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Exigida

Exigida

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Mafia / Dominación / Completas
Popularitas:188.8k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Mary Mendes

Nikolai Ivánov es un hombre forjado en el dolor, de ojos duros y manos de hierro. No tolera mentiras y aprendió desde joven que el amor es la mayor debilidad del ser humano.

Envuelto en un frío implacable y pasos calculados, vio en una alianza de sangre solo poder… y cree que nada puede romper su control sobre el mundo.

Helena Lombardi, adelantada a su tiempo, cree en el amor con la misma intensidad con la que vive su libertad. Cada gesto suyo rebosa coraje y determinación, desafiando todo lo que Nikolai considera inquebrantable.

Cuando dos mundos tan opuestos chocan, las certezas se transforman en dudas, y los deseos que antes parecían imposibles irrumpen como una tormenta. Entre dolor y entrega, pasión y desafío, alguien tendrá que ceder…

Pero nadie saldrá ileso.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Nikolai

Llego a casa de nuevo tarde. Los últimos días han sido infernales. Problema tras problema, decisiones que no pueden esperar, noches que siempre terminan de la misma manera: yo llegando cuando el mundo ya está en silencio.

Aun esforzándome, cuando entro en la habitación Helena ya está durmiendo.

Mañana voy a trabajar solo por la mañana. Necesito estar un poco con mi mujer. La necesito.

Entro en la habitación, lo dejo todo en automático. Me doy una ducha rápida, el agua caliente intentando arrancar el peso que no se va. Cuando vuelvo, me acuesto y atraigo su cuerpo al mío. Helena anda durmiendo demasiado últimamente. Lo anoto mentalmente, pero no pienso mucho. Con ella en mis brazos, el sueño me vence rápido.

Apenas amanece y ya estoy de pie.

Resuelvo lo que se puede resolver, atajo, pospongo reuniones, ignoro llamadas. Voy directo al club, adelanto todo lo que puedo. No me quedo. No converso. No bebo.

Voy a casa corriendo.

Cuando entro, el sonido del piano me detiene en medio del camino.

Helena está sentada frente a él.

La música es bonita… pero triste. Cargada de algo que no reconozco de inmediato, pero que me aprieta el pecho de todos modos. No es error. No es vacilación. Es demasiado sentimiento.

Me acerco despacio, me quedo allí escuchando hasta que el último acorde muere en el aire.

Ella no se da cuenta de que estoy detrás de ella.

—Helena… —llamo bajo.

Ella se gira despacio. Sus ojos encuentran los míos y algo allí no está bien. Está distante. Está pesado.

—¿Qué pasó? —pregunto, ya sintiendo que la respuesta no va a ser simple.

Me quedo allí, esperando.

Porque en ese instante, incluso antes de que ella abra la boca, lo sé:

algo ha cambiado.

Ella dice que no es nada.

Pero la sonrisa no llega a sus ojos.

Me acerco más. Necesito oírlo de nuevo, necesito que mienta mejor.

—Helena… ¿qué pasó? —insisto.

Ella se levanta. Su cuerpo tiembla. Sus ojos se llenan de agua incluso antes de que las palabras salgan.

—Yo… estoy embarazada.

El mundo no se detiene.

Se agrieta.

—¿Embarazada? —repito, porque mi cerebro se niega a aceptar.

Mi mente busca el acuerdo, el contrato, cada cláusula que leí línea por línea.

—Tú tomas la píldora —digo, la voz volviéndose dura—. Empezaste tres meses antes de casarnos.

Ella me encara. No huye. Y eso es lo que más duele.

—Nunca tomé nada.

Es como recibir un disparo sin oír el estruendo.

Doy dos pasos hacia atrás, me falta el aire. Siento el pecho quemar, la sangre hervir. Suelto una risa corta, quebrada, sin ninguna alegría.

—Así que era eso… —murmuro—. Todo este tiempo…

La miro como si estuviera viendo a una extraña.

—Estaba durmiendo con la serpiente de la familia Lombardi —escupo las palabras, sintiendo el sabor amargo de ellas.

Ella empieza a llorar. Llora de verdad. Pero algo en mí se cierra con violencia. No consigo sentir pena. Solo traición. Solo la sensación de haber sido engañado dentro de mi propia casa. Dentro de mi propia cama.

—Me mentiste —digo, la voz fallando de rabia—. Me mentiste mirándome a los ojos. Firmaste un contrato sabiendo que me estabas engañando.

Me doy la vuelta, camino unos pasos intentando contener la furia que amenaza con arrebatarme el control. Mis manos se cierran en puño.

¿Cómo pudo?

¿Cómo tuvo coraje?

Me giro de nuevo, la mirada dura, el corazón en pedazos que aún no duelen porque la rabia no lo permite.

—Hoy mismo vuelves a Italia.

Las palabras caen como sentencia.

El piano detrás de ella está en silencio. La casa entera parece contener la respiración. Y, en medio de aquel silencio, percibo algo demasiado terrible para admitirlo ahora:

No fue solo el acuerdo lo que ella rompió.

Fue la única cosa que nunca pensé que ella sería capaz de romper.

Mi confianza.

Salgo de casa, sintiendo el silencio aplastarme, cojo el coche. Arranco y el recuerdo viene sin pedir permiso.

Mi madre.

