Sigue a Valentina Márquez Santos, abogada humilde e hija ilegítima de un magnate. Tras ser traicionada en su boda y expulsada de su trabajo por defenderse de acoso, se convierte en asistente del amargado CEO Mateo Castellanos. Demuestra su valía al organizar el proyecto médico VidaPlus y salvar a su hija Sofía de un rapto, mientras enfrenta la envidia de Gitana, la hermana de la difunta esposa de Mateo. A pesar de que Mateo es insoportable, entre ellos surge una conexión, mientras Valentina lucha por su futuro y por hacer realidad un proyecto que cambiará vidas.
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LA HERMANA ADOPTIVA
Palabras de la autora:
Corregí la edad de Gitana: en realidad tiene 45 años. Esta historia dará un giro inesperado que los dejará sin aliento. Sentirán pena por Gitana cuando descubran la verdad —ella no es la villana real, solo una ficha en el juego de alguien más poderoso. La verdadera villana ha movido los hilos desde las sombras, y cuando aparezca en el capítulo final de la primera parte, quedarán helados. Prepárense para un drama intenso y emocionante, donde nada es lo que parece y los lazos de sangre no siempre significan lealtad. Lorena se ve joven a sus 39 años por qué se cuida bien y usa botox.
Por la tarde, en la imponente mansión de Mateo en el centro de Metrolis, el sol comenzaba a descender pintando el cielo de tonos naranjas y rosas. El porche de piedra blanca reflejaba la luz, y de repente se escuchó el sonido metálico de tacones de cuero negro resonando con cada paso: clic clac, clic clac. Sofía, la hija menor de Mateo de 15 años, estaba sentada en el suelo de la sala principal, armando un rompecabezas gigante con sus amigas Camila y Daniela, cuando el ruido llamó su atención.
—Debe ser alguien importante —comentó Daniela, mirando hacia la puerta—. Nadie usa tacones así en esta casa más que las tías de la familia.
Sofía se levantó rápidamente, ajustó su vestido de flores y corrió a abrir la puerta con curiosidad. Al girar la manija de bronce tallado, encontró frente a sí a una mujer alta y elegante, con cabello negro largo recogido en un moño impecable, vestida con un traje gris de lana fina y tacones altos que brillaban bajo la luz del farol. La mujer tenía unos ojos verdes intensos que parecían conocerla de toda la vida, y una amplia sonrisa se dibujó en sus labios pintados de rojo.
—Querida sobrina! —dijo la mujer, extendiendo los brazos—. Soy tu tía Lorena Castellano... ¿No me vas a saludar? Llegué hace unas horas desde España, supe que tu papá se fue a la hacienda del Valle para preparar el juicio, así que vine directamente aquí para esperarlo. Me dijeron que estaría en la mansión.
—¡Tía Lorena! —gritó Sofía, abrazándola con fuerza—. No te veía desde que tenía como 8 años, cuando viniste a nuestra casa de Navidad. ¡No puedo creer que estés aquí! Papá está en la hacienda desde hace casi un mes, dijo que volverá en varias semanas porque el juicio por los terrenos es muy importante. Queremos evitar que algunos vecinos y empresas cercanas se apropien de parte de nuestras tierras.
Lorena entró en la sala, admirando los cuadros de paisajes que adornaban las paredes y los muebles de madera oscura que habían pertenecido a los abuelos de Mateo. Mantuvo a Sofía cerca, acariciándole el cabello con ternura:
—Qué grande has crecido, mi amor. Tu papá siempre me habló de ti y de tu hermana mayor,Daniela. Me alegro de verte tan bien. ¿Dónde está ella?
—Daniela entro en la universidad, vive en el internado durante la semana —explicó Sofía—. Volverá el fin de semana. ¿Te quedarás aquí con nosotras?
—Claro que sí, hija. Hasta que tu papá regrese, cuidaré de ustedes dos —respondió Lorena, sentándose en el sofá de terciopelo verde.
De repente, la puerta se abrió de golpe sin que nadie llamara. Gitana entró con paso seguro, vestida con un traje de diseño negro con escote pronunciado y joyas de diamantes que brillaban intensamente. Tenía 45 años, pero su rostro cuidadosamente maquillado y su porte seguro hacían que pareciera mucho más joven. Al ver a Lorena, su expresión se endureció y una mueca de desprecio apareció en sus labios.
—Lorena Castellano... Cuánto tiempo sin verte. Yo pensé que nunca volverías a poner los pies en esta ciudad —dijo Gitana, acercándose hasta quedarse frente a ella—. Parece que la recogida de la familia Castellano decidió volver a buscar cobijo.
Lorena se levantó lentamente, con la mirada fría como el hielo pero manteniendo su compostura:
—¡Gitana! Veo que sigues igual de insolente que siempre. Te encanta estar arrimada a la familia Castellano, como lo hizo tu hermana antes de que pasara lo suyo. Al menos yo nunca me he colgado de nadie para avanzar en la vida.
—¡Arrimada! —gritó Gitana, golpeando con la mano sobre la mesa de centro—. Eres una recogida de la basura, igual que tu familia biológica. Al menos yo nací en una buena casa, en la familia Lombarde—tuve que luchar por cada cosa que tengo, pero al menos vine de padres adinerados. Tú fuiste recogida de la calle cuando tenías 5 años, la familia Castellano te dio techo porque se apiadaron de ti.
que pena que alejandro solo este con ella para hacer daño