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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA VERDAD QUE BORRARON

La voz volvió a pronunciar su nombre.

—Valeria…

Ella se quedó inmóvil.

No necesitaba verlo.

No necesitaba que nadie se lo confirmara.

Lo había escuchado aquella noche.

La misma voz.

El mismo tono sereno, casi tranquilo, que contrastaba con el caos de aquella habitación, con la lluvia golpeando las ventanas y con el miedo que había quedado enterrado durante años en algún rincón de su memoria.

Adrián se colocó delante de ella.

—Quédate detrás de mí.

Valeria apenas podía respirar.

—Es él.

—¿Estás segura?

Ella asintió lentamente.

—Era esa voz… la escuché la noche en que murió mi padre.

Gabriel observaba la puerta con el rostro endurecido.

—Entonces ha llegado antes de lo que esperaba.

Adrián giró hacia él.

—¿Lo conoces?

Gabriel no respondió de inmediato.

—Sí.

—¿Quién es?

—Alguien que lleva demasiado tiempo buscando lo mismo que nosotros.

Un golpe seco contra la puerta hizo que Valeria diera un paso atrás.

Adrián tomó su mano.

Esta vez ella no la soltó.

—No tengas miedo —susurró él.

Valeria lo miró.

—No tengo miedo de él.

—¿Entonces?

Ella apretó sus dedos.

—Tengo miedo de recordar.

Aquellas palabras hicieron que Adrián bajara la mirada.

Sabía que el verdadero peligro no estaba únicamente detrás de aquella puerta.

También estaba dentro de ella.

En sus recuerdos.

En aquello que su mente había protegido durante tantos años.

Otro golpe.

—Valeria —dijo la voz—. Sé que estás ahí.

Gabriel se acercó lentamente a la puerta.

—No abras.

Adrián lo miró con desconfianza.

—¿Por qué?

—Porque si entra, tendremos que enfrentarnos a algo mucho peor que un hombre armado.

—¿Qué?

Gabriel clavó los ojos en Valeria.

—A la verdad.

Valeria sintió un escalofrío.

—Déjalo entrar.

Adrián negó inmediatamente.

—No.

—Adrián…

—No voy a arriesgarte.

Ella se acercó hasta quedar frente a él.

—Toda mi vida alguien ha decidido qué puedo saber y qué debo olvidar.

Le sostuvo la mirada.

—Ya no.

Adrián quiso responder, pero se quedó callado.

Había algo diferente en ella.

Ya no era la mujer que había conocido semanas atrás.

Ya no estaba huyendo.

Estaba preparada para enfrentar aquello que durante años le habían ocultado.

Gabriel observó la escena en silencio.

—Tiene razón.

Adrián se volvió hacia él.

—No necesito que estés de acuerdo conmigo.

—No estoy de acuerdo contigo.

Gabriel se acercó a Valeria.

—Estoy de acuerdo con ella.

Entonces se escuchó el sonido de una llave entrando en la cerradura.

Adrián reaccionó inmediatamente.

Sacó el arma que llevaba oculta.

Valeria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

La puerta comenzó a abrirse.

Primero apareció una mano.

Después, un hombre alto entró lentamente en la habitación.

Vestía un abrigo oscuro.

Tenía el cabello ligeramente húmedo por la lluvia y una expresión tranquila, casi inexpresiva.

Pero lo que hizo que Valeria sintiera que la sangre abandonaba su rostro fue el anillo.

Negro.

Con el mismo símbolo grabado en su superficie.

El mismo símbolo de su colgante.

Adrián levantó el arma.

—No des un paso más.

El hombre sonrió apenas.

—Sigues siendo igual que tu padre.

Adrián frunció el ceño.

—No menciones a mi padre.

—Entonces deberías preguntarte por qué él me conocía.

Valeria dio un paso adelante.

—¿Quién eres?

El hombre la miró.

Y durante unos segundos no dijo nada.

Parecía estar observándola como si intentara encontrar en su rostro a la niña que había visto años atrás.

—Me llamo Samuel.

Gabriel palideció.

—No…

Samuel lo miró.

—Veo que todavía sigues vivo.

Gabriel apretó la mandíbula.

—Deberías haber muerto aquella noche.

Samuel soltó una pequeña risa.

—Todos cometimos errores aquella noche.

Valeria sintió un fuerte dolor en la cabeza.

Una imagen apareció de repente.

Una mesa.

El libro.

Su padre.

Alejandro herido.

Gabriel junto a la puerta.

Y aquel hombre.

Samuel.

Estaba allí.

Ella lo había visto.

Lo recordaba.

—Tú… —susurró.

Samuel volvió la mirada hacia ella.

—Sí.

Valeria retrocedió.

—Tú estabas ahí.

—Sí.

—Tú hablaste con mi padre.

Samuel asintió.

