Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .
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capitulo 4. un angel en el camino
Alan mira con impotencia el caudal del río. En un momento desesperado descarga su arma sobre el agua.
Esto ha sido demasiado para él.
En su rostro se ve la angustia, la ira y la desesperación. Se arrodilla frente al río y golpea el suelo lodoso con los puños.
Los demás lo observaban a unos metros, pero nadie le diría nada. Al parecer, se había despertado una bestia que yacía dormida.
-Al otro lado, tras el tronco de un gran árbol, la joven debilitada trata de recobrar fuerzas. Su pie sangra mucho. Debe detener la hemorragia o eso la matará. Además, está en la montaña; allí hay animales salvajes que pueden sentirse atraídos por el olor a sangre.
Se quita la blusa y la ata con fuerza a su pie. El sangrado se detiene.
Eso la deja casi semidesnuda. Solo le quedan puestos un short corto y un top.
La joven alimenta a su pequeña, pero su leche ha mermado considerablemente. Ella no ha comido.
El territorio donde está pertenece a Víctor, pero de él también debe alejarse. Asegura a su hija contra su pecho, busca una rama gruesa que usará como bastón y empieza a caminar. Con dificultad, pero se esfuerza para que el dolor y el cansancio no la dobleguen.
Debe llegar a terreno bajo, pero tiene que hacerlo por las laderas. El sendero no es seguro; si alguien la ve daría aviso a Víctor.
Un par de horas lleva caminando. Aún le faltan unas tres horas más para llegar al camino central. Con algo de suerte, allí encontrará un auto que la acerque al poblado.
Divisa un cultivo de cacao. No hay casas cerca. Es un cultivo alejado, por suerte para ella.
Se alimenta de algunos frutos maduros que encuentra. Por lo general, en estos lugares también hay árboles de naranja y otros frutos. Puede alimentarse; es un alivio.
Su bebé se ha ensuciado. Divisa un pequeño caño y, después de asegurarse de que no había peligro, baña a la bebé. La envuelve en la cobijita y la alimenta.
Desde temprano parecía que llovería nuevamente. Por suerte aún no ha sucedido, pero es obvio que en cualquier momento lloverá.
Aunque desea descansar, no puede detenerse. No sabe si, por buscarla, Alan pudo aliarse con Víctor. Debe seguir hasta llegar a terreno seguro.
Sigue su descenso tratando de evitar al máximo las casas y los caminos conocidos.
Por fin llega a la carretera central. Se sienta a la orilla con la esperanza de que algún vehículo pase.
Una brisa fría empieza a sentirse. Algunas gotas de agua comienzan a caer.
Lloverá. Eso es seguro.
El ruido de un camión irrumpe en la carretera.
Ella hace señas desde la orilla. El camionero se detiene, algo confundido. Se baja para ver qué sucede. Sabía que por estos lugares las mafias hacían de las suyas, así que se apresura a ayudarla a subir a la cabina sin hacer preguntas. Ya después las haría.
Pobre chica… se ve muy mal, pensó el camionero.
Luego de ponerse en marcha, le preguntó:
—¿A dónde quieres llegar?
—No lo sé… lo más lejos que pueda.
—Entiendo. No entraré al poblado. Tengo una desviación pasando por un costado; me dirijo a la ciudad. Llevo un cargamento de caña de azúcar. Llegaremos casi a las ocho de la noche. El camión está pesado y no puedo acelerar mucho, pero si deseas puedo entrar al poblado y dejarte allí.
—¡No! ¡No! Llévame lo más lejos de este infierno.
—¿Huyes de la mafia?
—Sí… —respondió ella, llorando mientras observaba a su hija.
—Te ayudaré, aunque esto también sea un riesgo para mí. Ha empezado a llover y deben descansar. ¿Ves esa ventanilla detrás de tu asiento?
—Sí.
—Reduciré la velocidad. Abres la pequeña puerta; es el tráiler de descanso. Hay un colchón cómodo. A un costado hay cobijas. Puedes usarlas para envolver a la bebé. También hay refrescos y galletas que compré en un poblado atrás. Come y descansa.