Su voz resuena demasiado clara en mi cabeza, como si estuviera de pie frente a mí otra vez. Recuerdo el día en que ella sujetó mi rostro con las dos manos, los ojos duros, marcados por todo lo que el amor le había quitado.

Prometí con la convicción de quien aún no había sido quebrado. Prometí creyendo que el control era fuerza, que la distancia era protección. Crecí repitiendo aquella promesa como un mandamiento.

Y entonces vino Helena.

Y yo rompí todo.

Rompí la promesa de mi madre cuando dejé que alguien entrara en mi cama, en mi casa, en mi vida. Cuando pasé a medir mis días por la respiración de ella durmiendo a mi lado. Cuando empecé a volver a casa no por obligación, sino por voluntad.

Amé.

Y ahora entiendo el aviso demasiado tarde.

El volante está demasiado firme en mis manos. La carretera pasa, los minutos pasan, y nada dentro de mí se organiza.

Una hora.

Una maldita hora dando vueltas sin destino.

La rabia va cediendo espacio a algo peor: el vacío. La sensación de haber sido engañado en el único lugar donde bajé la guardia.

Paro el coche en el arcén. El motor sigue encendido. El mundo sigue, indiferente a lo que se derrumbó dentro de mí.

Cojo el celular.

Llamo a Tatiana.

Ella contesta al segundo toque.

—Habla.

Mi voz sale fría, controlada a la fuerza.

—Helena va a volver a Italia.

Silencio del otro lado.

—Hoy —completo.

—Cuando llegue a casa… —digo, cada palabra pesada— no quiero verla.

Termino la llamada antes de que cualquier otra pregunta exista.

Me quedo allí unos segundos más, encarando la nada frente a mí. El rostro de Helena insiste en aparecer. La sonrisa. El piano. El modo en que dormía en mis brazos.

Empujo todo lejos.

Arranco el coche de nuevo y vuelvo a conducir.

Porque si me detengo a sentir ahora…

me desmorono.

Y hombres como yo no tienen ese derecho.

1
Hiradia Cohen
no termino de Entenderla o sea después de que la madre muere salta sin pena ni gloria a una relación que no se entiende si empezó
Dilia Contreras
Como harán las mujeres que Portugal razón u otra las pobres paren solas? por favor Elena déjate de tantas tonterías. el proceso ee parte es igual para todas las que tienen la dicha de poder parir, porque a otras tienen que hacer cesárea y punto.
Alma Rosa Dominguez Martinez
escritora felicidades muy buena novela
Dilia Contreras
Deberían de haberla dejado allí, inmadura y obstinada, ella tiene rabia y sale sin nada. pero siempre llega alguien a socorrer.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Anastasia Mirian Barrios
para mi no tiene centido cuerpo ella se empezó la nena tenía 7 mese ahora apenas 8 mese y ya camina y ya tiene 4 meses de embarazo 🤭😂😂😂
Dulce Perez
felicitaciones, excelente 👏👌👏
Yoki Romero
/Rose//Good/
Sonia Susarte Sanchez
Muy bueno, con un poco de errores pero pasable, me gustó mucho la trama, algunas repeticiones, pero pasable, té felicito.
Yoki Romero
pero no estriba que sufra su crueldad ❗️🤨
Sonia Susarte Sanchez
Sí él se va y no vuelve, va a ser culpa de ella, su orgullo es más fuerte que el amor que siente por el.
Ojalá y se arrepienta de seguir haciéndole caso al ex, sino lo va a perder
Sofia Pradenas
por favor que sea un niño hermoso y sanito para que estén todos contentos, Dios mío como se involucra una cuando se tiene una gran narración, para mí impensado jajaja, Gracias
Sofia Pradenas
mil felicitaciones, que bien descrito el trabajo de parto, increíble,es genial creo que a todas las que somos madres nos hizo recordar muy bien nuestros partos, gracias a la escritora 👏👏
Sofia Pradenas
que emoción tan grande ver el reconocimiento de Niko a su esposa gracias a la escritora por éste capitulo lleno de amor ❤️
julietha galiano
vida hp que estrés está mujer,
caprichosa y desconsiderada en todos los sentidos, hasta con ese bebé que lleva en el vientre
julietha galiano
helena es muy inmadura e inestable, ella fue la que se equivocó, el reaccionó a esa equivocacion, ahora el la busca y ella no sabe que quiere ni a dónde va. y con esa familia sobre protectora y alcahuete, peor el asunto
julietha galiano: y nunca dije que la dejarán sola, dije que la sobre protegían, porque yo puedo apoyar, acompañar y cuidar sin sobre proteger. hacerle ver las equivocaciones. y no por eso la van a dejar a un lado. ella se equivocó y eso no está ha discusión.
el reaccionó a esa equivocacion y traición, porque lo que ella hizo fue eso traicionar la confianza de el
total 4 replies
Alicia Acevedo
jajaja, todas nos kedamos con esa incertidumbre
Alicia Acevedo
cómo es eso?!?! ella se embaraza cuando Giulia tiene 8 meses ahora 3 meses d embarazo y la BB sigue con 8 meses?!?!?! más atención xfa
Sofia Pradenas
esté Niko es impredecible, y Helena es muy obstinada asta ser irresponsable con ella, pudo morir en la nieve
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