo su cuerpo.

La tormenta aún no había terminado.

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