Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 17
Abrí los ojos de golpe.
La luna estaba frente a mí.
Gigante.
—¿¡QUÉ—?!
Miré hacia abajo.
Y mi corazón sintió que me iba con San Pedro.
—…no…
Una torre.
MUY abajo.
—No, no, no, NO—
—¡¡AHHHH!!
—¡¡CONCHA SU MADRE, ME VOY A MATAR!!
El aire rugía en mis oídos.
Mi cabello rosa se agitaba como loco.
Caía.
CAÍA.
—¡¿POR QUÉ ESTOY EN EL CIELO?! —grité— ¡¿DESDE CUÁNDO FUNCIONA ASÍ MI TELETRANSPORTACIÓN?!
El viento levantó mi bata.
—¡AHHHH!
—¡¡SE ME VEN LOS CALZONES!!
Intenté bajarla en plena caída.
Nos sirvió.
—¡NO PUEDO MORIR ASÍ! —grité horrorizada— ¡¡QUÉ VERGÜENZA!!
El suelo cada vez más cerca.
—¡TODO ES TU CULPA, RAMSÉS! —chillé— ¡¿POR QUÉ TUVE QUE PENSAR EN TI?!
Y entonces—
CLANG
Un sonido metálico cortó el aire.
Algo se enrolló en mi cuerpo.
—¿¡EH?!
Cadenas.
Delgadas.
Brillantes.
Se enroscaron alrededor de mí con precisión perfecta.
Mi caída se detuvo en seco.
—…¿QUÉ?
Y antes de que pudiera procesarlo—
me jalaron.
Directo.
A la torre.
—¡¡AHHH OTRA VEZ NOOO—!!
Fui arrastrada sin dignidad alguna hasta el balcón.
Y entonces lo vi.
Ramsés.
De pie.
Apoyado en el barandal.
Mirándome.
Como si hubiera estado esperando este momento.
Como si todo esto… hubiera sido su plan desde el inicio.
Sonriendo.
Lento.
Satisfecho.
Peligroso.
Peligrosamente atractivo.
Las cadenas me soltaron justo cuando llegué—
—¡AH!
Y él avanzó.
Sin prisa.
Como si yo no estuviera a punto de estamparme contra el suelo.
Me atrapó.
Directo contra su pecho.
Firme.
Musculoso.
Seguro.
Como si nunca hubiera habido peligro.
Como si siempre hubiera sabido que iba a caer… justo ahí.
Entonces me bajó con cuidado al suelo.
Mirándome como un depredador que ve a su presa.
Mis pies apenas tocaron firme cuando su mano se deslizó hacia mi cintura… y me atrajo de nuevo hacia él.
Sin darme tiempo a reaccionar.
Mis manos quedaron apoyadas sobre su pecho.
Firme.
Cálido.
Demasiado firme.
Mi rostro también quedó cerca… demasiado cerca.
Y entonces—
mis dedos se movieron.
Apenas.
Inconscientemente.
Como si quisieran comprobar que era real.
…Dios…
Tragué saliva.
—…pero qué— —murmuré por lo bajo, completamente roja—.
Mis pensamientos se descontrolaron.
¡PERO QUE CHICHOTAAAAASS!
¡AHHH!
¡VIEJO SABROSO!
¡ESTO DEBERÍA SER ILEGAL!
—¿Te gusta lo que tocas? —dijo él.
Su voz.
Grave.
Baja.
Peligrosamente cercana.
Antes de que pudiera apartarme, tomó mi barbilla con suavidad… obligándome a alzar el rostro.
Y verlo.
De cerca.
Demasiado cerca.
Mi corazón se disparó.
Mi respiración se volvió torpe.
—Yo no— —intenté hablar, pero mi voz me traicionó—.
Sus ojos dorados no se apartaron de los míos.
Como si ya supiera la respuesta.
Como si la estuviera disfrutando.
Y entonces—
se inclinó.
El tiempo pareció detenerse.
Y me besó.
No fue un beso suave.
Fue firme.
Seguro.
Super Ardiente.
Como todo en él.
Como si no dudara.
Como si ya me hubiera elegido.
Mi mente se quedó en blanco.
Mis manos, que segundos antes no sabían dónde ponerse, terminaron aferrándose a él.
A su pecho.
A sus abdominales.
A su ropa.
A su calor.
