ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación
un alfa y un omega
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Otra vez frente a ti
Las calles estaban tranquilas aquella tarde.
El alfa caminaba entre la gente con las manos en los bolsillos de su pantalón negro. Llevaba su traje oscuro, las vendas negras cubriéndole los ojos y una expresión indiferente.
Nadie sospechaba quién era realmente.
Para los demás, solo parecía un hombre serio que caminaba hacia su destino.
Después de recorrer varias calles, finalmente llegó a una enorme mansión rodeada de jardines y altos muros. Dos guardias vigilaban la entrada principal.
El alfa se detuvo frente a ellos.
—¿Quién eres? —preguntó uno de los guardias.
El alfa levantó ligeramente la cabeza.
—Vengo de parte del jefe 669A Luka.
Al escuchar aquel nombre, los guardias intercambiaron una mirada.
—¿El jefe Luka te envió?
—Tengo asuntos que resolver con el dueño de esta mansión.
Los guardias supusieron que se trataba de una reunión para hablar sobre la deuda. Sin hacer más preguntas, abrieron las puertas y lo dejaron pasar.
—Puedes entrar. El señor está en su despacho privado.
—Bien.
El alfa atravesó la entrada sin decir nada más.
Mientras caminaba por los amplios pasillos, observó discretamente los alrededores. Todo estaba decorado con muebles elegantes, cuadros costosos y enormes lámparas que colgaban del techo.
No le interesaba nada de aquello.
Solo quería terminar su misión y regresar a la guarida.
Sin embargo, lo que no sabía era que alguien conocido se encontraba en aquella misma mansión.
Unas horas antes, Eiden finalmente había conseguido descansar después de su agotadora guardia nocturna.
Apenas había dormido unas horas cuando su superior volvió a llamarlo.
—Eiden, necesito que vayas a una residencia privada. Te encargarás de la vigilancia durante un tiempo y después podrás regresar.
Eiden se incorporó rápidamente.
—¿Otra vez de servicio, señor?
—Será una guardia temporal. Necesitamos reforzar la seguridad de ese lugar.
Eiden soltó un suspiro, pero se levantó para prepararse.
—Entendido.
Se colocó su uniforme militar, ajustó las correas de su equipo y se dirigió a la mansión indicada.
Al llegar, los guardias lo recibieron y le explicaron dónde debía permanecer.
Poco después, Eiden terminó frente a la sala privada del propietario, donde se quedó vigilando la entrada.
No imaginaba que, en cuestión de minutos, volvería a encontrarse con aquel extraño muchacho del parque.
El alfa llegó finalmente a la puerta del despacho privado.
Uno de los empleados abrió para anunciar su llegada, pero el alfa no esperó demasiado antes de entrar.
En el interior, un hombre alto y de cabello ligeramente canoso estaba sentado detrás de su escritorio, revisando unos documentos.
A un lado de la habitación se encontraba Eiden, atento a su labor como guardaespaldas.
El alfa entró con paso firme.
Primero dirigió su atención hacia el hombre del escritorio.
Pero entonces giró ligeramente la cabeza.
Y lo vio.
El cabello amarillo.
El uniforme militar.
Aquellos ojos que ya conocía demasiado bien.
Eiden.
El alfa se quedó inmóvil durante una fracción de segundo.
Maldita sea… ¿Él otra vez?
Sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
De todos los lugares a los que podía haber ido, tenía que encontrárselo precisamente allí.
Intentó recuperar la calma. No podía permitir que su reacción llamara la atención del hombre que tenía delante.
Tranquilo, número 69B. Solo tienes que terminar la misión.
Eiden, por su parte, también reconoció al desconocido.
Abrió ligeramente los ojos, sorprendido.
¡Es el chico del parque!
Estuvo a punto de decir algo, pero recordó que se encontraba de servicio y mantuvo la boca cerrada.
Aun así, no pudo evitar observarlo con curiosidad.
¿Por qué llevaba aquellas vendas negras?
¿Y qué asunto tenía con el dueño de la mansión?
Mientras ambos intercambiaban miradas silenciosas, el hombre del escritorio se levantó con una sonrisa cordial.
—¡Bienvenido! —saludó, creyendo que su visitante venía a conversar sobre la deuda—. Me informaron que alguien enviado por Luka quería hablar conmigo.
El alfa apartó la atención de Eiden y se volvió hacia él.
—Así es.
El hombre señaló una silla frente al escritorio.
—Por favor, siéntate. Podemos hablar tranquilamente y encontrar una solución.
El alfa no se sentó.
Permaneció de pie, con las manos a los lados y el rostro completamente inexpresivo.
—No creo que sea necesario.
El hombre dejó de sonreír por un instante.
Eiden observó la escena con atención. Había algo extraño en la actitud del recién llegado, una frialdad que no parecía propia de alguien que simplemente venía a conversar.
El alfa respiró profundamente.
Tenía que concentrarse en su misión, aunque la presencia de Eiden estuviera alterándolo por completo.
El hombre volvió a sentarse y juntó las manos sobre el escritorio.
—Muy bien. Entonces, dime… ¿qué desea exactamente el jefe Luka?
El alfa inclinó ligeramente la cabeza.
—Vengo a hablar de su deuda.
El silencio llenó la habitación.
Eiden miró al hombre del escritorio y después al desconocido.
Sin saber por qué, tuvo una sensación desagradable.
Como si aquella reunión estuviera a punto de convertirse en algo mucho más serio de lo que todos imaginaban.