Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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Lo que no recuerda… y lo que sì
Fue al armario. Tomó lo primero que encontró y regresó.
Apartó las mantas.
Sus manos vacilaron.
—Esto es… inapropiado…
Apartó las mantas.
El calor que emanó de su cuerpo lo envolvió como una ola sofocante.
Tragó saliva.
—Lo haré rápido.
Cerró los ojos.
Buscó los lazos del camisón mojado. La tela estaba pegada a su piel. Tuvo que despegarla con cuidado.
Sus dedos rozaron su hombro.
Ella se estremeció.
—Lo siento…
Retiró la prenda mojada con la mayor delicadeza posible, evitando cualquier contacto innecesario… o eso intentaba.
Sus manos temblaban.
Al acomodarlo, tocó su cintura.
Se quedó quieto.
Ella se movió y apoyó la frente contra su pecho.
—No te vayas…
Su corazón dio un golpe fuerte.
Terminó de vestirla rápido y abrió los ojos.
Se congeló.
El camisón era de una tela finísima.
Casi translúcido bajo la luz tenue de la lámpara.
Se quedó paralizado.
La silueta de su cuerpo se insinuaba con una claridad peligrosamente hermosa. La tela se pegaba a su piel aún húmeda, delineando cada curva sin pudor alguno.
Apartó la mirada como si quemara.
—…¿Qué demonios…?
Su mandíbula se tensó.
—Elegí… esto…
Era, sin duda, inapropiado.
Pero no se movió.
Porque ella volvió a aferrarse a su camisa, atrayéndolo hacia sí.
Su rostro quedó a escasos centímetros del suyo.
El calor de su aliento lo envolvió.
—Quédate…
Sus dedos se cerraron con fuerza, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.
Él apoyó una mano a cada lado de su cuerpo, inclinándose sin darse cuenta.
Demasiado cerca.
Podía sentir el calor de su piel sin necesidad de tocarla.
—Solo hasta que te duermas —murmuró, con la voz baja, ronca.
Ella abrió los ojos apenas.
—Eres un problema… —susurró, casi con resignación.
Ella suspiró, acomodándose contra él con total confianza.
Raeliana abrió los ojos con lentitud.
La habitación estaba en silencio, envuelta en la luz suave de la mañana. El aire olía a limpio… a calma después de algo que no recordaba del todo.
A su lado, Noah permanecía sentado en una silla, inclinado hacia adelante, los codos sobre las rodillas. Tenía el ceño fruncido y sombras de cansancio bajo los ojos.
—¿Se siente mejor?
💭Raeliana.-¿Se quedó… toda la noche?
—Sí…
Raeliana:Gracias por cuidarme.
Noah sostuvo su mirada unos segundos. Su expresión no cambió.
—Era lo mínimo.
💭 Noah: Ni siquiera lo recuerda…
Ella sonrió débilmente.
Raeliana—Debí causarle muchos problemas.
—Sí —respondió, sin suavizarlo.
El silencio cayó pesado entre ambos.
Raeliana parpadeó, desconcertada.
💭 ¿Por qué su voz suena… molesta?
Más tarde, sentada junto a la ventana con una taza de té entre las manos, fragmentos borrosos comenzaron a agitarse en su mente.
Calor.
Un brazo rodeándola con firmeza.
Una voz muy cerca… demasiado cerca.
Algo suave rozando sus labios.
Raeliana se llevó los dedos a la boca, confundida.
💭 ¿Soñé eso…?
La puerta se abrió.
Noah entró.
Sin saber por qué, su cuerpo se tensó.
—Buenos días.
—Buenos días, Raeliana
💭 Raeliana: ¿Por qué… me late tan rápido el corazón?
Un hombre alto y elegante irrumpió poco después, con una sonrisa fácil y una seguridad que llenó la habitación.
—Así que usted es la famosa prometida.
Tomó su mano sin pedir permiso y besó sus nudillos con naturalidad.
—Encantado. Marqués Lucien.
El rubor subió de inmediato al rostro de Raeliana.
—E-el honor es mío.
Una presencia fría apareció detrás de ella.
—Lucien.
La voz de Noah fue baja. Cortante.
El marqués no soltó su mano. Sonrió con descaro.
—Relájate. Solo saludo a la futura duquesa.
💭 Noah: Suéltala.
—Es mucho más encantadora de lo que dijiste.
Raeliana parpadeó, sorprendida.
—¿El duque habló de mí?
—Oh, bastante.
Noah dio un paso al frente.
—No de la forma que insinúa.
Lucien soltó una risa divertida.
—Qué serio. No me digas que ya te encariñaste.
Silencio.
💭 Raeliana: ¿Encariñarse…?