de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 3
Los siguientes meses fueron los más felices de la vida de Camila. Vivía en una nube de amor, y cada día con Martín era un regalo. Ellos pasaban todo el tiempo que podían juntos —iba a su oficina de arquitectura a comer con él o él venía a su apartamento para ver películas o cocinar, y los fines de semana iban a caminar por el parque, a visitar museos o a conocer lugares nuevos en la cuidad o ciudades cercanas
Pero no todo era perfecto. A medida que la relación se hacía más seria, empezaron a aparecer los primeros retos. Martín tenía un trabajo muy exigente, y a veces tenía que trabajar hasta tarde o los fines de semana. Camila, por su parte, estaba empezando a planificar la apertura de su propia oficina, y también tenía mucho trabajo. A veces, se sentían agotados y estresados, y eso llevaba a pequeñas discusiones.
Una tarde, Camila llegó a su apartamento después de un día muy difícil en el trabajo. Había tenido un problema con un cliente, y se sentía frustrada y cansada. Esperaba a Martín, que le había dicho que vendría a cenar, pero cuando eran las nueve de la noche y no había llegado ni llamado, se puso nerviosa.
Llamó a su teléfono, pero no contestó. Llamó de nuevo, y esta vez, un compañero suyo le dijo que Martín estaba en una reunión importante y que no podía hablar. Camila se sintió abandonada y enfadada. Habían planeado cenar juntos desde hacía días, y él se había olvidado.
Cuando Martín llegó a su apartamento a las once de la noche, encontró a Camila sentada en el sofá, con los brazos cruzados y la cara seria.(queriéndole reventarle)
—Hola, amor —dijo él, acercándose para besarla, pero ella se aparto . —Lo siento mucho por llegar tarde. La reunión se alargó más de lo esperado, y no pude llamarte.
—No te importa, Martín —dijo ella, con voz fría. —Tu trabajo siempre es más importante que yo. Siempre estás ocupado, siempre tienes algo más que hacer. Ya no sé si podemos seguir así.
—Eso no es cierto, Camila —dijo él, con una expresión de dolor en la cara. —Te quiero más que nada en el mundo. Pero mi trabajo es importante para mí, y necesito hacerlo bien.
—Yo también tengo trabajo importante —respondió ella. —Pero siempre encuentro tiempo para ti. Por qué tú no puedes hacer lo mismo?
La discusión se hizo más fuerte, y finalmente, Martín se fue, enfadado y triste. Camila se quedó sola en su apartamento, llorando. Sabía que había exagerado, pero también sentía que Martín no entendía lo importante que era para ella pasar tiempo juntos.
al dia siguiente por la mañana , se despertó con dolor de cabeza por quedarse casi toda la noche despierta y el corazón roto. No había recibido ningún mensaje de Martín, y eso le hizo sentir peor. Decidió llamarlo, pero cuando vio su número en el teléfono, no tuvo el valor de marcar.
En ese momento, escuchó un golpe en la puerta. Abrrió y encontró a Doña Ana, con una cesta de frutas y pan.
—Hola, mi amor —dijo Doña Ana, entrando en el apartamento. —He escuchado algo de Martín, y me he preocupado por ti. Cómo estás?
Camila le contó todo lo que ocurrió mientras lloraba sobre el hombro de Doña Ana.
—Mi niña —dijo Doña Ana, acariciándole el pelo. —El amor no es fácil. Siempre hay retos, siempre hay cosas que hay que resolver. Pero si realmente se quieren, se pueden superar todo. Martín te quiere mucho, lo sé. Y tú también le quieres a él. Tenéis que hablar, escucharse mutuamente . No dejéis que un mal entendido arruine lo que tenéis.
Camila solo asintió con la cabeza, por que sabia que Doña Ana tenía toda la razón. Tenía que hablar con Martín, decirle lo que sentía y escuchar lo que él tenía que decir.
Mientras que Doña Ana le preparaba un café, Camila marcó el número de Martín. Y esta vez, contestó a la primer pitido .
—Hola, Camila —dijo él, con una voz triste. —Perdoname por lo de ayer, se que estuvo mal enfadarme contigo, ayer estaba muy cansado y me deje llevar por la tension se que no es excusa pero, perdoname de verdad, te quiero demasiado para perder lo que estamos construyendo juntos.—Lo dijo tratando de no derrumbarse y con una voz de arrepentimiento
—Yo también lo siento, Martín —respondió ella, con lágrimas en los ojos. —Se q he exagerado mucho ayer . Sé que tu trabajo es importante, y lo entiendo perfectamente hasta te quiero apoyarte. Pero tambien necesito que me des tiempo, que me hagas sentir importante .
—Pero camila, tú eres la persona más importante en mi vida,eres quien pienso 24/7 —dijo él. —Pero prometo, que voy a hacer el doble de esfuerzo. Para encontrar un tiempo para ti, y lo mas importante para nosotros.
—Yo también voy a hacer el esfuerzo —dijo ella. —Vamos a hablar, escucharno mutuamente, a aprender a resolver los problemas juntos.
—Sí —dijo él. —Vamos a hacerlo.—hizo un pequeña pausa y con un poco de miedo que le rechazará pregunto— ¿Puedo... ir a verte ahora?
—Claro que sí amor —respondió ella. —Estoy en el apartamento con Doña Ana.
Pasaron diez minutos y Martín llegó al apartamento. Doña Ana sonrió al ver y se despidió y se fue dejandolos solos. Cuando vio q doña Ana se marcho, Martin abrazo repentinamente a Camila quien ella no esperaba ese acto se quedó estática pero después de unos segundos se recostó en el pecho de Martín, escuchando el latido de su corazón.
—Te quiero, Camila. Más que nada en el mundo—siendo sincero
—Yo también te quiero, Martín —respondió ella. —Más de lo que puedo explicar.
Él la aparto muy poco para verla a los ojos y su mano deslizó por la mejilla de Camila , limpiando la lágrima que se le escapo por el sentimiento de otra vez estar bien con Martin .
—Vamos a hacer un trato —dijo él, con una sonrisa tierna y mirandola a los ojos . —Todos los viernes por la tarde, sin excepciones, vamos a estar juntos, sin importar lo ocupados, estresados que estemos. Ese día solo es para pasarlo juntos sin importar lo demás .
Camila sonrió, con los ojos llenos de esperanza. —Me encanta tu idea. Y yo te prometo que voy a ser más paciente, y no hacerte sentir mal por tu trabajo.
—Y yo te prometo que voy a ser más atento, y recordarte lo importante que eres para mí. —Se inclinó y la besó, fue un beso suave y dulce para hacerle olvidar todo el dolor y la frustración de la noche anterior y demostrarle el cariño que le tiene.
Desde ese día, las cosas empezaron a mejorar. Cumplieron sus respectivas promesas de verse todos los viernes —algunas veces iban a comer, otras a caminar por el río , otras simplemente se quedaban en el apartamento, abrazados en el sofá, charlando hasta la madrugada o mirando peliculas. Mientras que Martín empezó a llegar más temprano del trabajo, y en cambio Camila encontró formas de organizar su tiempo para que pudieran pasar más tiempo juntos.
A medida que la relación se fortalecía, empezaron a hablar de un futuro juntos —desde la oficina de Camila, de los proyectos de Martín, de vivir juntos algún día. Camila se sentía más segura que nunca de su amor, y sabía que Martín era la persona con la que quería pasar el resto de su vida.