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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

una verdad incómoda

Valentina no pudo dormir.

El último mensaje seguía dando vueltas en su cabeza.

“Mañana descubrirás quién es realmente Damián Ferrer.”

Había intentado convencerse de que solamente se trataba de una amenaza.

Pero algo en aquellas palabras le decía que no.

A las seis de la mañana, finalmente se levantó.

Se vistió y salió de su habitación.

La mansión todavía estaba silenciosa.

Caminó hasta la cocina para preparar café, pero al pasar frente a una puerta que nunca había visto abierta escuchó voces.

Se detuvo.

—¿Estás seguro?

Era Damián.

Valentina se acercó un poco más.

—Sí, señor —respondió un hombre—. Descubrimos quién está detrás de los mensajes.

Valentina contuvo la respiración.

—¿Quién?

—Todavía no tenemos un nombre.

Damián golpeó la mesa.

—Entonces no tenemos nada.

—Encontramos una pista.

—Habla.

—Los mensajes vienen de un teléfono registrado a nombre de una mujer.

Valentina abrió los ojos.

¿Una mujer?

—¿Quién? —preguntó Damián.

—Isabella.

Valentina sintió que el corazón le daba un vuelco.

Retrocedió rápidamente.

No quería que la descubrieran escuchando.

Regresó a su habitación y cerró la puerta.

Isabella.

Todo comenzaba a tener sentido.

Su aparición inesperada.

Sus comentarios.

La forma en que intentaba hacerla sentir inferior.

Pero Valentina no quería acusarla sin pruebas.

Minutos después, bajó al comedor.

Damián estaba sentado tomando café.

Al verla, levantó la mirada.

—Buenos días.

—Buenos días.

Valentina tomó asiento.

Damián la observó.

—Dormiste poco.

—¿Cómo lo sabes?

—Tienes cara de cansancio.

—Estoy bien.

—No lo estás.

Valentina evitó su mirada.

Damián dejó la taza sobre la mesa.

—¿Quieres contarme algo?

—No.

—Valentina.

—Damián.

Él arqueó una ceja.

—¿Ahora me respondes con mi nombre?

—¿Hay algún problema?

Una sonrisa apareció en sus labios.

—Ninguno.

Valentina tomó un sorbo de café.

—Quiero preguntarte algo.

—Adelante.

—¿Isabella te ha hecho daño alguna vez?

La expresión de Damián cambió.

—¿Por qué preguntas eso?

—Solo responde.

—Sí.

Valentina lo miró.

—¿Qué hizo?

Damián guardó silencio.

—No quiero hablar de ella.

—Entonces no lo hagamos.

Valentina comenzó a levantarse.

Damián la detuvo.

—Pero ten cuidado.

—¿Con ella?

—Con todos.

Valentina volvió a sentarse.

—¿Por qué?

Damián la observó durante unos segundos.

—Porque la gente que está cerca de mí suele terminar pagando por mis enemigos.

Aquella frase hizo que Valentina sintiera un escalofrío.

—¿Por eso no quieres que salga sola?

—Sí.

—¿Y por qué te importa tanto lo que me pase?

Damián no respondió inmediatamente.

—Porque eres mi responsabilidad.

Valentina bajó la mirada.

No sabía por qué aquellas palabras le habían dolido.

Quizás porque una pequeña parte de ella esperaba una respuesta diferente.

Horas después, Damián salió de la mansión.

Valentina se quedó trabajando en su oficina.

Todo parecía tranquilo.

Hasta que escuchó una discusión en el pasillo.

Salió para averiguar qué ocurría.

Encontró a Isabella hablando con Elena.

—Te estoy diciendo que quiero verlo.

—El señor Ferrer no está.

—Entonces esperaré.

Isabella vio a Valentina.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Tú.

—¿Yo?

—Tenemos que hablar.

Valentina cruzó los brazos.

—No tenemos nada que hablar.

Isabella se acercó.

—Sí tenemos.

—¿Qué quieres?

—Alejarte de Damián.

Valentina sintió que su corazón se aceleraba.

—¿Por qué?

Isabella sonrió.

—Porque no sabes quién es.

—Eso me lo han dicho varias veces.

—Entonces deberías escuchar.

—¿Qué sabes tú que yo no sepa?

Isabella se acercó más.

—Damián no ama a nadie.

Valentina permaneció en silencio.

—Nunca lo ha hecho.

—Eso es asunto suyo.

—No.

