Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capítulo 10
Los días comenzaron a avanzar con una rapidez inquietante.
Para Carolina, todo parecía suceder fuera de su control. Clases, tareas, compromisos… y entre todo eso, una boda que se acercaba como una fecha imposible de ignorar.
Para Benjamín, en cambio, el tiempo se medía en reuniones, decisiones y estrategias.
Cada mañana comenzaba en la empresa.
Cada noche terminaba con más responsabilidades.
Y en medio de todo…
Su padre.
—Tienes que empezar a asumir más peso —dijo Federico, mientras revisaban unos documentos en su oficina—. Esto ya no es solo una preparación.
Benjamín asintió, concentrado.
—Lo sé.
Federico lo observó con atención.
—Cuando regreses de la luna de miel… ocuparás mi puesto.
Benjamín levantó la mirada.
No había sorpresa.
Solo una aceptación fría.
—¿Tan pronto?
—Es el momento —respondió Federico con firmeza—. Solo será un fin de semana. Tu futura esposa aún va a la universidad, está en su tercer año de administración. No puede alejarse mucho tiempo.
Benjamín apoyó los codos sobre el escritorio.
—Entiendo.
Federico sonrió levemente.
—Hicimos un negocio redondo.
Esa frase quedó flotando en el aire.
—Adquirimos la empresa… —continuó— y también a esa muchacha.
Benjamín no reaccionó.
Pero algo en su expresión se tensó apenas.
—Según investigué —añadió Federico—, tiene el mejor promedio. Será un excelente elemento dentro de está empresa.
Silencio.
—No es solo una cara bonita —concluyó.
Benjamín desvió la mirada hacia la ventana.
No le gustaba cómo sonaba eso.
Pero no dijo nada.
Porque en el fondo…
Sabía que, para su padre, todo era negocios.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Los días siguieron pasando.
Las invitaciones fueron enviadas.
El lugar estaba listo.
La decoración elegida.
El menú aprobado.
Cada detalle perfectamente calculado.
El vestido de novia.
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El atelier estaba lleno de luz natural. Elegante, delicado…
Carolina se encontraba de pie frente al espejo, mientras la modista ajustaba los últimos detalles del vestido.
Dalia observaba con una sonrisa serena.
—Es perfecto —dijo.
Esmeralda, a su lado, tenía los ojos brillantes.
—No… es más que perfecto.
Carolina se miraba en silencio.
El vestido caía con elegancia, abrazando su figura con una delicadeza que parecía hecha a su medida… porque lo estaba.
Pero algo dentro de ella…
No terminaba de encajar.
—Gira un poco, querida —indicó Dalia.
Carolina obedeció.
El vestido se movió con gracia.
—Es exactamente lo que imaginé —añadió Dalia, satisfecha.
—Yo no me la imaginaba así… —intervino Macarena desde el fondo, con los brazos cruzados.
Su tono no era amable.
—Pero supongo que para alguien como ella… es suficiente.
El ambiente se tensó ligeramente.
Esmeralda frunció el ceño.
—Pues a mí me parece que está espectacular.
Macarena alzó una ceja.
—Claro… tú eres su amiga.
—Y tú su futura cuñada —respondió Esmeralda sin dudar—. Deberías cambiar de actitud.
El silencio se volvió incómodo.
Kendra, sentada cerca, observaba la escena con aparente neutralidad.
—El vestido es elegante —intervino, suavizando el momento—. Muy adecuado para la imagen que queremos proyectar.
Carolina la miró un segundo.
No sabía exactamente por qué…
Pero algo en ella le generaba incomodidad.
Dalia intervino con calma.
—Lo importante es que Carolina se sienta bien.
Todas las miradas se dirigieron a ella.
Carolina sostuvo su reflejo.
—Sí… me gusta.
Y no era del todo mentira.
Pero tampoco era toda la verdad.
La modista terminó los últimos ajustes.
