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La Promesa Del Brujo

La Promesa Del Brujo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Pareja destinada / Brujas / Amor en la guerra / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Ella no recuerda nada. Él no puede olvidar. Atados por una maldición que los obliga a renacer para perderse, Rose y Dagmar se encuentran de nuevo en el siglo XXI. Él es un brujo que desafía las leyes de la magia; ella, una estudiante de arte que ignora su pasado real. ¿Podrá esta vez, Dagmar cambiar el destino?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Al cabo de la montaña

—¿Te gusta vivir aquí, Rose? —preguntó él de repente, devolviéndome el interrogatorio—. ¿Siempre has vivido en estas tierras?

—La verdad es que no. Mis tías y yo siempre hemos ido y venido de diferentes ciudades. Nos establecemos poco tiempo en un mismo sitio. Es como si estuviéramos en una mudanza perpetua. Pero cuando empecé la universidad, las obligué a estancarnos un poco aquí. Necesitaba estabilidad.

—¿Por qué motivo se mudan tanto? Debe ser agotador no tener raíces.

—Mis tías son... especiales. Una especie de gitanas modernas, supongo. Siempre encuentran la excusa perfecta para irnos: el clima, el costo de vida, una oportunidad de trabajo imaginaria. Por mí no sería así, yo preferiría pertenecer a algún lugar.

—¿Y tus padres? —La pregunta fue suave, casi un susurro.

—Fallecieron cuando era muy pequeña —respondí, y una sombra de tristeza me nubló la vista—. Mis tías son lo único que tengo. Aunque a veces siento que me cuidan de algo que no existe.

Hice una pausa, sintiendo que me estaba abriendo demasiado con un extraño.

—¿Puedo preguntar algo yo? Ya que parece que estoy en un interrogatorio oficial... ¿Qué edad tienes? Te ves joven, pero tu personalidad... no sé, parece mucho más mayor.

Dagmar guardó silencio un momento, como si estuviera calculando una cifra difícil.

—Digamos que treinta —respondió finalmente.

—¿"Digamos"? —me reí, una risa nerviosa—. ¿No sabes cuántos años tienes?

—Es un decir —repuso él, y por un momento me pareció que había una sombra de siglos tras esa respuesta—. Es la edad que represento en este tiempo.

—Qué extraño eres. ¿Y a qué te dedicas cuando no estás tomando agua en mi café?

—Poseo una empresa internacional de bienes y raíces. Me permite moverme por el mundo sin dar demasiadas explicaciones.

—¿Y tu familia? ¿Están aquí contigo?

Su rostro se endureció instantáneamente. La mandíbula se le tensó y el aura de respeto que siempre lo rodeaba se volvió casi cortante.

—No guardo relación con ellos. Problemas familiares irreparables que se remontan a mucho tiempo atrás. Estoy solo en esto.

—Lo siento —dije con sinceridad—. No quería incomodarte.

Miré mi reloj: eran casi las seis. La luz del sol había desaparecido por completo y solo quedaba el resplandor de la fogata. Busqué a Leslie con la mirada; seguía absorta en su conversación, riendo y tocando el brazo del chico de arquitectura. Le hice señas desesperadas, pero ella solo me levantó un dedo pidiéndome "un minuto más".

Conocía perfectamente esos minutos de Leslie; se convertirían en una hora. El pánico empezó a crecer en mi pecho. Llegar más tarde de lo habitual me supondría un interrogatorio exhaustivo de Egle, y hoy no tenía energía para lidiar con sus miedos.

—Ya es hora de irme —le dije a Dagmar—. Me voy sola, le diré a Leslie que nos vemos mañana.

—Permíteme acompañarte —dijo él, dando un paso hacia mí. Al notar que yo retrocedía instintivamente, añadió con una suavidad que me desarmó—: No me tengas miedo, Rose. No soy el peligro del que intentas huir.

No sé por qué, pero a pesar del misterio que lo envolvía y de que cada una de sus palabras parecía esconder una verdad mucho más grande, acepté. Había algo en su presencia que, aunque me inquietaba, también me hacía sentir que nada malo podía pasarme mientras él estuviera cerca.

El camino hacia su auto fue silencioso. El vehículo era negro, elegante y potente, un modelo clásico que encajaba perfectamente con él. Me llevó hacia la ciudad por las carreteras sinuosas de la montaña. Durante el trayecto, noté que apenas me miraba directamente; mantenía la vista en el camino, pero sus manos apretaban el volante con una fuerza contenida.

Cuando estábamos a un par de calles de mi casa, le pedí que se detuviera.

—Aquí está bien, gracias. No quiero que mis tías nos vean llegar. Son... complicadas.

—Entiendo perfectamente —dijo él, deteniendo el motor—. La precaución es una virtud que ellas parecen haber cultivado bien.

—Gracias por traerme, Dagmar —dije, bajando del auto.

—No hay de qué. Cuando quieras, Rose. Estaré cerca.

—Hasta luego —me despedí, cerrando la puerta.

—Hasta luego... —lo escuché susurrar antes de que el motor volviera a rugir.

Caminé el resto del tramo con el corazón acelerado. Entré en casa tratando de no hacer ruido, pero al llegar al salón, las luces estaban encendidas. Mis tías no estaban allí, lo cual era un alivio, pero mientras subía las escaleras, escuché un ruido extraño proveniente de la habitación de Egle. Era como un salmo, un murmullo rítmico en un idioma que no reconocí.

Me encerré en mi cuarto, tratando de procesar la conversación con Dagmar. "Digamos que treinta", "vine a verificar algo", "el frío no me afecta". Sus palabras eran piezas de un rompecabezas que no encajaba.

Esa noche, el sueño fue más nítido que nunca.

Estábamos en una torre de piedra. Él estaba trazando un círculo en el suelo con una daga de plata. Yo llevaba un vestido blanco, largo, que se manchaba de rojo por una herida en mi costado. Él me miraba con lágrimas en los ojos.

—No te vayas, mi luz —decía él—. No otra vez.

—Búscame —le respondía yo, con mi último aliento—. Búscame en la era donde la magia sea solo un mito.

Desperté sobresaltada, pero esta vez no grité. Me quedé mirando el techo, con el corazón latiendo desbocado. Fui a la cocina por un vaso de agua, intentando calmarme, cuando vi algo sobre la mesa del comedor que no estaba allí antes.

Era una rosa pequeña, de un rojo tan oscuro que parecía negro. Estaba fresca, perfecta, rodeada de una fina capa de escarcha a pesar de que la calefacción de la casa estaba encendida. No había ninguna nota, pero el aroma a sándalo y tormenta llenaba toda la estancia.

Sentí que alguien me observaba desde las sombras del pasillo.

—¿Tía? —pregunté con voz temblorosa.

Nadie respondió, pero el frío en la habitación aumentó de repente, y supe, con una certeza aterradora, que la "nueva táctica" de Dagmar ya había comenzado.

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Laura Diaz
excelente historia
Estefaniavv: Qué bueno que le gustó 🩵🩵
total 1 replies
Estefaniavv
♥️
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