Abigail Frost, princesa de la familia de hielo más poderosa del Norte.
Mis padres, el Rey y la Reina de Hielo, me mandaron a la Academia Nocturne porque mi poder nunca despertó.
En esa academia todos tienen poderes: fuego, viento, sombras, rayos. Yo no tengo nada. Me llaman mestiza, me rechazan y me humillan con la túnica gris de los débiles.
Lo que nadie sabe es que no soy una mestiza.
Soy la primera Reina de Hielo en 1000 años. La única que puede convertirse en LOBA BLANCA. Mi poder es inmenso, capaz de congelar academias enteras.
Y cuando mi loba despierte, todos los que me llamaron débil se arrodillarán.
¿Te atreves a entrar a la Academia Nocturne?
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LA MENTIRA QUE ROMPE UNA MARCA
El embarazo de la Reina Blanca no se pudo esconder más de 1 semana.
A los 2 meses y 1 semana, mi panza ya no era plana. Tenía una bolita dorada chiquita, del tamaño de una manzana, que brillaba dorada por debajo de mi vestido blanco y negro de Reina. El cachorro dorado ya pateaba fuerte y cada patada hacía que mi Hielo Original dorado saliera solo y congelara flores doradas en el suelo.
Todos en el Sexto Reino estaban felices. Todos menos los malos que todavía quedaban.
Porque aunque dejé sin poder a los 100 jueces del Consejo diciéndoles su verdad, todavía quedaban algunos jueces escondidos que no vinieron ese día. Los más viejos. Los más malos. Los que odiaban que una Reina Blanca mestiza fuera Reina de 6 Reinos y que un Rey Blanco varón estuviera vivo.
Y ellos no querían vernos juntos a Kieran y a mí. Porque sabían la profecía: "Cuando una Reina Blanca y un Rey de Sombras tengan un hijo dorado, los 6 Reinos se unirán para siempre y el Consejo desaparecerá".
Así que inventaron la mentira más cruel.
Fue Mara quien me la contó primero, llorando, sin querer.
Mara entró corriendo a mi Torre de la Reina a las 3 de la mañana, cuando Kieran estaba entrenando en el patio con Arian su pelea diaria de cuñados.
"¡Abigail, cuñada! ¡Tienes que saberlo antes que te lo digan otros!"
"¿Qué pasa, Mara?"
Mara me mostró un espejo de sombras que encontró en el bosque del Reino de Sombras. Un espejo negro que mostraba mentiras como si fueran verdad.
En el espejo vi a Kieran. Mi Kieran. Mi Rey de Sombras, mi pareja destinada, con su armadura negra, con su cabello negro con mechón blanco, con sus ojos dorados, besando a otra mujer.
No era una mujer cualquiera. Era una Reina de Fuego del Reino de Fuego, con cabello rojo, con vestido rojo, con corona de fuego rojo, sentada en su trono de lava.
Y Kieran le decía: "Te amo, Reina de Fuego. Abigail está embarazada pero ya no la amo. Su hijo dorado no es mío. Es de su mellizo Arian."
Me caí al suelo. Con mi panza dorada de 2 meses y medio. Con mi vestido de Reina.
"¿Kieran... me engaña?", susurré, con lágrimas doradas que se volvían negras del dolor.
Mara me abrazó fuerte.
"¡Cuñada, no! ¡Ese espejo es de los malos! ¡Es mentira! ¡Kieran te ama!"
Pero yo ya no escuchaba. Porque 19 años me llamaron mestiza sin poder y me hicieron creer que nadie me podía amar. Y ahora que por fin alguien me amaba, me decían que me engañaba.
Y me lo creí. Porque los malos saben dónde duele.
Arian entró en ese momento, sintiendo con nuestra conexión de mellizos que yo lloraba negro y dorado.
"¿Qué pasa, hermana?"
Le mostré el espejo. Arian lo miró y su poder de Absorción lo absorbió al instante y vio que era mentira. El espejo era un espejo de Mentira de los jueces.
"¡Hermana, es mentira! ¡Es magia de los jueces! ¡Kieran no te engaña!"
Pero yo ya había corrido al balcón de mi torre y llamé a Kieran a gritos, con mi voz doble de loba embarazada enojada y herida.
"¡KIERAN NOCTURNE!"
Kieran subió volando con sus alas de sombra negra, feliz, pensando que lo llamaba para sentir la patada del bebé.
"¡Mi Reina! ¿El cachorro pateó otra vez?"
Lo miré con ojos blancos llenos de lágrimas negras y doradas.
"No me llames tu Reina. Ya vi todo. Te vi con la Reina de Fuego. Besándola. Diciendo que mi hijo no es tuyo, que es de mi hermano Arian."
Kieran se quedó blanco. Más blanco que mi hielo.
"¿Qué? ¿Abigail, de qué hablas? Yo nunca..."
"¡No mientas! ¡Lo vi en el espejo! ¡Los malos me lo mostraron! ¡Y tiene sentido! ¡Desde que estoy embarazada ya no duermes conmigo todas las noches, te vas a entrenar con Arian!"