—Está listo.
Dalia sonrió.
—Entonces… ya no falta nada.
Carolina sintió un escalofrío.
Nada.
Esa palabra pesó más de lo que debería.
Porque significaba…
Que no había vuelta atrás.
......................
Mientras se cambiaba, Esmeralda se acercó.
—¿Estás bien?
Carolina asintió, aunque dudó un segundo.
—Sí…
—No me mientas.
Carolina suspiró.
—Es demasiado… todo.
Esmeralda tomó su mano.
—Pero no estás sola.
Carolina sonrió levemente.
—Lo sé.
Al salir nuevamente, el ambiente se había relajado.
Macarena hablaba con Kendra en voz baja.
Dalia revisaba unos detalles con la modista.
Y por un instante…
Todo parecía normal.
Como si no hubiera tensión.
Como si no hubiera secretos.
Como si no hubiera un acuerdo detrás de todo.
Pero Carolina sabía la verdad.
Y aun así…
Seguía adelante.
Paso a paso.
Día a día.
Hacia una boda que ya no podía detener.
Y hacia un hombre…
Que cada vez entendía menos.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La cena previa a la boda se celebraba en el elegante comedor de la residencia Rossi, donde cada detalle —desde la vajilla de porcelana hasta la iluminación tenue— estaba cuidadosamente dispuesto para proyectar perfección. Faltaban solo dos días. Dos días para un “sí” que cambiaría demasiadas vidas.
Carolina tomó asiento junto a su padre, con Emely a su otro lado y Esmeralda cerca, observando todo con curiosida. El ambiente era cordial… pero cargado. Las sonrisas parecían ensayadas, las palabras medidas.
—Es un placer tenerlos aquí —dijo Dalia con su habitual calidez, intentando suavizar la tensión—. Quería que compartiéramos una velada tranquila antes de la boda.
—Lo agradecemos mucho —respondió Rodolfo, con respeto, aunque su postura reflejaba cierta rigidez.
Federico, en la cabecera, asentía en silencio, como si todo formara parte de un plan perfectamente ejecutado.
Durante la cena, Daniel dirigió la conversación hacia Esmeralda.
—Carolina me dijo que estudias administración —comentó, con interés genuino.
Esmeralda asintió, tratando de mantener la compostura.
—Sí… aunque creo que tú tienes ventaja por experiencia.
Daniel sonrió.
—Siempre se aprende algo nuevo.
La complicidad entre ambos era evidente, sutil pero creciente. Carolina lo notó y no pudo evitar una leve sonrisa.
A unos asientos de distancia, Paul no apartaba la mirada de Macarena. Ella, impecable como siempre, fingía indiferencia mientras jugaba con su copa, pero cada tanto sus ojos se encontraban con los de él. Breves, intensos… peligrosos.
Kendra, sentada junto a Macarena, observaba en silencio. Su postura era perfecta, su expresión serena… pero sus ojos revelaban algo más oscuro. Cada gesto, cada risa, cada acercamiento entre Carolina y Benjamín le resultaba insoportable.
Levantó su copa con elegancia.
—La organización ha sido impecable —comentó, con su tono profesional—. Sin duda será un evento memorable.
Dalia asintió.
—Eso esperamos.
Carolina percibió algo en su voz.
Una frialdad disfrazada.
Y por un instante… sintió incomodidad.
Benjamín, sentado frente a ella, apenas participaba. Observaba, analizaba… y de vez en cuando, sus ojos se encontraban con los de Carolina. No había palabras, pero sí algo más.
Algo que ninguno terminaba de entender.
La cena continuó entre brindis, conversaciones y apariencias bien construidas.
Pero bajo la superficie…
Había tensiones.
Deseos ocultos.
Y sentimientos que amenazaban con salir a la luz.
Y aun así…
Todo debía parecer perfecto.
Aunque ninguno de ellos estuviera realmente preparado para lo que vendría.
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia