Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?
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Capítulo 4: Alguien regresó a Everfrost.
— ¿Te enteraste?
La pregunta de la encargada de la tienda llama mi atención, la otra mujer parada en el cajero mientras saca el dinero para pagar sus compras responde sin entender.
— ¿De que?
— Del regreso del hijo de los Rowen.
— Ah, cierto. Yo también escuché algo. Dicen que regresó porque extrañaba a sus padres —responde ella recargándose sobre el mostrador mirando a la trabajadora, ambas preparándose para contarse lo que sabían.
Sin intención de escuchar aquella conversación caminé hacia el cajero para pagar.
La mujer se hizo a un lado y me dejó colocar mis cosas frente a la otra.
— Son cien pesos. No creo que haya sido así, tal vez regresó porque los estudiantes están en temporada de vacaciones.
Saqué el dinero y se lo entregué, luego tomé el bolso y me encaminé hacia la salida de la tienda.
— No lo sé, pero hace mucho que no volvía.
Fue lo último que escuché antes de salir completamente del lugar.
Con mis audífonos anulando el ruido del exterior crucé la fría calle con pasos lentos.
Al desviar por otra esquina lo ví.
El chico que había visto desde la veterinaria al otro lado de la calle y al frente de la tienda por donde había pasado.
Creyendo ver mal y confundir a las personas, mis ojos lo escanearon de pies a cabeza.
Llevaba una sudadera verde oscura con capucha, anteojos y pantalones negros. Sin duda el mismo chico de la primera vez.
Esta vez reducí la velocidad de mis pasos mirando indiscretamente hacia su dirección confirmando que él también me observaba con mas discreción.
Cuando se dio cuenta que iba caminando hacia él, rápidamente desvió la mirada y salió casi huyendo.
Y eso fue raro, demasiado extraño, ¿Por qué alguien estaría espiándome? No había razón para ello, no había hecho nada malo, ni siquiera había vuelto a utilizar mi poder espiritual para algo desde hace cuatro meses.
Pensando en lo que podría haber hecho llegué a casa, después de poner las compras en la cocina volví a mi habitación.
Todavía pensando en ese chico extraño me metí al baño para darme una ducha y relajarme. Al salir, mientras me secaba el cabello mi móvil sonó, un mensaje.
Tomé asiento en el escritorio abriendo la aplicación de mensajería: Melanie. Era ella otra vez y seguido de esos mensajes.
Una llamada.
Encendí el altavoz luego comencé a arreglar el estante de la pared donde los libros estaban hechos un desastre.
— Cristani, hola —saluda en voz baja.
— Hola, ¿Para qué llamaste? —Pregunté directamente haciendo que al otro lado de la línea se escuche una risa.
— No tienes que ser grosera, ¿Sabes?
No hubo otro comentario, más que el ruido suave de mis libros siendo limpiados y puestos en su lugar.
— ¿Realmente vendrás?
— Sí —respondí en un tono cortante.
— Estoy feliz.
— Yo no puedo decir lo mismo.
Agregué y después de terminar con lo que estaba haciendo volví al escritorio con un nuevo libro en manos. Melanie no parecía querer decir algo más, solo mantuvo el silencio.
— Apagaré mi teléfono —le avisé y al siguiente segundo se escucha un carraspeo de garganta seguido de las siguientes palabras.
— ¿Podemos hacer una videollamada? Quiero ver tu rostro. Para saber si engordaste —se explica de inmediato. Como si supiera que le preguntaría. Suspiré colocando el móvil en un lugar para que pudiera enfocarme y parte de la habitación. Entonces encendí la cámara. Esperé unos segundos hasta que la cámara comenzó a mostrar mi habitación y luego la de ella.
— ¡Hola! —Volvió a saludar sonriendo acercándose y acomodando su cámara, observé su rostro detenidamente dándome cuenta que si había ganado algo de peso.
— Ganaste peso —Le comento y ella sonríe sentándose en lo que parece su escritorio de fondo se puede apreciar su cama, por lo que debía estar en su habitación.
— Un poco, aunque pronto voy a empezar a hacer dieta para volver a mi forma de antes.
— ¿Es necesario?
— ¿Que?
—Bajar de peso.
Baja la mirada, antes de responder mientras juguetea con sus dedos, señal de que está incómoda.
—No me siento bien con mi cuerpo actual, ¿y si a Henry no le gusto?
— ¿Henry? —enarqué una ceja con confusión, ¿Que tiene que ver Henry con eso?
— No, quiero decir...es que...yo, lo siento —finalizó mordiéndose los labios con fuerza mientras aprieta sus dedos en su regazo, como queriendo que la tierra la trague justo en ese instante. Y en ningun momento levantó la cabeza para mirarme. Su comportamiento me resulta extraño, pues ella no solía comportarse así antes.
— Melanie —la llamé con seriedad.
Y ella levantó la cabeza exaltada y la vuelve a bajar segundos después.
— Melanie, ¿Que tiene que ver Henry con lo que estás diciendo?
— Yo...de verdad no era mi intención, sé que te gusta Henry, pero también me gusta... no quiero que nuestra amistad termine así...yo...todo es mi culpa —intentó de explicarse con un balbuceo casi incoherente, mis ojos simplemente se enfocaron en su rostro sin entender lo que realmente estaba pasando, por lo que el silencio se prolongó por más tiempo.
