Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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NUEVOS VECINOS
KRISTEN WHITAKER
La primera vez que vi a Dante McCade yo tenía seis años y llevaba puesto mi vestido rosa favorito.
Lo recuerdo perfectamente porque aquella mañana me había tomado bastante tiempo decidir qué ponerme. Mamá siempre decía que no tenía sentido arreglarse demasiado para quedarse en casa, pero yo estaba convencida de que mi tía Carol vendría a visitarnos con mi primo Jack y quería que me viera bonita. Así que había elegido aquel vestido rosa con pequeñas flores bordadas en la falda, me había dejado peinar sin protestar y hasta había permitido que mamá acomodara la cinta que llevaba en el cabello.
Para una niña de seis años, aquello constituía un esfuerzo considerable.
Por eso estaba sentada en la cocina, balanceando las piernas mientras observaba a mi madre sacar un pastel de duraznos del horno, cuando le pregunté:
--Mamá, ¿viene tía Carol? ¿Con mi primo Jack?
Mi madre se volvió hacia mí con una sonrisa mientras dejaba la fuente sobre la mesada.
--No, cariño. ¿Por qué preguntas?
Miré mi vestido y después el pastel que acababa de sacar del horno.
--Porque pensé que venían
El pastel era el preferido de mi tía. Por eso tenía sentido que los esperara.
--Esta vez no
La respuesta me decepcionó bastante. Había pasado buena parte de la mañana preparándome para recibirlos y ahora parecía que había hecho todo aquello para nada.
--Entonces, ¿para quién es el pastel?
Mamá soltó una pequeña risa mientras se acomodaba el delantal.
--Para nuestros nuevos vecinos
Fruncí el ceño.
--¿Tenemos nuevos vecinos?
--Sí. ¿No te diste cuenta de que se están mudando a la casa de los Montecarlo?
Negué con la cabeza. Mamá señaló hacia la ventana y me levanté de la silla para acercarme. Desde allí podía ver perfectamente la casa que estaba justo al lado de la nuestra, la que durante años había pertenecido a los Montecarlo. Había varios camiones estacionados frente a ella y hombres entrando y saliendo con cajas, muebles y toda clase de objetos.
--¿Por qué les haces un pastel?-- pregunté
--Porque cuando nosotros nos mudamos aquí, los vecinos nos recibieron con obsequios. Nos trajeron pasteles, galletas y otras cosas para darnos la bienvenida. Tú eras muy pequeña, así que probablemente no lo recuerdes
Me quedé mirando la casa.
--¿Y ahora nosotros tenemos que hacer lo mismo?
--No tenemos que hacerlo. Quiero hacerlo
Continué observando la mudanza, hasta que algo llamó mi atención.
Había un niño junto a uno de los camiones.
Era aproximadamente de mi edad, pero no se parecía en nada a los niños que yo conocía. Tenía el cabello oscuro completamente desordenado, la camiseta manchada y las rodillas cubiertas de tierra. Incluso sus brazos estaban sucios. Parecía como si, en lugar de estar ayudando con una mudanza, hubiera decidido revolcarse por todo el jardín antes de que alguien pudiera detenerlo.
Lo observé con cierta desaprobación. Después miré mi vestido y volví a mirar al niño.
Definitivamente no teníamos nada en común.
--Mamá-- Dije, señalándolo a través de la ventana-- hay un nene todo sucio ahí. ¿Lo conoces?
Mi madre se acercó para mirar.
--No. Quizás sea el hijo de los nuevos vecinos
Volví a observarlo. En ese momento, el niño intentó mover una caja que parecía demasiado grande para él. La empujó, consiguió hacerla avanzar unos centímetros y terminó soltándola con evidente fastidio.
--¿Por qué no sales a jugar con él?-- preguntó mamá
Me aparté de la ventana y la miré como si acabara de sugerir algo completamente absurdo.
--No, mamá. Prefiero quedarme aquí
--Podrías conocerlo
--Está sucio
Mi madre tuvo que contener una sonrisa.