Hizo una pausa y continuó:
—Esperemos que siga lloviendo. Así no encontraremos retenes. Si estás huyendo, deben estar buscándote como aguja en un pajar. Pasando la desviación, la carretera es difícil, pero estaremos a salvo en los peñascos. Allí no hacen retenes. No te asustes por las sacudidas y no salgas si no te lo pido. Es importante.
La joven asintió e hizo tal como él le indicó.
Dobló una cobija varias veces y acostó a la bebé sobre ella, para que si se orinaba no mojara el colchón. Comió algunas galletas, bebió un refresco y se acostó al lado de su hija.
Se quedó profundamente dormida.
Una niña sale de los cafetales con un vestido nuevo. Ya no hay ruidos. Camina despacio hasta divisar el patio.
Qué horror.
Los cuerpos de toda su familia estaban allí.
Según tenía entendido, al día siguiente viajaría al poblado para quedarse allí, así que sus familiares se habían reunido para despedirse en la hacienda: sus abuelos, sus tíos, sus primos, sus hermanos… sus padres.
Todos estaban muertos.
Cubiertos de sangre.
Y en pedazos.
La niña se arrodilló frente a un charco de sangre. Ni siquiera podía llorar. Estaba en estado de shock.
No sabía cuánto tiempo había pasado de rodillas cuando las aves empezaron a volar con prisa. Eso solo significaba una cosa: alguien se acercaba.
Se levantó y corrió hacia los cafetales donde se había escondido.
Se escuchaban pasos por todos lados.
Se acurrucó.
Alguien tocó su hombro.
No entendía bien lo que le decía. Se dio la vuelta y un joven la tomó de la mano y gritó:
—¡Alguien sobrevivió!
Otros llegaron corriendo.
Otro joven, alto, le preguntó:
—¿Cuál es tu nombre?
La niña respondió:
—Shelsy… Shelsy Ereu.
Entonces las lágrimas comenzaron a caer sin detenerse.
El joven que la sujetaba de la mano le dijo:
—No te preocupes. Vendrás con nosotros. Estarás bien. Te cuidaremos.
Luego se vio frente a un gran agujero. Ella solo lloraba. Hombres armados custodiaban la zona mientras otros colocaban los restos en la fosa.
Allí quedó su familia.
No tenía otra opción que seguir a esos hombres.
El joven aún la sujetaba de la mano. La miró y le dijo:
—Soy Alan… y te cuidaré con mi vida si es necesario. Te lo prometo.
La niña solo lo miró.
El llanto de la bebé la despertó.
Al moverse, su pie le dolió mucho.
Shelsy aún divagaba entre la realidad y los recuerdos de sus sueños.
Miró a la bebé. Tenía puesto un pañal.
¿Pero cómo había pasado eso?
A su lado había un paquete con comida, agua y más pañales. También una playera grande.
El camión se detuvo.
Ella se asustó.
La pequeña puerta se abrió. Era el camionero.
—No te asustes. Has dormido mucho. La bebé también. Ha estado tranquila. Son las seis de la tarde. Estamos bastante lejos del peligro. Paré en una estación hace una hora para llenar el tanque de diésel. Aproveché y compré pañales y comida. La playera es mía, puedes usarla. Faltan un par de horas más. Casi siempre antes de entrar a la ciudad hay revisión de policía. Puedes quedarte allí; te brindarán ayuda. Ahora bajaré a revisar las ruedas. Si quieres, puedes pasar a la cabina.
Ella asintió.
Comió algo, pero no mucho. Hacía rato que no iba al baño, así que solo comió sólidos. Pero su vejiga estaba llena y no podía esperar.
Salió a la cabina.
—Señor… señor.
—Sí, dígame.
—¿Me ayuda a bajar? Debo orinar.
—Está bien, pero debes hacerlo cerca del camión. No te alejes.
La ayudó a bajar. Él se retiró hacia el otro lado y esperó hasta que ella avisó.
Luego la ayudó a subir nuevamente.
Ella regresó a la cabina de descanso y le pidió que le avisara cuando llegaran al retén.
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