Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.
Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.
El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.
Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.
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Capítulo 20: Fuera del libreto.
Kevin llegó dos horas después.
Lo vi desde la ventana de mi habitación. Bajó del auto con la tranquilidad de quien no tiene prisa. Pantalones de lino color crudo, anchos, ligeros. Camisa de hilo blanca, impecable, con las mangas remangadas hasta el antebrazo. Sin corbata, sin chaqueta y unas gafas de sol que le daban un aire de sofisticación sin esfuerzo. Nada extravagante, nada llamativo, solo él.
Mierda, pensé, el muy hijo de puta sabe vestir.
Bajé las escaleras. Cuando entré al salón, Kevin ya estaba ahí, de pie, con Elvira sonriéndole como si fuera su hijo favorito y Rodrigo estrechándole la mano con esa formalidad suya que parecía sacada de un manual de etiqueta.
—Kevin, qué alegría —dijo Elvira—. ¿Te quedas a comer?
—Si no es molestia.
—Ninguna. Ian, ven, saluda.
Ya estaba saludando, no hacía falta que me lo recordara.
—Kevin.
—Ian.
Nos miramos. Él no sonrió, yo tampoco, pero algo en su mirada cambió., algo se relajó, como si hubiera estado esperando este momento. Y mientras Elvira revoloteaba a su alrededor, ofreciéndole té, galletas, cualquier cosa que se le ocurriera, me di cuenta de algo. Las mismas frases, las mismas palabras. Elvira invitándolo a comer, Kevin diciendo "si no es molestia". Hasta parece que se aprendieron un guion, pensé, el mismo de la otra vez, como si ninguno de los dos supiera decir otra cosa.
—Siéntense —dijo Elvira—, voy a preparar algo.
Nos sentamos. Kevin en el sofá, yo en el sillón enfrente, manteniendo distancia como la última vez.
Y entonces Rodrigo empezó.
—¿Cómo va el consejo de administración, Kevin?
—Bien. Las últimas reuniones han sido productivas.
—¿Y la facultad? ¿Los exámenes?
—Los tengo en junio, pero voy al día.
—Me alegro. Tu padre me comentó que estás llevando la expansión del sur, un proyecto ambicioso.
—Sí, es ambicioso pero necesario.
Y así. Y así. Y así. Negocios, empresas, inversiones. Kevin respondía con educación extrema, con calma, con esa pose de heredero perfecto que ya conocía. Pero yo no quería eso, no quería ver al Kevin perfecto, quería al Kevin del teléfono. Al que dudaba, al que sonaba cansado, al que se reía con una risa ronca. Al que existía fuera del libreto.
—Rodrigo —dije, cortándolo en medio de una frase sobre no sé qué fusión—. No creo que Kevin haya venido a hablar de la empresa. Es sábado.
Rodrigo me miró sorprendido, Kevin también, oero en sus ojos había algo más, algo parecido al alivio.
—Tienes razón —dijo Rodrigo, después de un segundo—. Perdona, Kevin, a veces me emociono.
—No hay nada que perdonar, señor Mendoza.
Señor Mendoza, claro. El muy correcto.
—Oye, Kevin —dije—. ¿Salimos? Hace buen día y no quiero quedarme aquí encerrado escuchando cómo se hunden las acciones.
Elvira apareció en ese momento, con una bandeja de té y galletas.
—¿Salir? ¿A dónde?
—A dar una vuelta —dije—. Volvemos pronto.
Kevin me miró por un segundo, luego asintió.
—Claro, si no es molestia.
—Ninguna —dijo Elvira—. Pero ten cuidado con él, Kevin.
—Siempre.
Kevin se levantó, se giró hacia Rodrigo.
—Señor Mendoza, ¿me permite llevar a Ian a dar una vuelta? Hay un café con jardín cerca de aquí, en el centro. Es tranquilo, volveremos antes de la comida.
Rodrigo asintió, aprobando.
Típico del alfa más correcto del mundo, pensé. Pide permiso, especifica el lugar, promete volver temprano, como si en lugar de llevarme a un café me estuviera llevando a un país en guerra.
Pero no dije nada, solo me levanté y salí detrás de él.
El auto de Kevin olía a sándalo y cedro, a él. Me senté en el asiento del copiloto, cerré la puerta y Kevin, antes de arrancar, bajó las ventanillas, las cuatro, solo un poco, lo justo para que corriera el aire.
—Perdona —dijo—. Es que en un espacio cerrado, mi olor se concentra y a veces es demasiado.
Lo miré. Se había puesto las gafas de sol, no podía verle los ojos, pero algo en su postura me dijo que estaba incómodo, avergonzado, incluso.
—No me molesta —dije.
—Ya, pero igual, prefiero que corra el aire.
No insistí, él tampoco, solo arrancó y el viento empezó a colarse por las ventanillas, suave, fresco; llevándose el olor a sándalo y cedro, pero no del todo. Porque ese olor era persistente, se quedaba en la piel, en la ropa, en el aire. Como un rastro que no podía quitarme de encima.
—¿A dónde vamos? —pregunté.
—A un sitio. Creo que te va a gustar.
—¿Y si no me gusta?
—Entonces me lo dices y buscamos otro.
Sonreí, sin querer, pero sonreí.
Condujo en silencio, un silencio cómodo de esos que no pesan, de esos que no necesitan llenarse. Yo miraba por la ventana las calles, la gente, los árboles y de vez en cuando, lo miraba a él de reojo. Su perfil, sus manos en el volante, su mandíbula, las gafas de sol que seguía sin quitarse y pensaba en sus ojos avellana que no podía ver, pero que sabía que estaban ahí, detrás de los cristales oscuros.