—Y fui la última persona que habló con él antes de que todo cambiara.

—¿Tú lo mataste?

El silencio cayó sobre la habitación.

Samuel no respondió.

Y aquella ausencia de respuesta fue peor que cualquier confesión.

Adrián dio un paso hacia él.

—Te hice una pregunta.

Samuel lo miró.

—No fui yo quien disparó.

Valeria cerró los ojos.

Otro recuerdo.

La lluvia.

Su padre gritándole a alguien.

Una voz diciendo:

“Si entregas el libro, ella vivirá.”

Valeria abrió los ojos de golpe.

—El libro…

Samuel la observó con atención.

—Por fin.

Gabriel se tensó.

—No la presiones.

Samuel sonrió.

—No necesito hacerlo. Su memoria está regresando sola.

Valeria se llevó una mano a la cabeza.

—Mi padre tenía el libro.

—Sí.

—¿Dónde está?

Samuel negó lentamente.

—No lo sé.

Gabriel soltó una risa amarga.

—Mientes.

—No. Y tú lo sabes.

Adrián intervino.

—Entonces, ¿qué quieres?

Samuel miró a Valeria.

—A ella.

Adrián levantó el arma un poco más.

—No vas a llevártela.

—No vine a llevármela.

Samuel hizo una pausa.

—Vine a advertirle.

Valeria lo miró confundida.

—¿Advertirme de qué?

Samuel respiró profundamente.

—De tu propio padre.

Valeria se quedó paralizada.

—¿Qué estás diciendo?

—Julián no te contó toda la verdad.

Gabriel cerró los ojos.

—No empieces con eso.

Samuel continuó:

—Tu padre no escondió el libro solamente para protegerte.

Valeria sintió que algo dentro de ella se quebraba.

—Entonces, ¿por qué?

Samuel miró directamente sus ojos.

—Porque el libro contiene algo que incluso quienes lo buscan desconocen.

—¿Qué?

Samuel bajó la voz.

—Tu nombre.

Valeria sintió un escalofrío.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tendrá cuando recuerdes lo que ocurrió en la habitación siete.

La respiración de Valeria se detuvo.

Habitación 7.

La misma habitación que había aparecido en sus recuerdos.

La misma donde había estado el libro.

Samuel dio un paso hacia ella.

Adrián se interpuso.

—Ni uno más.

Samuel levantó las manos.

—Está bien.

Después miró a Adrián.

—Tu padre me pidió que te dijera algo si alguna vez encontrabas a Valeria.

Adrián quedó inmóvil.

—¿Qué?

Samuel sostuvo su mirada.

—Que no la protejas de la verdad.

Hizo una pausa.

—Protégela de quienes harán cualquier cosa para impedir que la recuerde.

Adrián no respondió.

Samuel sacó algo de su bolsillo.

Un pequeño sobre.

Lo dejó sobre la mesa.

—Esto pertenecía a Julián.

Valeria se acercó lentamente.

—¿Qué contiene?

Samuel miró hacia la puerta.

—La primera parte de la verdad.

Antes de que alguien pudiera detenerlo, salió de la habitación.

Adrián corrió hasta la puerta.

—¡Samuel!

Pero el pasillo estaba vacío.

Solo quedaba el sonido de la lluvia.

Valeria permaneció frente al sobre.

No quería abrirlo.

Porque, por primera vez, comprendió algo.

Tal vez había pasado toda su vida creyendo que necesitaba recuperar sus recuerdos.

Pero quizá sus recuerdos no habían desaparecido.

Quizá alguien se había asegurado de que ella no pudiera soportar la verdad.

Adrián regresó junto a ella.

—No tienes que abrirlo esta noche.

Valeria lo miró.

—Sí.

—Valeria…

Ella tomó el sobre.

—He esperado demasiado.

Sus dedos temblaron al romper el sello.

Dentro había una fotografía.

Valeria la tomó.

Era una fotografía antigua.

Ella reconoció inmediatamente la casa.

La casa de su infancia.

Pero había algo más.

En la fotografía aparecían cuatro personas.

Julián.

Alejandro.

Gabriel.

Y Samuel.

Los cuatro estaban frente a la misma puerta.

La puerta de la habitación siete.

En el reverso había una frase escrita por su padre.

Valeria la leyó en voz alta:

—“Si alguna vez recuerdas esta noche, no confíes en quien te diga que yo quería esconderte la verdad.”

Adrián la miró.

—¿Qué más dice?

Valeria giró la fotografía.

Debajo de la primera frase había otra.

Más corta.

Más inquietante.

“Porque fui yo quien pidió que te hicieran olvidar.”

Valeria dejó caer la fotografía.

Y por primera vez comprendió que quizá la persona que había protegido sus recuerdos durante todos esos años…

había sido la misma que ordenó borrarlos.

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Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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