"¡Me voy a entrenar con Arian para ser más fuerte para protegerte a ti y a nuestro hijo dorado!"
"¡No te creo! ¡Aléjate de mí! ¡Aléjate de mi bebé! ¡No quiero verte nunca más!"
Levanté mis manos blancas con mi panza dorada brillando y con mi poder de Reina Blanca embarazada, que es 10 veces más fuerte que normal, hice algo que nunca había hecho.
Creé un castillo de pura magia.
Un castillo de hielo blanco y dorado alrededor de mi Torre de la Reina, con muros de 100 metros de alto, de Hielo Original dorado puro, que ninguna sombra podía cruzar. Ni siquiera la sombra de Kieran.
El castillo se cerró con un ¡PUM! dorado y Kieran se quedó afuera, con sus alas de sombra negra chocando contra mi muro dorado y rebotando.
"¡ABIGAIL! ¡Mi Reina! ¡Es mentira! ¡Te amo! ¡Amo a nuestro hijo!"
"No te creo", le dije desde adentro de mi castillo de magia, llorando con mi panza dorada. "Vete con tu Reina de Fuego."
Kieran se quedó afuera de mi castillo de magia toda la noche, sentado en el suelo, con su sombra negra abrazando mi muro dorado, llorando con lágrimas negras.
Adentro, Arian y Mara me abrazaban.
"Cuñada, tienes que creerle", me decía Mara llorando.
"Es mentira, hermana melliza", me decía Arian. "Yo absorbí el espejo y era mentira de los jueces. No quieren verlos juntos porque su hijo dorado va a destruirlos."
Pero yo no los escuchaba. Estaba en mi castillo de pura magia, sola con mi bebé dorado, creyendo la mentira.
Fue entonces que Mara me dijo algo que me hizo salir un poco de mi dolor.
"Cuñada... si tú estás en tu castillo de magia y no dejas entrar a Kieran... ¿puedo... puedo pedirte algo?"
"¿Qué, Mara?"
Mara se arrodilló frente a mí, con su vestido verde de Reina de Tierra, con su marca de pareja verde y vacío negro de Arian brillando, pero con lágrimas verdes.
"Cuñada... Arian y yo llevamos 2 meses intentando tener un cachorro como tú y Kieran... y no podemos. Mi tierra blanca no puede tener hijos con su vacío negro porque su vacío absorbe mi tierra antes de que haga bebé. Los curanderos dicen que soy estéril por mi cicatriz plateada."
Mara, mi cuñada plateada que curó la cicatriz de Arian, que amaba a mi mellizo, no podía tener hijos.
"¿Qué quieres que haga, Mara?"
"Cuñada... tú puedes despertar poderes. Despertaste el poder de 10,000 mestizos diciéndoles su verdad. ¿Puedes... puedes despertarme mi poder de madre? ¿Puedes decirme cuál es mi verdadero poder de madre y despertarlo para que pueda quedar embarazada de Arian?"
La miré. A mi cuñada que me amaba de verdad, que sí me reconoció sin poder el día del collar, que me advirtió de la mentira.
Me levanté de mi cama de hielo dorado, con mi panza dorada de 2 meses y medio, con mi castillo de magia alrededor, y puse mis dos manos blancas sobre la panza plana de Mara.
Cerré mis ojos blancos y usé mi poder de Ver la Verdad, pero no para quitar poder, sino para despertar poder.
"¡MARA, REINA DE TIERRA BLANCA! ¡Tu verdadero poder no es Tierra Blanca que cura cicatrices! ¡Tu verdadero poder es Tierra de Vida que puede crear vida donde no hay vida! ¡Tu vientre no es estéril, es tierra fértil que estaba esperando la semilla correcta!"
Mi Hielo Original dorado entró en su panza plana y su tierra blanca se volvió dorada por un segundo.
Mara gritó, no de dolor, sino de vida. De su panza plana salió una luz verde y dorada.
"¡Arian!", gritó Mara. "¡Siento... siento algo!"
Arian corrió y puso su mano de absorción sobre la panza de Mara y por primera vez, su vacío no absorbió. Creó. Porque mi Hielo Original dorado le enseñó a su vacío a crear en vez de absorber.
"¡Mara! ¡Estás... estás embarazada! ¡1 semana! ¡Siento un cachorrito de tierra y vacío!"
Mara y Arian se abrazaron llorando con lágrimas verdes y negras y doradas, con un bebé de tierra y vacío en su panza.
Y yo, desde mi castillo de pura magia, con mi panza dorada, con mi corazón roto por la mentira de Kieran, sonreí por primera vez en 2 días, porque le di a mi cuñada el regalo más grande: la oportunidad de ser madre como yo.
Afuera de mi castillo de magia, Kieran seguía sentado, con su sombra negra abrazando mi muro dorado, sin irse, esperando a que yo creyera que no me engañaba.