Ella ha dedicado su vida a entrenar y aunque ahora reencarna en otra época no dejará sus sueños.
* Esta Novela es parte de un mundo mágico*
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Nervios 1
Esa misma noche, cuando el bullicio de la academia se apagó y solo quedaron los ecos lejanos de pasos en los corredores, Constance se sentó frente a su escritorio.
La lámpara iluminaba apenas el papel en blanco.
Por primera vez en todo el día, sus manos temblaron.
No cuando derribó a Cole.
No cuando todos la miraban.
No cuando aceptó públicamente su partida.
Pero ahora… sí.
Tomó la pluma.
“Padre. Madre.”
Se quedó unos segundos mirando esas dos palabras. No escribió “queridos”. No porque no los quisiera, sino porque sabía que lo que estaba a punto de decir no sería fácil de aceptar.
Les explicó que no era un impulso. Que había sido admitida formalmente. Que su decisión no era una rebeldía ni un capricho pasajero.
Les habló de disciplina.
De propósito.
De que necesitaba probarse a sí misma lejos de la sombra del apellido Valmont.
Que no se iba huyendo.
Que se iba caminando hacia algo que sentía suyo.
Selló la carta con manos firmes.
Cuando ellos la recibieran… ella ya estaría lejos.
Ya no podrían detenerla.
Ya no podrían mirarla con esa mezcla de inconformidad y recelo que solían hacerlo, ya no podrían hablar de posibles alianzas matrimoniales para ella, como si ella no existiera..
Al salir del edificio administrativo para dejar la carta en manos del mensajero, el aire nocturno le acarició el rostro.
Y entonces lo vio.
El capitán Asaf.
De pie bajo una farola, uniforme impecable, postura recta, como si la noche misma lo hubiera colocado allí.
Asaf no era un hombre particularmente joven. Tenía la mirada de alguien que había visto demasiado, y aun así mantenía una serenidad que imponía respeto. Su uniforme oscuro marcaba la diferencia entre él y los estudiantes.. él no entrenaba para una posibilidad… él ya pertenecía al ejército.
—Sabía que te encontraría aquí —dijo con voz baja.
Constance sintió algo inesperado.
Un pequeño vuelco en el estómago.
No era miedo.
No exactamente.
Era… conciencia.
De su presencia.
De la forma en que la observaba, sin condescendencia. Sin tratarla como “la señorita Valmont”. Solo como alguien que había superado pruebas reales.
Ella enderezó la espalda de inmediato.
—Capitán —saludó con firmeza.
Pero él notó el leve ajuste en su respiración.
El pequeño segundo de más antes de responder.
—Estás nerviosa —comentó con suavidad.
—No lo estoy.
La respuesta fue demasiado rápida.
Él sonrió apenas.
No burlón. No invasivo. Solo… atento.
—Con todos los demás mantienes el pulso estable.. Conmigo no.
Eso la descolocó más que cualquier combate.
Constance sostuvo su mirada, decidida a no bajar los ojos.
—Quizás porque usted me observa como si ya me estuviera evaluando para el campo de batalla.
—Lo estoy haciendo.
El silencio entre ambos no fue incómodo… pero sí cargado.
Ella sentía su propia reacción y eso la irritaba un poco. No le gustaba perder el control, ni siquiera en algo tan simple como el ritmo de su corazón.
Había enfrentado a su hermano frente a toda la academia sin vacilar.
Y sin embargo, estar frente a él…
Era distinto.
No era debilidad.
Era tensión.
Expectativa.
—Partimos al amanecer en tres días.. Quería asegurarme de que no cambiarías de opinión.
Ella negó con firmeza.
—No lo haré.
Él la observó un segundo más, como si intentara leer más allá de sus palabras.
—Bien.
Dio un paso hacia atrás, pero antes de girarse añadió..
—Constance… el ejército no es la academia. No habrá aplausos cuando ganes.
Ella sostuvo su mirada.
—No entrené por aplausos.
Esa respuesta hizo que algo cambiara en los ojos del capitán.
Aprobación.
Y quizás… interés.
—Entonces estarás bien.
Cuando él se alejó, Constance soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Se llevó una mano al abdomen.
Ese pequeño nervio seguía ahí.
Y por primera vez desde que decidió marcharse… no estaba pensando en su familia.
Ni en Cole.
Ni siquiera en Damian.
Estaba pensando en el capitán Asaf.
Y eso la inquietaba más que cualquier batalla.