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EL LEGADO DE LA AMBICIÓN

EL LEGADO DE LA AMBICIÓN

Status: En proceso
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Paulina Yolanda Olivares Carrasco

El Legado de la Ambición En la cúspide del éxito corporativo, los apellidos no son solo nombres; son sentencias. Samantha San Lorenzo ha pasado su vida bajo el escrutinio de una familia que valora la perfección por encima de la libertad. Su mundo de porcelana se agrieta cuando colisiona con Vladimir Musk, un hombre cuya visión del futuro es tan audaz como peligrosa. Lo que comienza como una rivalidad por el control de un imperio se transforma en una atracción prohibida que desafía toda lógica. Entre juntas de accionistas y secretos que podrían hundir industrias enteras, Samantha y Vladimir descubrirán que, en el juego del poder, el corazón es el único activo que no pueden permitirse perder. Una historia de redención, deseo y la lucha por escribir su propio destino.

NovelToon tiene autorización de Paulina Yolanda Olivares Carrasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

La Fortaleza de Cristal

POV: Vladimir Musk

Aterrizamos en la pista privada de Isla Aegis justo cuando el amanecer empezaba a teñir el Caribe de un naranja sangriento. Samantha salió del jet con la cabeza alta, a pesar de que llevaba el mismo vestido de ayer, ahora arrugado y manchado de la realidad del viaje. Su resistencia física empezaba a igualar su resistencia mental.

La casa en la isla era una maravilla de la ingeniería moderna: vidrio templado, hormigón pulido y madera de teca, integrada de tal forma en los acantilados que parecía nacer de la propia roca. Era mi santuario de lógica, un lugar donde el caos del mundo exterior no tenía permitido entrar.

—Bienvenida a casa, Samantha —dije, mientras el personal (todos con contratos de confidencialidad de hierro) se encargaba del equipaje—. O al menos, a tu hogar durante las próximas dos semanas.

Ella caminó hacia el borde de la terraza infinita, mirando el océano que se extendía sin fin. El viento marino agitaba su cabello castaño, soltando los últimos restos del peinado de novia. Parecía una náufraga de lujo.

—Es una prisión hermosa, Vladimir —dijo ella, sin girarse—. ¿También has instalado sensores de movimiento en mi habitación para monitorizar mi ritmo cardíaco?

—Solo en las áreas comunes —respondí con una media sonrisa, disfrutando de su sarcasmo—. Me gusta saber dónde están mis activos más valiosos.

Caminé hacia ella y me detuve a su lado. El contraste era absoluto: ella, la heredera de la tradición, el encaje y el protocolo; yo, el arquitecto de la disrupción y el acero. Pero allí, aislados del ruido de las juntas de accionistas, la atracción que había estado tratando de racionalizar como "simple curiosidad biológica" se volvió difícil de ignorar.

—Tus habitaciones están en el ala este. Tienen vista al amanecer. Las mías están en el ala oeste. No tenemos por qué cruzarnos a menos que sea para cenar... o si decides que quieres ejercer tus deberes matrimoniales —solté la provocación, esperando verla estallar.

Ella se giró lentamente. No hubo ira, solo una frialdad soberana.

—Mis "deberes", como tú los llamas, terminaron en el altar cuando dije que sí. El resto de mi vida no está en venta, ni siquiera por el 22% de las acciones. Si quieres una mujer en tu cama, Vladimir, estoy segura de que tienes una lista de modelos que estarían encantadas de ocupar el puesto. Yo estoy aquí por el negocio. Nada más.

—El negocio requiere un heredero, Samantha. El contrato lo estipula en la página 142. Un sucesor que una ambos linajes.

Vi cómo sus pupilas se dilataban. Ese era el punto débil. El control sobre su propio futuro biológico.

—Página 142 —repitió ella, con una voz que temblaba de furia contenida—. Eres un monstruo, Vladimir. No ves personas, solo ves legados y proyecciones a largo plazo.

—Soy un hombre pragmático. Y tú eres una mujer que sabe que, sin ese heredero, la fusión Musk-San Lorenzo será devorada por los lobos en cuanto nosotros faltemos. No te pido amor. Te pido una alianza genética.

Me acerqué un paso más, lo suficiente para sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Samantha no retrocedió. Se quedó allí, desafiándome con la mirada, aunque pude notar el pulso acelerado en su cuello. Por un momento, el silencio fue tan pesado que el sonido de las olas rompiendo contra el acantilado pareció una explosión.

—Tómate tu tiempo —dije, mi voz volviéndose baja y ronca—. Tenemos dos semanas. Y yo siempre obtengo lo que está estipulado en mis contratos.

La dejé sola en la terraza. Sabía que estaba jugando con fuego, pero en mi mundo, el fuego era solo otra forma de energía que podía ser canalizada. Lo que no esperaba era que el incendio empezara en mi propio pecho cada vez que ella me miraba con ese odio tan puro.

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