A su presencia.
Sin darme cuenta, me levantó.
Mis piernas reaccionaron por instinto, rodeándolo.
Pero que quede claro que fue por miedo no por la exitacion emergente.
Y cuando me apoyó contra el barandal…
la luna quedó justo detrás de él.
Iluminándolo.
Volviéndolo aún más irreal.
Aún más peligroso.
El beso se volvió más profundo.
Más ardiente y salvaje.
Más exigente.
Más imposible de ignorar.
Perdí el ritmo.
Perdí el aire.
Perdí… el control.
—Ramsés… —apenas logré susurrar contra sus labios.
Pero él no se detuvo.
Y en ese instante…
ya no importaba la caída.
Ni la carta.
Ni el mundo.
Solo él.
Y la forma en que me hacía olvidar todo lo demás.
Pero—
Sus labios no me daban tregua.
Cada beso era más profundo que el anterior.
Más lento…
y al mismo tiempo más desesperante.
Como si estuviera probándome.
Como si disfrutara ver hasta dónde podía romperme.
Mi respiración se volvió completamente irregular.
No lograba seguirle el ritmo.
No podía.
Y aún así…
no quería que se detuviera.
Mis manos subieron desde su pecho casi por instinto… hasta su cabello.
Lo sujeté.
Fuerte.
Sin pensar.
Como si necesitara anclarme a algo… o más bien perderme más.
Él reaccionó.
Un leve sonido grave escapó de su garganta.
Y entonces—
sus manos grandes...
Masculinas
marcadas por su venas descendieron.
Firmes.
Seguras.
Desde mi cintura… bajaron lentamente por mis caderas…
hasta mis muslos.
El contacto fue eléctrico.
Un escalofrío violento recorrió todo mi cuerpo.
—Ah…~ —el sonido escapó sin permiso.
Mis piernas se tensaron alrededor de él.
Y eso…
solo pareció divertirlo.
¡QUE VERGÜENZA!
Sus dedos se afirmaron más, sujetándome con una facilidad insultante…
Como si ya fuera suya.
Sus labios volvieron a mi cuello.
Más lentos.
Más conscientes.
Más peligrosos.
Cada roce me hacía perder un poco más la cabeza.
—Ramsés… —intenté decir su nombre, pero sonó débil… quebrado.
Él no respondió.
Pero se detuvo.
Solo un segundo.
Lo suficiente para mirarme.
Y esa mirada—
me dejó sin aire.
No era suave.
No era dulce.
Era… depredadora.
Intensa.
Oscura.
Como si me estuviera desarmando pieza por pieza.
Como si ya hubiera decidido que no iba a dejarme escapar.
Intenté sostenerle la mirada.
De verdad lo intenté.
Pero no pude.
Mis ojos temblaron.
Mi respiración se quebró.
Mi mente…
ya no estaba funcionando correctamente.
—No me mires así… —murmuré, apenas consciente de lo que decía.
Pero él no apartó la mirada.
Al contrario.
Se inclinó apenas más cerca.
Lo suficiente para que sintiera su aliento.
—¿Así cómo? —susurró.
Mi corazón se descontroló.
—C-como si… —tragué saliva— como si fueras a…
No terminé la frase.
No pude.
Porque en el fondo…
ya lo sabía.
Y él también.
Una de sus manos subió apenas por mi pierna, provocando otro estremecimiento involuntario.
—No puedes ni mirarme —dijo en voz baja.
Con esa voz que me deja sin aliento.
No era burla.
Era afirmación.
Eso fue peor.
Mucho peor.
Porque tenía razón.
Apenas podía pensar.
Apenas podía respirar.
Apenas podía… sostenerme.
Y aun así…
no lo apartaba.
No quería hacerlo.
Mis dedos se tensaron más en su cabello.
Mi cuerpo reaccionó por sí solo, acercándose más.
Buscándolo.
Como si ya hubiera cruzado un punto sin retorno.
—Esto está mal… —susurré, sin convicción.
Su mirada se oscureció apenas.
Y su voz bajó aún más.
—Entonces deténme.
Silencio.
Mi mente gritaba que lo hiciera.
Que me apartara.
Que recuperara el control.
Pero mi cuerpo…
no se movió.
Ni un centímetro.
Y eso fue suficiente, porque...
Este hombre definitivamente iba a ser mío.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