Una doctora rencarnada en un mundo donde los hombres pueden convertirse en bestias, no se puede confiar en nadie incluso ni en la familia y solo aquellos más fuertes son los que gobiernan, ella encontrará hombres de distintas especies que darían su vida por ella.
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Cachorro...
Ese mismo día por la tarde, Luna se sentía mejor, al salir de la cueva ve a un muy lastimado Soren, rápidamente se acerca a él y lo toma del rostro preocupada, empieza a mirar por todo su cuerpo mirando las heridas que tenía todavía sin tratar, al verlo así algo en su corazón dolió.
-Que te pasó, porque no te has curado esas heridas, espera aquí, voy a preparar un emplasto para las heridas más profundas-, Luna tenía los ojos aguados, no sabía que era lo que estaba sintiendo, enseguida buscó las hiervas y raíces que necesitaba y preparó la mezcla, al volver donde estaba Soren, le ayudó a levantarse y lo llevó dentro de la cueva, lo acostó sobre unas pieles y empezó a limpiar sus heridas.
-No tenías que molestarte, esas heridas se cerrarían pronto, no pierdas tu tiempo conmigo-, Luna lo silenció con un pequeño beso el cual dejó a Soren quieto sin moverse.
-Tú no eres una perdida de tiempo, eres muy importante para mí, como te hiciste estas heridas y quiero la verdad-, ella empezó a poner el emplasto sobre las heridas y las cubría con pequeños retazos de pieles y esperaba a que él empezara a hablar.
-Ayer cuando entraste en celo, tus machos estaban contigo ayudándote-, ella al escuchar eso, se sonrojó de la vergüenza,- y mientras estaban ocupados, yo me puse a resguardar la cueva con mi olor, pero no sirvió de mucho, ya que vinieron muchos machos, algunos se retiraron al verme, pero otros querían entrar y tuve que luchar, fueron unos cuantos que tuve que eliminar y también recibí unas cuantas heridas-, le contaba como fueron las cosas el día anterior, ella lo miraba con cariño al ver que él puso su vida para protegerla.
Así Luna pasó unos días cuidando de Soren, esto empezó a acercarlos más, ella descubrió que las escamas doradas provenían de él, incluso que él era el último o uno de los últimos que existían.
Al cabo de una semana, Luna empezó a sentirse mal, tenía vómitos, los olores fuertes le daban asco y pasaba mucho tiempo durmiendo, sus machos estaban asustados, ya que no sabían lo que pasaba con su hembra, Luna tenía sus sospechas, pero no sabría si de verdad estaba embarazada. A los dos días sus compañeros junto a Soren se acercan a ella y le preguntan.
-Mi Luna, te sientes bien, todos estamos preocupados por ti, apenas comes y duermes mucho-, era Scott quien le decía esto muy preocupado y los demás asentían en acuerdo con él. Luna les dio una dulce sonrisa y se llevó las manos al vientre.
-Lo que me pasa es que aquí llevo un bebé, o un cachorro de alguno de ustedes-, al oír esto, los machos enmudecieron, Kael fue el primero en acercarse a ella y abrazarla, luego Scott y Paul, Soren sonreía aunque muy adentro de él sentía tristeza, él quería ser parte de esa pequeña familia y tener hijos con ella.
Luna estaba feliz igual que sus compañeros, luego miró hacia Soren y lo vio triste, le dice a sus compañeros que la dejen sola un momento con él y así lo hacen.
-Sucede algo, dime que te pasa-, Soren se avergonzó al ver que ella se había dado cuenta de su tristeza.
-No pasa nada, solo que también quiero una familia-, ella le tomó el rostro y le dio un dulce beso, luego tomó su mano y la puso en su vientre.
-Pronto tendrás también a tus hijos, quiero que formes parte de mí, como mis compañeros lo forman, estás de acuerdo en aceptarme como tu hembra-, Soren la tomó del rostro y le dio un apasionado beso que le robó el aire, luego con los ojos aguados le dijo que sí. Soren le pidió que le diera unos días para prepararle algo especial para la unión entre ellos y ella aceptó, se volvieron a besar y salieron a reunirse con los demás.