Isabella negó con la cabeza.

—Ahora también es asunto tuyo.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Isabella sacó su teléfono.

—Mira.

Le mostró una fotografía.

En ella aparecía Damián mucho más joven.

Estaba cubierto de sangre.

A su lado había varios hombres armados.

Valentina sintió que el estómago se le revolvía.

—¿Qué pasó?

—Eso ocurrió hace años.

—¿Qué hizo?

Isabella sonrió.

—Pregúntale.

Valentina apartó la mirada.

—No voy a creer todo lo que me muestres.

—Haz lo que quieras.

Isabella guardó el teléfono.

—Pero cuando descubras la verdad, recuerda que yo intenté advertirte.

Se dio la vuelta.

Antes de marcharse, agregó:

—Y una última cosa.

Valentina la miró.

—Damián no entró en tu vida por casualidad.

Isabella se marchó.

Valentina quedó paralizada.

¿Qué quería decir?

Esa tarde, Damián regresó.

Encontró a Valentina sentada en su oficina.

—Tenemos que hablar.

Damián cerró la puerta.

—¿Qué pasó?

Valentina levantó la mirada.

—Isabella vino.

Su rostro se endureció.

—¿Qué quería?

—Advertirme.

—¿De qué?

Valentina tomó aire.

—De ti.

Damián permaneció inmóvil.

—¿Qué te dijo?

—Que no sabes amar.

Él soltó una pequeña risa amarga.

—Eso ya lo sabías.

—También me mostró una fotografía.

Damián se quedó serio.

—¿Qué fotografía?

—Una donde apareces cubierto de sangre.

El silencio llenó la habitación.

Valentina esperó.

Damián caminó hasta la ventana.

—Fue hace nueve años.

—¿Qué pasó?

—Una guerra.

—¿Una guerra entre mafias?

—Sí.

Valentina se levantó.

—¿Mataste a alguien?

Damián cerró los ojos durante unos segundos.

—Sí.

Ella sintió un nudo en la garganta.

—¿A cuántas personas?

—No llevo la cuenta.

Valentina retrocedió.

—Dios...

—No soy un hombre bueno, Valentina.

Ella lo miró.

—Entonces ¿por qué me proteges?

Damián se giró.

—Porque no quiero que te conviertas en parte de este mundo.

—Pero ya estoy dentro.

—No.

Se acercó a ella.

—Todavía puedes salir.

Valentina lo miró fijamente.

—¿Y mi hermano?

—Está protegido.

—¿Y yo?

Damián guardó silencio.

—Tú también.

Valentina bajó la mirada.

—No sé si debería confiar en ti.

Damián asintió.

—No tienes que hacerlo.

Ella levantó la mirada, sorprendida.

—¿No?

—No.

Damián se acercó un poco más.

—Solo quiero que entiendas algo.

—¿Qué?

—Todo lo que he hecho, bueno o malo, ha sido para sobrevivir.

Valentina lo observó.

Por primera vez no vio al poderoso mafioso.

Vio a un hombre cansado.

Un hombre que parecía cargar con demasiados fantasmas.

—¿Quién eras antes de convertirte en Damián Ferrer?

Él bajó la mirada.

—Alguien que murió hace mucho tiempo.

Valentina sintió una extraña tristeza.

Damián se alejó.

—Ve a descansar.

—Damián.

Él se detuvo.

—Gracias por decirme la verdad.

Damián no respondió.

Pero cuando Valentina salió de la habitación, él permaneció mirando la puerta.

No sabía qué estaba ocurriendo.

Pero aquella mujer estaba consiguiendo algo que nadie había conseguido en años.

Estaba haciendo que quisiera contar su historia.

Esa noche, Valentina recibió otro mensaje.

“Ahora sabes una parte de la verdad.”

Ella respondió:

“¿Quién eres?”

La respuesta llegó unos segundos después.

“Alguien que conoce el secreto que Damián todavía no te ha contado.”

Valentina sintió un escalofrío.

Escribió:

“¿Qué secreto?”

La respuesta tardó más.

Finalmente apareció:

“Tu familia está relacionada con Damián desde mucho antes de que tú lo conocieras.”

Valentina dejó caer el teléfono sobre la cama.

Aquello era imposible.

Ella nunca había visto a Damián antes de aquella deuda.

O eso creía.

Pero si el mensaje era cierto...

Entonces su encuentro con Damián Ferrer quizá no había sido una casualidad.

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