Violetta Bianchi tiene veinte años, estudia Administración de Empresas y sueña con construir una vida lejos del mundo al que pertenece. Nacida en una de las familias más poderosas de la mafia italiana, Violetta ha crecido rodeada de lujos, secretos y reglas que nunca pidió. Sin embargo, hay algo que siempre ha deseado más que cualquier otra cosa: encontrar el amor verdadero y escribir su propia historia. Oleg Petrov tiene veinticuatro años y es el heredero de un enorme imperio ruso. Empresario brillante, reservado y temido dentro del mundo criminal, aprendió desde muy joven que confiar en alguien puede convertirse en una debilidad. Y, sobre todo, no cree en el amor. Sus familias se conocen desde hace décadas y, cuando eran niños, Violetta y Oleg fueron inseparables. Pero cuando la familia Petrov regresó a Rusia, los dos perdieron el contacto y sus caminos tomaron rumbos completamente diferentes. Años después, sus padres toman una decisión que ninguno de los dos está dispuesto a aceptar: comprometerlos. Violetta y Oleg se niegan rotundamente. Sus familias, sin embargo, tienen otra idea. Antes de decidir definitivamente, deberán reencontrarse y pasar tiempo juntos para descubrir si aquellos dos niños que alguna vez fueron amigos todavía existen detrás de los adultos en los que se han convertido. El problema es que Violetta ya no recuerda al niño que conoció. Y Oleg parece haber olvidado por completo cómo sonreír. Entre familias poderosas, secretos, enemigos, negocios peligrosos, celos, discusiones y una atracción que ninguno de los dos quiere admitir, ambos descubrirán que algunas historias de amor comienzan exactamente donde menos las esperas. Porque quizá el destino ya había decidido por ellos mucho antes de que aprendieran a decir que no.
NovelToon tiene autorización de Chris Arellano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CELOS DE VIOLETTA
A la mañana siguiente, Violetta despertó con una sensación extraña.
Había pasado horas pensando en la conversación de la noche anterior.
En Oleg.
En su sonrisa.
En la manera en que, por unos minutos, había vuelto a ser aquel niño que ella recordaba.
—No —murmuró mientras se cubría la cara con la almohada—. Definitivamente no.
No podía estar empezando a sentir algo.
Apenas lo había vuelto a ver.
Además, él era frío, arrogante y desesperantemente serio.
—Y probablemente insoportable —añadió.
—¿Hablando sola?
Violetta levantó la cabeza de golpe.
Su madre estaba apoyada en la puerta.
—No.
—Te escuché.
—Entonces escucha menos.
Su madre soltó una carcajada.
—Baja. Los Petrov vienen a desayunar.
Violetta abrió los ojos.
—¿Oleg también?
—Por supuesto.
—Genial.
⸻
Una hora después, Violetta entró al comedor.
Oleg ya estaba allí.
Vestía una camisa blanca y pantalón negro. Tenía el teléfono en una mano mientras hablaba con alguien en ruso.
Violetta se quedó observándolo unos segundos.
—Buenos días.
Oleg levantó la mirada.
—Buenos días.
Ella tomó asiento.
—¿Siempre trabajas mientras desayunas?
—Casi siempre.
—Qué aburrido.
—Qué productiva.
Violetta hizo una mueca.
—Definitivamente sigues siendo insoportable.
Antes de que Oleg pudiera responder, la puerta principal se abrió.
Una mujer entró acompañada por dos personas.
Era elegante, segura de sí misma y llevaba un vestido negro que parecía hecho especialmente para llamar la atención.
Oleg levantó la mirada.
Su expresión cambió.
—¿Qué haces aquí?
La mujer sonrió.
—También me alegra verte, Oleg.
Violetta observó la escena.
—¿La conoces?
La mujer la miró.
—Tú debes ser Violetta.
—Sí.
—Soy Anastasia.
Violetta esperó.
—¿Y?
Anastasia sonrió.
—Una vieja amiga de Oleg.
Oleg dejó el teléfono sobre la mesa.
—Anastasia es hija de un socio de mi padre.
—Y fuimos muy cercanos durante muchos años —añadió ella.
Violetta sintió una pequeña punzada en el estómago.
No sabía por qué.
No debería importarle.
Absolutamente no.
—Qué interesante —respondió.
Anastasia se acercó a Oleg y lo abrazó.
Violetta bajó la mirada hacia su café.
No era asunto suyo.
No eran novios.
Ni siquiera eran amigos.
Solo estaban allí porque sus padres querían que se conocieran.
Entonces, ¿por qué le molestaba?
—Oleg, tenemos que hablar —dijo Anastasia.
—Después.
—Es importante.
—Dije después.
Anastasia miró a Violetta.
—Claro.
Violetta levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
Anastasia sonrió.
Pero aquella sonrisa no parecía precisamente amable.
⸻
Más tarde, Violetta salió al jardín.
—¿Estás huyendo otra vez?
Reconoció la voz inmediatamente.
—No.
Oleg se acercó.
—Entonces, ¿qué haces?
—Tomando aire.
—¿Estás molesta?
—No.
—Mientes mal.
Violetta lo miró.
—¿Y tú siempre haces tantas preguntas?
—Cuando me interesa la respuesta.
Ella se quedó callada.
—¿Quién es Anastasia?
Oleg la observó.
—¿Por qué quieres saberlo?
—Curiosidad.
—¿Celos?
Violetta abrió los ojos.
—¿¡Celos!?
Oleg sonrió.
—Entonces sí.
—¡No estoy celosa!
—No dije que fuera algo malo.
—¡No estoy celosa!
Oleg dio un paso hacia ella.
—Está bien.
—Bien.
—No estás celosa.
—Exactamente.
—Perfecto.
—Perfecto.
Oleg comenzó a alejarse.
Violetta lo observó.
—¡Y tampoco me importa con quién sales!
Oleg se detuvo.
Se giró lentamente.
—Nunca dije que saliera con ella.
Violetta se quedó congelada.
Él sonrió.
—Interesante.
—Yo…
—Nos vemos en la comida, Violetta.
Y se marchó.
Violetta apretó los labios.
—Lo odio.
Pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Y eso era precisamente lo que más le preocupaba.
Porque comenzaba a sospechar que quizá aquel hombre no le desagradaba tanto como quería creer.