--Acaba de llegar, Kristen
--Igual está sucio
Ella negó con la cabeza, divertida, y volvió a ocuparse del pastel. Yo regresé a la ventana, aunque no pensaba admitir que sentía curiosidad.
Unos minutos después, cuando el pastel todavía estaba tibio, mamá lo colocó cuidadosamente sobre un plato y lo cubrió para llevarlo a la casa de al lado.
--Vamos
La seguí, aunque todavía no entendía por qué tenía que acompañarla.
La casa de los nuevos vecinos estaba tan cerca que apenas tuvimos que caminar unos pasos. Cuando mamá tocó el timbre, una mujer apareció después de unos segundos y nos recibió con una sonrisa algo cansada.
--Hola
--Hola. Somos sus vecinos. Vivimos justo al lado y queríamos darles la bienvenida
La mujer abrió más la puerta.
--¡Qué amables! Pasen, por favor
Entramos.
Lo primero que vi fueron las cajas.
Había cajas por todas partes. En la sala, junto a las paredes, cerca de las escaleras e incluso sobre algunos muebles que todavía no habían encontrado su lugar. La mujer parecía un poco avergonzada por el desorden, así que mamá se apresuró a decirle que no tenía de qué preocuparse.
--Acabamos de llegar-- explicó la mujer-- Todavía no hemos podido acomodar nada
--Es completamente normal. Nosotros pasamos por lo mismo cuando nos mudamos
Mamá le entregó el pastel y la mujer se mostró encantada.
Mientras ellas conversaban, yo permanecí junto a mi madre, procurando mantenerme alejada de las cajas. No quería que mi vestido rosa terminara lleno de polvo, sobre todo después de haberme arreglado tanto aquella mañana.
Entonces escuchamos una voz.
--¿Mamá?
La mujer se volvió hacia el pasillo.
--Ah, cierto. Ven, cariño
El niño apareció unos segundos después. Era el mismo que había visto desde la ventana. De cerca, la situación era incluso peor.
Tenía una mancha de tierra en una mejilla y el cabello parecía haber perdido cualquier discusión con un peine. Sus zapatillas estaban sucias y una de ellas tenía algo que parecía pasto pegado.
Yo bajé la mirada hacia mi vestido impecable. Después volví a mirarlo. Él también me observó.
Su madre sonrió.
--Dante, quiero presentarte a nuestros vecinos
El niño no respondió.
—Ella es Kristen
Dante continuó mirándome. Yo hice lo mismo.
No sé cuánto duró aquel silencio, pero fue suficiente para que ambos llegáramos a una conclusión bastante clara.
No nos agradábamos.
Su madre, por supuesto, no tenía la menor idea... y mi madre muchísimo menos.
--Mira, cariño, hay una niña que tiene tu edad. ¿Por qué no juegas con ella?
Dante hizo una mueca.
--No quiero
Levanté ligeramente la barbilla.
--Yo tampoco
Mi madre me lanzó una mirada de advertencia.
La madre de Dante soltó una pequeña risa, pensando probablemente que se trataba de timidez.
--Vamos, Dante. Solo salgan un rato al jardín
Él volvió a mirarme. Yo volví a mirar sus zapatillas llenas de tierra.
En ese momento decidí que aquel niño era demasiado desprolijo para ser mi amigo.
Dante, por su parte, parecía haber decidido exactamente lo mismo de mí.
Todavía ninguno de los dos sabía que aquella casa de al lado iba a convertirse en una parte permanente de nuestras vidas. Tampoco sabíamos que aquel primer encuentro sería apenas el comienzo de una guerra que duraría años, ni que aquel niño sucio, despeinado y malhumorado conseguiría convertirse en la única persona capaz de sacarme de quicio con una facilidad casi ofensiva.
Pero aquel día solo tenía seis años.
Y estaba demasiado preocupada por mi vestido rosa como para imaginarlo.
saluditos...
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