Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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CENA FAMILIAR
KRISTEN WHITAKER
La madre de Dante miró nuevamente el pastel con agradecimiento porque parecía haber llegado en el momento perfecto.
--Muchísimas gracias. De verdad. No tenían por qué molestarse
--No es ninguna molestia-- respondió mamá-- Espero que les guste
--Estoy segura de que sí. Huele delicioso
La mujer dejó el pastel sobre una de las pocas superficies que todavía no estaban ocupadas por cajas y suspiró mientras echaba un vistazo alrededor.
--Todavía no puedo creer la cantidad de cosas que tenemos. Creo que cuando termine de acomodarlo todo voy a necesitar otras dos casas
Mamá soltó una risita.
--Las mudanzas siempre parecen interminables
--Y eso que apenas empezamos-- La mujer se volvió hacia ella-- Por cierto, ¿ustedes conocen bien la zona?
--Bastante. Vivimos aquí desde hace casi tres años
--Qué suerte. Porque todavía estamos completamente perdidos-- Se llevó una mano a la frente, como si acabara de recordar algo importante-- Necesito comprar algunas cosas para la casa y no tengo idea de dónde hay un supermercado cerca. Pensé que encontraría uno fácilmente, pero desde que llegamos no hemos hecho más que sacar cajas del camión
--Hay uno bastante bueno a unas pocas calles de aquí-- le explicó mamá-- También hay una farmacia cerca, y si necesitan comprar algo para la cena...
--Justamente ese es otro problema-- la interrumpió la mujer con una pequeña carcajada-- No hemos tenido tiempo ni siquiera de pensar qué vamos a comer esta noche porque no se en que parte están las cacerolas ni los platos
Mamá la miró durante un instante. Después sonrió.
--Entonces no se preocupen por eso
La mujer pareció no entender.
--¿Cómo?
--¿Qué les parece si vienen a cenar a nuestra casa esta noche?
La expresión de la mujer cambió inmediatamente.
--No, no, de ninguna manera. Ya hemos recibido suficiente ayuda por hoy
--No es ayuda. Es una invitación
--Pero acabamos de llegar y...
--Precisamente por eso. Así pueden terminar de acomodar algunas cosas sin preocuparse por preparar la cena
La mujer vaciló. Mamá continuó antes de que pudiera negarse.
--Además, nuestros niños tienen prácticamente la misma edad. Podrían jugar un rato mientras nosotros conversamos
Sentí que mamá me miraba. Yo permanecí muy quieta. No estaba de acuerdo con aquella última parte.
Dante tampoco parecía particularmente emocionado con la idea. Seguía junto al pasillo, con las manos metidas en los bolsillos y aquella expresión de niño que parecía considerar que todo lo que sucedía a su alrededor era ligeramente aburrido.
--¿Qué dices, Dante?-- preguntó su madre
Él se encogió de hombros.
--Me da igual
Lo miré con cierta indignación. A mí no me daba igual. Yo no quería jugar con él.
Mucho menos quería tenerlo sentado en mi casa durante la cena.
Sin embargo, antes de que pudiera expresar mi opinión, mi madre ya estaba sonriendo.
--Perfecto. Entonces queda decidido
La madre de Dante terminó aceptando, probablemente porque comprendió que aquella invitación le permitiría dedicar unas horas más a la mudanza sin tener que preocuparse por conseguir comida para su familia.
--Muchas gracias. De verdad. Iremos más tarde
--No tienen que traer nada
--Al menos déjame ayudarte con algo
--Solo traigan a Dante
Mi madre lo dijo con tanta naturalidad que acabó riendo y la madre del niño igual. Yo no. Y, por alguna razón, tampoco Dante.
En ese momento todavía no sabía que aquella cena sería apenas la primera de muchas ocasiones en las que nuestras familias decidirían que nosotros dos debíamos estar juntos.
Ellos lo llamarían amistad.
Nosotros todavía no habíamos encontrado una palabra apropiada para describirlo.
Cuando regresamos a casa, mamá comenzó a preparar todo para la cena. La observé desde la cocina mientras acomodaba los platos sobre la mesa y sacaba los cubiertos del cajón. Parecía bastante contenta con nuestros nuevos vecinos, como si llevar un pastel a una casa llena de cajas y conseguir que una familia desconocida aceptara cenar con nosotros fuera exactamente lo que había esperado que sucediera aquel día.
--Kristen, ¿por qué no vas a cambiarte?-- me preguntó mientras colocaba los vasos
Miré mi vestido rosa antes de responder. Seguía limpio y, después de todo el esfuerzo que había hecho aquella mañana para elegirlo, no veía ninguna razón para quitármelo.
--¿Por qué? Este vestido está limpio
Mamá sonrió y terminó de acomodar un vaso junto al plato de mi padre.
--Lo sé. Solo pensé que quizá quisieras ponerte otro porque vamos a tener invitados
Consideré la posibilidad durante unos segundos, pero finalmente negué con la cabeza. El vestido rosa seguía siendo mi favorito y, además, no entendía por qué debía cambiarlo si apenas lo había usado unas horas.
