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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Deber o la Paz

Al día siguiente, la tensión en el castillo se había vuelto casi palpable. Eleonora llegó al salón de reuniones con los documentos bajo el brazo, con el gesto serio y la postura rígida. No había dormido bien, no después de la discusión con Frederick del día anterior.

Cuando abrió la puerta del salón, Frederick ya estaba allí, inclinado sobre la mesa, revisando unos papeles sin levantar la vista. William se encontraba cerca de la ventana, fingiendo observar el jardín; intentaba evitar la tensión entre los dos.

Eleonora se sentó en silencio y extendió sus documentos sobre la mesa.

—Continuemos con el punto pendiente de ayer —dijo William, intentando romper el hielo.

—Sí —dijo Eleonora—. El tema de la distribución sigue sin resolverse y no pienso apoyar un proyecto que ponga en riesgo...

—Tu reputación —murmuró Frederick, sin mirarla.

Eleonora apretó la mandíbula.

—Pongo en riesgo el trabajo de cientos de personas, Frederick. No es un juego.

—Tú eres la que lo convierte en un juego —replicó él, con voz tensa.

—¿Y qué significa eso?

Él alzó la mirada por fin, con los ojos oscuros cargados de reproche.

—Significa que, desde que la reina te habló, decidiste que debe ser rechazada, así sea razonable. ¿Crees que no lo noto?

William suspiró pesadamente.

—Los dos necesitan calmarse.

—No necesito calmarme —replicó Eleonora—. Necesito que se dejen de actitudes infantiles.

Frederick apoyó las manos sobre la mesa, adelantándose, con el ceño fruncido.

—¿Infantiles? No soy yo quien huye de las decisiones importantes, Eleonora.

—No huyo de nada.

—Claro que sí.

Eleonora sintió que la sangre le subía a la cara, completamente furiosa.

—No te atrevas. Si supieras la presión que estoy viviendo, no hablarías así.

—La presión siempre ha estado.

La habitación quedó en silencio. Ella bajó la mirada y abrió la boca para decir algo, pero un guardia entró abruptamente, interrumpiendo la tensión.

—Su Majestad el Rey solicita su presencia inmediata.

Los tres se miraron confundidos. Eleonora se levantó, dando un profundo respiro para recomponer su expresión.

Caminaron por los corredores hasta llegar a la sala del trono, donde el rey los esperaba junto a la reina y varios ministros. El rey sostenía un documento.

—Duquesa, felicitaciones —dijo con voz imponente—. Acabo de recibir la noticia y debo admitir que es un honor extraordinario para esta corona.

—¿Noticia? —preguntó ella, confundida—. ¿De qué habla, Su Majestad?

El rey levantó el documento, orgulloso.

—De su compromiso, por supuesto.

Eleonora parpadeó varias veces, sin comprender.

—Disculpe, Su Majestad, ¿mi qué?

—Su compromiso, hija. Su tío me ha enviado una carta informándome que el duque de Lytham ha solicitado formalmente su mano en matrimonio.

Los ojos de Eleonora se abrieron de par en par, mientras su respiración se detenía por un momento.

—Su tío explica aquí —continuó el rey, agitando la carta— que la alianza sería beneficiosa para ambas familias y para el reino entero. Por mi parte, creo que es una unión excelente, muy ventajosa para usted.

Frederick, detrás de ella, dio un paso hacia adelante, involuntario. Su rostro expresaba incredulidad y un dolor bruto que no intentaba ocultar.

—Su Majestad —balbuceó Eleonora, intentando mantener la compostura—, yo no he aceptado ningún compromiso. Yo ni siquiera sabía que el duque había enviado una petición. No tengo intención de...

—Oh, vamos —elevó el rey la voz en tono amable, pero firme—. Es una oportunidad magnífica. No encontrarás una mejor. Es, además, un aliado político importante y tu familia lo considera una unión adecuada.

—Mi familia no decide por mí —respondió ella, sin poder evitarlo.

Un murmullo se escapó entre los ministros. El rey frunció el ceño y la reina intervino suavemente.

—Majestad, tal vez Eleonora necesita procesar la noticia.

—Así que era eso —murmuró Frederick, apenas audible, pero lleno de amargura—. Ahora lo entiendo todo.

—Frederick —susurró Eleonora, girándose hacia él, pero él dio otro paso atrás.

—No te preocupes, duquesa —dijo con voz contenida—. No te volveré a molestar con mis actitudes infantiles.

Y, sin esperar una respuesta, salió del salón con pasos largos y furiosos. Eleonora sintió un nudo cerrarse en su pecho, pero no podía moverse, no en presencia del rey.

William quiso ir tras él, pero se contuvo por respeto.

El rey, sin notar la sacudida interna de la duquesa, continuó hablando alegremente sobre la importancia de un matrimonio bien elegido. Pero Eleonora ya no escuchaba nada. Su mente estaba en una mezcla de miedo, furia y tristeza. Era demasiado. Era todo demasiado.

Cuando la reunión terminó, la reina tomó a Eleonora del brazo con suavidad y la llevó a una sala privada. Al cerrar la puerta, la reina la miró fijamente.

—Escúchame, Eleonora. Esta unión sería buena para ti. Te daría estabilidad, protección total y un aliado poderoso. Todo ese patrimonio que heredaste necesita alguien a tu lado que pueda sostenerlo contigo.

—No quiero casarme —susurró Eleonora, con la voz quebrada.

La reina respiró profundo.

—No siempre hacemos lo que queremos, sino lo que debemos.

—He sacrificado todo lo que soy —contestó Eleonora—, y ahora también quieren decidir con quién debo compartir mi vida.

La reina le tomó las manos.

—Entiendo tu dolor, pero tu posición tiene peso, y ese peso exige sacrificios.

Eleonora apartó la mirada, sintiendo que el aire se le agolpaba en los pulmones.

—No puedo aceptar esto. No quiero este compromiso, no quiero esa vida, no quiero casarme con alguien que ni siquiera conozco.

—Entonces tendrás que enfrentarte a tu familia y al rey —respondió la reina, con tono comprensivo, pero firme—. Y eso no será fácil.

Eleonora no respondió. Se sentía como si el piso hubiese desaparecido bajo sus pies. No podía detener la sensación de pérdida. Ella no podía correr tras él: la duquesa no podía moverse, pero Eleonora, la mujer, sí quería hacerlo.

La reina acarició su brazo con afecto.

—Piensa bien tu decisión, hija.

Pero Eleonora ya sabía, en su interior, que ninguna de las opciones le traería paz. El rey no sería justo, pero debía pensar en ella, en su bienestar.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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