—¿Qué? —preguntó, sin girarse.
—Nada, que conduces bien.
—Gracias. Creo.
—¿Eres bueno en todo?
—No, pero me esfuerzo.
—Eso ya lo dijiste por teléfono, que te esfuerzas por hacer lo correcto.
—Y sigo manteniéndolo.
—Pues deberías dejar de hacerlo. A veces.
Kevin no respondió, pero su expresión cambió, se relajó un poco, solo un poco. Y por un segundo, pensé que iba a quitarse las gafas, pero no lo hizo.
———
El sitio era un café con jardín, escondido entre calles estrechas. Con mesas de madera, sillas de hierro forjado, una pérgola cubierta de enredaderas y un pequeño estanque con peces de colores.
No era mi estilo, era demasiado tranquilo, demasiado... no sé. Pero tenía que admitir que Kevin sabía elegir, el sitio era bonito, sin pretensiones. Como si hubiera pensado en Ian, en lo que a Ian le gustaría. Y entonces, sin poder evitarlo, pensé en Karl, en cómo nunca se le habría ocurrido traerme a un sitio así, en cómo ni siquiera sabía qué le gustaba a Ian. En cómo en todos esos años, nunca se había fijado en nada que tuviera que ver con él.
Debí cambiar de expresión porque Kevin me miró y frunció el ceño.
—¿Estás bien?
—Sí, solo... pensaba en Karl.
Kevin no dijo nada, solo esperó.
—Que siendo mi prometido, ni siquiera sabe lo que me gusta, nunca se ha molestado en averiguarlo. Y tú, sin embargo, me traes a un sitio que ni siquiera sabía que existía, un sitio que... no sé. Que me gusta.
Kevin bajó la vista y algo en su expresión cambió. Se tensó muy sutilmente, pero yo lo noté. Y entonces me di cuenta. Estaba haciendo lo mismo que Ian; que siempre hablaba de Karl, que siempre pensaba en Karl. Ian, que siempre comparaba todo con Karl, incluso cuando Kevin estaba ahí. Incluso cuando Kevin hacía algo por él.
Mierda.
—Perdona —dije.
—¿Por qué?
—Por mencionarlo otra vez. Estás aquí, trayéndome a un sitio bonito, y yo hablando de él. Como si no supiera apreciar lo que haces.
Kevin me miró largamente, sin parpadear.
—No pasa nada.
—Sí pasa. Pero no voy a seguir hablando de él, no ahora.
Kevin asintió, lento, y su expresión se suavizó un poco.
—Karl no se fija en nadie que no sea él mismo —dijo.
—Ya lo sé.
—Pero ahora tú sí te fijas en las cosas, en la gente, en los detalles.
—Tú también.
—Sí. Por eso sabía que este sitio te iba a gustar.
Me quedé callado, mirándolo, y por primera vez, no pensé en Karl, n pensé en Ian, solo pensé en él. En Kevin.
—Gracias —dije.
—¿Por qué?
—Por traerme aquí, por... no sé. Por acordarte.
Kevin sonrió, una sonrisa pequeña, genuina.
—De nada.
———
Hablamos de tonterías. De la universidad, de sus compañeros, de un profesor que odiaba, de una asignatura que se le atragantaba. Y entonces, quise saber más. Quería saber quién era Kevin cuando no estaba siendo el heredero perfecto.
—Cuéntame algo de ti —dije—. No del heredero Valois, de Kevin.
—Es lo mismo —contestó.
—No lo es.
Kevin no dijo nada.
—¿Cómo es la vida universitaria cuando no estás en los salones de clases? —insistí—. Dicen que las fiestas de las fraternidades son una completa locura. ¿Has ido a alguna?
—¿Por qué te interesa eso?
—Ya te lo dije. Quiero saber quién es Kevin cuando no está siendo perfecto —dije con una sonrisa.
Kevin me miró con una expresión que no supe descifrar del todo, pero era evidente que me estaba analizando.
—He ido a algunas —dijo.
—Lo sabía —respondí con una sonrisa—. Así que también sabes divertirte.
—Esas fiestas no son divertidas, Ian —dijo serio—. Son peligrosas.
—¿Qué estás diciendo? ¿Ahora divertirse es peligroso?
—No. El peligro está en perder el control y en esos lugares pasa muy a menudo.
—¿Qué hay de malo con no tenerlo todo bajo control de vez en cuando? —pregunté.
Kevin se quedó en silencio, mirándome, y por un segundo pensé que no iba a responder.
—No me gusta perder el control de mí mismo —dijo al fin—, porque no sé lo que podría pasar.
Y esa respuesta, tan honesta, tan vulnerable, me dejó sin palabras.
—A veces no saber qué va a pasar es lo más interesante —dije.
Kevin me miró y entonces, contra todo pronóstico, se rió, con esa risa ronca qué había escuchado por teléfono. Y yo me reí con él, como dos idiotas, como dos personas que no tienen nada que ver con este mundo de apariencias.
Y en medio de eso, levanté la vista y se me congeló la risa en la cara. Karl estaba al otro lado del jardín, solo, con las manos en los bolsillos, serio, mirándonos.
Y cuando nuestros ojos se encontraron, empezó a caminar hacia nosotros.
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Kevin, demuestre lo que realmente vale saber y querer saber del que te gusta 😉.
Será que la madre de Ian les dijo a donde iban estos dos a Karl??? 👀