Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Libros 2
Regina creyó que con eso… el tema había terminado.
Había sido clara.
Directa.
Incluso… personal.
Lo suficiente como para que cualquiera diera un paso atrás.
Pero Nelson no lo hizo.
Al contrario.
Pareció… más interesado.
Se movió ligeramente, apoyándose con más comodidad cerca de la estantería, con el libro aún en la mano, como si la conversación fuera ahora más importante que cualquier lectura.
—Entonces, si no cree en el amor…
Hizo una breve pausa.
Sus ojos se posaron en ella con atención real.
—¿Cómo explica esa emoción de estar frente a alguien… especial?
La palabra quedó en el aire.
Suave.
Pero precisa.
Regina sintió el golpe de la pregunta.
No por lo que decía.
Sino por lo que implicaba.
Y aun así…
Respondió sin dudar.
—Son emociones momentáneas.
Su tono fue inmediato.
Casi automático.
—Reacciones físicas. Atracción, curiosidad… incluso interés. Nada más.
Lo desarmó en partes.
Lo redujo.
Lo volvió manejable.
—Pero no duran.. Desaparecen.
Nelson la escuchó.
Sin interrumpir.
Sin negar.
Pero tampoco… convencido.
—Quizás.. así es como empiezan las relaciones verdaderas.
No lo afirmó con arrogancia.
Ni con romanticismo exagerado.
Lo dijo… como una posibilidad.
Regina lo miró.
Y esta vez…
No hubo pausa.
No hubo duda.
Negó. De inmediato.
Incrédula.
—No.
La respuesta fue clara.
Firme.
Casi tajante.
—Eso es lo que las personas creen para justificarse.
Su mirada era directa ahora.
Segura.
—Confunden una reacción momentánea con algo más grande… y construyen sobre eso.
Hizo un pequeño gesto con la mano, como si desestimara la idea.
—Pero no es sólido.
Nelson inclinó ligeramente la cabeza.
Observándola.
Analizando.
—¿Y si lo fuera?
La pregunta fue tranquila.
Pero insistente.
Regina frunció apenas el ceño.
—No lo es.
No dejó espacio.
No dejó grietas.
—Porque si lo fuera… no terminaría.
El silencio volvió.
Más corto esta vez.
Pero más cargado.
Y Nelson, en lugar de retroceder…
Sonrió apenas.
No burlón.
No provocador.
Sino… intrigado.
Como si cada respuesta de Regina no cerrara la conversación…
Sino que la volviera más interesante.
—Entonces, para usted… todo lo que empieza con emoción está condenado a fallar.
Regina sostuvo su mirada.
—Sí.
Sin vacilar.
Y ahí estaban.
Dos formas de ver el mundo.
Frente a frente.
Sin moverse.
Sin ceder.
Pero había algo que Regina no estaba considerando.
Algo que Nelson sí.
Porque mientras ella hablaba de teorías…
De lógica…
De experiencias pasadas…
Él estaba observando algo más.
Algo presente.
Algo actual.
Algo… entre ellos.
Y, por primera vez en toda la conversación…
No parecía estar intentando convencerla.
Sino entender…
Por qué, si todo lo que decía era tan firme…
Había momentos en los que ella misma…
No parecía tan segura de ello.
Nelson no retrocedió.
Ni un paso.
Al contrario… se acercó.
No de forma brusca.
No invadiendo.
Pero sí lo suficiente para que Regina notara la distancia reduciéndose otra vez.
Ese espacio que ella intentaba mantener… desapareciendo poco a poco.
—Por mis negocios, he conocido a muchas personas.
Su voz era tranquila, casi conversacional.
—Duques, condes… incluso reyes y emperadores.
Hizo una leve pausa.
—Y también a sus esposas.
Regina lo miró.
Atenta.
Aunque no quería.
—He visto parejas.. que se aman. Que se respetan.
No lo dijo como una fantasía.
Lo dijo como alguien que lo ha observado.
—Décadas juntos.
Sin escándalos.
in rumores.
Sin esa destrucción que usted describe.
Regina no tardó en responder.
—Eso es lo que muestran.
Su tono fue inmediato.
Seguro.
—La imagen pública.
Sus ojos se afilaron levemente.
—Nadie sabe lo que ocurre dentro de una habitación cerrada.
El argumento fue preciso.
Como siempre.
Nelson la observó unos segundos.
Y entonces…
Sonrió.
No con burla.
Pero sí con un dejo de diversión suave.
—Parece que tiene una respuesta para todo.
Regina no se sintió halagada.
Ni orgullosa.
Solo… firme.
—No es así —respondió.
Y por primera vez, su voz bajó apenas.
No en inseguridad.
Sino en honestidad.
—Solo…
Hizo una pequeña pausa.
Como si ordenara las palabras con más cuidado que antes.
—Solo creo que dejar fuera el romance de mi vida…
Sus dedos se tensaron ligeramente sobre el libro que aún sostenía.
—…es la idea más lógica y sensata que tengo.
No sonó fría.
No completamente.
Porque, aunque lo dijo con convicción…
Había algo más.
Algo que Nelson percibió de inmediato.
No era solo lógica.
Era… decisión.
Una elección tomada después de haber considerado el costo.
El silencio se instaló entre ellos.
Pero esta vez…
No era tenso.
Era… profundo.
Nelson dejó de sonreír.
No porque hubiera perdido interés.
Sino porque ahora la miraba de otra forma.
Más seria.
Más atenta.
Como si entendiera que no estaba frente a alguien que simplemente rechazaba el amor…
Sino frente a alguien que lo había evaluado…
Y había decidido que no valía la pena.
Y eso…
Le resultó aún más interesante.
Regina, por su parte, sostuvo su postura.
No retrocedió.
No se movió.
Porque, en su mente, todo seguía siendo claro.
Esto era lo correcto.
Esto era lo seguro.
Esto era lo que la protegería.
Pero lo que no dijo…
Lo que no admitió…
Ni siquiera para sí misma…
Fue que, si realmente fuera tan sencillo…
No estaría justificándolo en voz alta.
Una y otra vez.