--No quiero
--Está bien-- respondió ella, sin insistir
Me quedé apoyada contra la mesa, observándola mientras terminaba de preparar la cena. Sin embargo, aunque intentaba concentrarme en lo que estaba haciendo, no podía dejar de pensar en Dante. Lo había conocido hacía pocas horas y ya tenía una opinión bastante clara sobre él. Era desprolijo, parecía maleducado y, por lo que había demostrado hasta ese momento, no tenía ningún interés en hacer amigos. Yo tampoco quería hacerme amiga suya, por supuesto, pero eso no significaba que no me molestara descubrir que él tampoco parecía interesado en conocerme.
Cuando llegó la hora de la cena, escuchamos el timbre. Mamá se apresuró a secarse las manos con un paño antes de dirigirse a la puerta, mientras yo permanecía cerca de la mesa intentando aparentar que la llegada de nuestros invitados no me importaba demasiado. La verdad era que sentía cierta curiosidad. Quería saber si Dante seguiría comportándose igual de desagradable después de haber pasado unas horas en su nueva casa.
La puerta se abrió y apareció su madre acompañada de su esposo. Detrás de ellos estaba Dante, mucho más limpio que cuando lo habíamos conocido aquella tarde, aunque su cabello seguía teniendo aquella apariencia desordenada que parecía formar parte de él.
Lo primero que pensé fue que se veía mejor así.
Lo segundo fue que jamás se lo diría.
--Pasen-- dijo mamá con una sonrisa-- Nos alegra mucho que hayan venido
Los adultos comenzaron a saludarse y conversar mientras yo permanecía cerca de la mesa. Dante entró detrás de sus padres y miró alrededor con curiosidad. Parecía estar examinando nuestra casa, aunque no con la misma atención que habría tenido yo si hubiera entrado en una casa desconocida. Finalmente, sus ojos se detuvieron en una de las sillas.
Sobre ella estaba mi muñeca favorita.
Dante se acercó, la tomó entre las manos y la observó durante unos segundos antes de mirarme.
--¿Es tuya?
Asentí.
--Sí. Se llama Sophie
Él volvió a mirar la muñeca, examinándola con una seriedad que me hizo pensar que quizá estaba considerando algo importante. Sin embargo, cuando finalmente habló, su comentario fue completamente diferente de lo que esperaba.
--Es fea
Lo miré horrorizada.
--¡No es fea! Es preciosa
Dante levantó una ceja y volvió a observar la muñeca. Después sonrió de una manera extraña, pequeña y satisfecha, como si acabara de descubrir algo que yo todavía no comprendía.
--No es preciosa
--Sí lo es. Me la regaló mi papá
--Entonces tu papá eligió mal
Sentí que aquello era una ofensa personal, tanto contra Sophie como contra mi padre, y me acerqué para quitarle la muñeca de las manos.
--Dámela
Dante levantó el brazo justo cuando intenté alcanzarla, obligándome a estirarme todo lo que podía. No llegué y él soltó una carcajada que me hizo enfadar todavía más.
--¡Dante!
--¿Qué?-- preguntó, fingiendo inocencia
--¡Devuélvemela!
--Alcánzala
Volví a saltar para intentar quitársela, pero él era un poco más alto que yo y mantenía el brazo fuera de mi alcance con una facilidad desesperante. Yo estaba demasiado concentrada en recuperar a Sophie como para notar que los adultos habían dejado de conversar y ahora nos observaban con diversión.
--Dante-- intervino finalmente su madre-- devuélvesela a Kristen
Él bajó el brazo y me entregó la muñeca. La tomé de inmediato y la abracé contra mi pecho, comprobando que estuviera exactamente como antes.
--Gracias-- murmuré, aunque no tenía ninguna intención de agradecerle realmente
Dante sonrió otra vez.
--De nada, princesa
Fruncí el ceño. No me gustaba que me llamara así, sobre todo porque había algo en su expresión que me hacía sospechar que lo hacía precisamente porque sabía que me molestaba.
--No soy una princesa
--Sí lo eres
--No
--Sí
—¡No!
Los adultos comenzaron a reír y yo los miré sin entender qué tenía de gracioso. Para mí, aquello no era un juego. Dante había insultado a mi muñeca, había ofendido a mi padre y ahora estaba llamándome princesa solo para hacerme enojar.
Muchos años después comprendí que probablemente todos habían pensado que aquella discusión infantil era adorable. También comprendí que, aunque ninguno de los dos podía saberlo aquella noche, Dante acababa de descubrir algo que utilizaría durante muchos años: conseguir que yo perdiera la paciencia era demasiado fácil y, para él, aparentemente demasiado divertido.
Yo, por mi parte, tardaría un poco más en descubrir que aquel niño desordenado que acababa de entrar en mi casa no solo iba a convertirse en mi vecino, sino también en la única persona capaz de sacarme de quicio con una facilidad casi ofensiva.
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