Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 20
El viento se hacía más frío, pero, no podían detenerse, necesitaban regresar al campamento lo más pronto posible. Pero, no les sería tan fácil cuando un ataque sorpresa los obligo a bajar de sus caballos y buscar refugio tras las rocas y árboles, ya que era una lluvia de flechas que derribo a tres de sus guardias. No fueron heridos de muerte, pero estaban fuera de combate.
Entonces, aquellos atacantes al ver que ya tenían ventaja se revelaron y empezó una batalla feroz, Lin, quien aun la herida sin sanar, no dudo en tomar una espada y luchar. Su agilidad para enfrentarse a cinco hombres a la vez demostraba el porque, era conocida como la General más poderosa del Imperio. Xen se aseguraba de respaldarla, pues también era un hábil guerrero. Aunque la batalla se intensificó, esta se vio interrumpida por la repentina oleada de nieve, una tormenta repentina que obligo a los bandidos a huir en busca de un refugio. Xen, sosteniendo con firmeza la mano de Lin, la guio a través de la cortina nieve hasta que encontraron la boca de una cueva oculta entre los riscos.
Dentro, el silencio solo era roto por el silbido del viento afuera. No había rastro de sus guardias; la montaña se los había tragado en la blancura. Xen encendió una pequeña fogata con restos de madera seca que hallaron en el fondo, y el resplandor naranja comenzó a calentar la cueva.
Lin, temblando por el frío y la fatiga, se sentó cerca del fuego. El silencio entre ellos se volvió pesado. Xen la observó, su rostro iluminado por las llamas, y finalmente, decidió hablar, si no lo hacía ahora, no lo haría nunca.
—Lin... —su voz sonó ronca— He pasado años, pero, he pensado al respecto sobre lo que me has dicho, sobre aquella mujer que crees que amo...
Ella levantó la vista, confundida.
—Siempre has creído que mi corazón le pertenecía a otra —continuó Xen, acercándose— Pero la verdad es que la mujer que he amado desde el primer instante has sido siempre tú. Cuando éramos niños y nos presentaron, eras solo una pequeña. Pero cuando te vi años después, convertida en una adolescente en los jardines del palacio, quedé cautivado. No te reconocí, habías cambiado tanto... Pregunté por tu nombre a una doncella, y por error o confusión, me dio otro nombre.
Lin se quedó inmóvil, escuchando cada palabra como si fuera un sueño.
—Cuando mi madre me recordaba que debía casarme con la hija de los Xie , me enfurecía —confesó él con una sonrisa amarga— Pensaba que me ataban a una desconocida mientras mi corazón buscaba a la joven del jardín. No fue hasta después de nuestro trato, hasta que te vi en el campo de entrenamiento que me di cuenta que eras tú esa joven del jardín. Siempre has sido tú. Intenté decírtelo tantas veces, pero siempre me rechazabas, siempre ponías tu espada y tu indiferencia entre nosotros.
Lin sintió que un nudo se deshacía en su garganta. Se sintió tonta, casi infantil, por haber construido un muro de resentimiento basado en una mentira. Si tan solo hubiera escuchado años atrás, si no hubiera dejado que su orgullo de guerrera la cegara, quizás las cosas serían distintas.
—Yo... pensé que me despreciabas —susurró ella, bajando la mirada— Nuestro matrimonio fue solo una unión política, yo jamás quise casarme, pero creí que al menos podríamos intentar llevarnos bien, y entonces te escuche discutir con tu madre, te escuche jurar hacer mi vida un infierno, y entonces lo decidí, que no me quedaría atrapada en un matrimonio donde era odiada y aproveche la oportunidad para hacer un trato...el resto, ya lo sabes...
Xen se arrodilló frente a ella, tomando su rostro entre sus manos. Sus dedos estaban calientes a pesar del frío exterior.
—Nunca fuiste una obligación. Fuiste mi único deseo, y parece que sin saberlo, yo mismo lo arruine.—
El corazón de Lin, usualmente de piedra ante la batalla, se ablandó por completo. En la penumbra de la cueva, rodeados por la tormenta, Lin permitió que Xen acortara la distancia. El beso comenzó con timidez, una súplica de perdón, pero pronto se transformó en una llama de pasión contenida durante años.
Los besos no eran suficientes, y Lin, dejándose llevar por el momento, permitió que Xen la despojara de su ropa, lentamente las prendas fueron cayendo a un lado, mientras el Emperador besaba cada parte de su piel a su alcance, cuello, hombros, clavícula. Hasta deslizar sus manos en la cintura de la joven General, mientras sus labios saborean esos firmes sen*s, uno a uno, los muerde, chupa y lame, escuchando el suave jadeo de Lin ante sus atenciones.
Finalmente la recostó sobre su capa y sin dejar de besar su piel, dirigió su diestra entre las piernas de Lin, acariciando con los dedos aquellos suaves pliegues que hicieron estremecer a la General, y a diferencia de aquellas noches en donde la entrega era solo por deber, ahora, lo estaba sintiendo, el verdadero placer de aquel acto.
Xen no tardo en despojarse también de sus ropas, dejando al descubierto su creciente dureza. Lin aun recostada, observo aquella parte de su cuerpo, esa que antes no se atrevió a mirar. Sus ojos subieron, observando cada parte del cuerpo del Emperador, sin duda era un hombre con un físico increíble, prueba de que no solo era el gobernante del Imperio, también era un guerrero excepcional.
Xen sostiene las manos de Lin y le hace tocar su pecho. Lin en ese momento puede sentir el palpitar desesperado del corazón de Xen.
Y este, solo se inclina tras soltar sus manos para acomodarse entre las piernas de la chica.
—si quieres que me detenga, solo pídelo...—
Lin negó, no quería detenerse. Y ante este permiso, Xen dio el siguiente paso, empujando su dureza al interior de la joven, lo hacía con cuidado, observando las reacciones de Lin, quien inclina la cabeza hacía atrás soltando un par de jadeos con las manos apretando la tela de la capa.
Al estar ya por completo dentro, Xen inicio un lento vaivén, mientras deja salir un par de suspiros al sentir como el placer recorre su cuerpo. Lin estaba igual, jadeando ante cada estocada, que se hacían más bruscas, mas profundas y mas placenteras. La respiración de ambos se agitaba, el placer hacía estremecer sus cuerpos hasta que alcanzar el clímax. Lin sintió su cuerpo temblar de placer, nunca imaginó que aquel acto podría ser verdaderamente placentero. Xen la abraza contra su pecho tras acomodarse a su lado, y la cubre con túnica para que sus cuerpos puedan permanecer cálidos en aquella noche fría.
...
Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/