— Cris...¿Estás molesta conmigo?
Levantó lentamente los ojos para mirarme, su rostro mostrabs que seguía preocupada y nerviosa. No respondí al instante pues aún no lograba procesar lo que me había dicho.
— Lo siento, de verdad —suplicó, y yo sin entender cómo el problema de su peso tenía algo que ver con Henry.
— ¿Quieres explicarme que está pasando entre ustedes? —Pregunté después de unos segundos.
— Yo...tu sabes que me gustaba, me gusta...—titubeó antes de seguir.
— Y me confesé, pero me rechazó...entonces yo le pregunté, que tipo de chica le gustaba. Y no me respondió, solo dijo que no podía corresponder mis sentimientos.
Cada palabra que decía menos entendía lo que estaba diciendo.
— ¿Acaso no te gustaba otro chico antes? —Le cuestioné tratando de armar el rompecabezas en mi cabeza.
— Sí, pero...la relación no funcionó y me dí cuenta que seguía enamorada de Henry.
— ¿Y? ¿Luego qué pasó?
— Luego, se lo dije a Henry...pero de verdad no sabía que ustedes dos estaban saliendo.
Negó con las manos mientras sus ojos me miran con culpa. Y debo admitir que no entendía nada todavía.
— Sigue hablando —moví la cabeza dándole permiso para seguir con su historia.
— Como yo estaba mal emocionalmente, Henry me consoló. Por eso él y yo nos volvimos cercanos después de un tiempo. Hasta que un día mientras hacíamos una videollamada ví su foto —me miró por un momento para luego volver a bajar la cabeza.
— Estaban ustedes dos ahí y yo...le pregunté el porqué solo ustedes dos...Lo siento, estaba celosa, lo sé, soy estúpida. Me respondió que le gustabas y esa era la razón de su rechazo a mí. Yo estaba a punto de llorar y él agregó que dejaron de hablar sobre ese asunto, que no son nada. Y...por eso me enfoqué en conquistarlo otra vez.
Soltó un pequeño suspiro, tal vez sintiéndose aliviada de por fin contar lo que le molestaba. Y yo al fin entendí el porqué de su reacción, aunque había algo que no comprendía totalmente.
— ¿Y de dónde sacas que salí con Henry?
Ella dejó escapar una risa avergonzada.
— Yo deduje que salieron y que terminaron por cómo lo dijo Henry.
Fruncí el ceño mirándola, pensando cómo decirle que nunca hubo tal cosa.
— Me agrada pero no me gusta, y jamás salimos.
Sus ojos se agrandaron mirándome otra vez, conteniendo su emoción.
— Pero él dijo que le gustabas.
— Le gustaba, tiempo pasado —la corregí y ella no pudo evitar mostrar una sonrisa de oreja a oreja.
— Entonces...él está soltero —murmuró cubriendo su boca. Sus ojos mostraron ese brillo que solo los humanos saben mostrar cuando se ilusionan sobre algo.
— Lo está.
—Pero, pero...¿él ya tuvo alguna relación antes? —Pregunta con inseguridad mirándome esperando un no por respuesta.
— No.
— ¡Ah!
Soltó un grito a la nada y se levantó de su silla para correr y saltar sobre la cama del fondo. Abrazó una almohada apretandola sobre su pecho con fuerza.
Pero luego se detuvo y corrió al escritorio otra vez, mientras yo me mantenía con esa expresión neutral de siempre como si aquello no fuera la gran cosa, aunque realmente me sentía feliz de que ella pudiera estar así: emocionada y feliz.
— ¿Qué? ¿Cómo? ¿Nunca, nunca? —Insistió luego de acomodarse y mirarme tratando de controlar esa sonrisa que amenazaba con volver a aparecer.
— Según lo que me dijo, no. Nunca tuvo tiempo —respondí y una vez más volvió a sonreír.
— ¿No te importa si trato de conquistarlo?
— En lo absoluto.
— ¿En serio?
— Es todo tuyo.
— Gracias. Eres la mejor.
Su sonrisa era hermosa, siempre lo ha sido. Mientras la veía sonreír, me transportaba a meses atrás, años atrás cuando el mundo vivía sumido en un gran miedo, pero aún así ella sonreía de esa manera.
— Entonces, no tienes que hacer dieta.. Solo un poco de ejercicio y mantente saludable.
— Pero...
— No hay peros Melanie, eres hermosa tal cual como eres, no hay necesidad de cambiar por las personas.
Y entonces...
Sus ojos se cristalizaron, una sonrisa tímida apareció en su rostro.
— Eres tan buena conmigo, sin duda eres la mejor. Gracias Cristani.
— Voy a cortar, tengo que cenar y dormir. Debo trabajar mañana —solté cambiando de tema y ella asiente comprendiendo.
— Hablamos mañana, descansa. Ten una linda noche —se despidió.
Y al final, apagué mi celular dejándolo sobre el escritorio nuevamente para ir a cenar, luego dormir.
Porque después de todo, el cuerpo humano necesita descansar y recuperar energía a pesar de que al siguiente día parece que no las tenga.