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La exesposa de pueblo que todos subestimaron

La exesposa de pueblo que todos subestimaron

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Mujer poderosa / Equilibrio De Poder / Juego de roles / Amante arrepentido
Popularitas:607
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Durante tres años, Sofía Serrano intentó ser la esposa perfecta. Para Diego Ferrer, sin embargo, seguía siendo una muchacha de pueblo, sin un apellido importante ni nada que ofrecer.
Cuando regresa la mujer que él nunca pudo olvidar, Diego le exige el divorcio. Sofía firma y se marcha. Creía que aquel hombre le había salvado la vida, pero ya no piensa entregarle también su futuro.
Lo que Diego desconoce es que su esposa ocultaba mucho más que sus heridas: es una médica legendaria, una piloto extraordinaria y una experta capaz de descubrir los secretos mejor guardados.
Ahora, quienes se burlaban de ella empiezan a buscarla. Y Alejandro Montenegro, el magnate al que nadie se atreve a desafiar, parece decidido a ganarse un lugar a su lado.
Pero Alejandro sabe demasiado. Una mirada, una cicatriz y los recuerdos de un accidente hacen que Sofía cuestione todo lo que creía cierto.
¿Quién la salvó realmente? ¿Y por qué el hombre más poderoso de la ciudad parece conocerla desde mucho antes?
Cuando Diego comprende a quién dejó escapar, Sofía ya ha aprendido a elegir por sí misma.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18. ¿Es su novio?

—Sube.

Alejandro se quitó el casco.

Sofía lo miraba sin entender. ¿Qué hacía allí? ¿Y por qué iba en moto?

Lo había visto casi siempre con traje, impecable y sereno. Le costaba relacionar aquella imagen con el motociclista de cuero negro que tenía delante.

El mismo hombre que parecía pertenecer a una sala de reuniones estaba allí, con una moto y listo para llevarla. La combinación de sorpresa y desconcierto la dejó quieta unos segundos, a pesar de la urgencia con que había estado corriendo.

—¿Sofía? ¿Qué pasa?

Ella reaccionó. No era momento de hacer preguntas.

Se acercó, todavía sorprendida.

—¿Cómo llegó aquí? ¿Desde cuándo conduce una moto?

Alejandro le tendió la mano.

—Sube. Te llevo al hospital.

Sofía lo tomó de la mano. El contacto cálido y firme le dio algo de tranquilidad.

Se puso el casco de repuesto y subió al asiento trasero, sujetando con cierta timidez la chaqueta de Alejandro.

—Agárrate bien.

Él volvió a ponerse el casco y arrancó.

El viento golpeaba a su alrededor. Sofía terminó abrazándole la cintura y, por un momento, la angustia se hizo más llevadera.

El motor cubría el ruido de la calle y el paisaje retrocedía deprisa. Ya no tenía que calcular cuánto podía correr ni pelear con la inmovilidad del tránsito. Alejandro se encargaba de llegar y ella podía concentrarse en sujetarse, con la certeza de que el hospital estaba cada vez más cerca.

Pronto llegaron a la entrada de Urgencias.

Alejandro bajó primero y le ofreció la mano. Sofía la tomó para descender, pero en cuanto apoyó los pies en el suelo, las piernas le fallaron.

Durante el trayecto había estado demasiado pendiente de llegar para notar cuánto se había exigido. Al detenerse y aflojar la tensión, el cansancio de la carrera se hizo evidente de golpe.

Él la sostuvo de inmediato.

—¿Estás bien?

—Sí. Solo estoy cansada.

Respiró hondo para recuperar la calma.

—Gracias otra vez. Le debo otro favor.

—Luego hablamos de eso. Vamos a ver a tu mamá.

Entraron juntos.

Una enfermera joven se acercó a ellos.

—¿Son familiares de Rosario Vega?

Sofía dio un paso al frente.

—Soy su hija. ¿Cómo está?

—Está estable. La fractura es importante, pero ahora descansa en observación.

La enfermera miró a Alejandro y después a Sofía, con una sonrisa.

—¿Él es su novio? Qué atento, acompañarla hasta aquí.

Sofía se quedó un instante sin saber qué decir.

—No, no es mi novio. Es un amigo.

Alejandro no la corrigió ni añadió nada. Apenas se le dibujó una sonrisa mientras la observaba.

—Un amigo muy atento, entonces —comentó la enfermera—. La trae personalmente y se preocupa tanto por usted… Pensé que eran pareja.

A Sofía le ardieron las mejillas.

Sabía que la mujer bromeaba sin mala intención, pero la situación la incomodaba. Todo el mundo decía que Alejandro había rechazado a las mujeres que su madre intentaba presentarle. Algunas habían salido huyendo de aquellas citas.

—De verdad, solo somos amigos.

—Está bien, amigos —respondió la enfermera, alargando la última palabra con una sonrisa—. Venga conmigo, le mostraré dónde está su mamá.

No parecía convencida, pero tuvo la delicadeza de dejar el tema. Sofía había intentado explicar algo sencillo y se había puesto tan nerviosa que lo había hecho parecer más complicado. Tener a Alejandro escuchando a su lado no la ayudaba.

Sofía soltó el aire, aliviada, y la siguió. Alejandro caminó detrás de ella.

Al llegar a la sala de observación, notó que tenía la ropa pegada a la espalda por el sudor. La carrera y los nervios la habían dejado sin fuerzas.

Alejandro también lo advirtió.

—Voy a comprarte agua.

Sofía sintió de pronto lo seca que tenía la garganta. Pero acababa de pedirle ayuda otra vez y no quería molestarlo más.

—No hace falta. Primero veo a mi mamá y después…

—Voy por ella. Tú entra.

Se alejó antes de que Sofía pudiera protestar.

Ella respiró hondo, agradecida, y abrió la puerta.

Su madre no estaba sola.

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