Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 12
Esa noche Lena no vuelve a ver a Sean. Su esposo siempre tiene demasiadas ocupaciones y poco tiempo disponible; aparte de los desayunos, es difícil verse.
La realidad es que Sean organiza todo: sabe que estará mínimo un mes en la ciudad y no quiere dejar cosas inconclusas que puedan perturbarlo. Todo tiene que quedar perfecto para no preocuparse más adelante.
Cuando por fin termina, regresa a la habitación de Lena. Como la noche anterior, va solo a verla dormir.
No la ama; aun así, siente la necesidad de verla aunque sea un momento.
En su corazón todavía está Aria, ese amor de infancia que se niega a dejar, manteniendo la esperanza de que en un futuro pueda darse.
“Descarada mujer”, sonríe sin dejar de ver a Lena.
En cuanto recuerda a Aria, la imagen se vuelve trizas por algún comentario descarado de Lena. Lo que ella logra en Sean al ser la contraparte perfecta de Aria es indescifrable.
Aria, la mujer más elegante y refinada del imperio, jamás haría un comentario fuera de lugar; contra Lena, una mujer que parece despreocupada, descarada al punto de soltar lo que siente sin más y que no sigue el patrón dado a las mujeres.
“¿Qué me pasa? Necesito recuperar la cordura”. Sean sale de la habitación tiempo después y, como de costumbre, va al área de entrenamiento. Sus puños esta vez descansan: la espada es el arma esta noche.
A la mañana siguiente, a primera hora del Dragón (7am), el carruaje está preparado.
Los sirvientes se encargan de montar todo el equipaje que necesitarán para los siguientes días y los regalos para los He. Solo esperan a los señores de la casa.
Lena se arregla con ayuda de las doncellas y Sean ya está casi listo, solo esperando por la dama.
Sean es el primero en llegar al carruaje a la segunda hora del Dragón (8am). Lena lo hace tiempo después y entra con ayuda de su esposo. El carruaje comienza a andar por la orden de Sean, quien mantiene sus ojos fijos en Lena.
—Por favor, pasa por la tienda de telas, necesito buscar algo antes de irnos.
Ren, que lleva las riendas, se detiene.
—Si vamos al centro se retrasa el viaje. —refuta Ren, tienen todo estipulado, no deberían presentarse cambios.
—Haz como ella dice — ordena Sean con sus brazos cruzados.
—Como ordene. —Ren no da más objeción.
Lena mira a Sean, se pasa al otro lado del carruaje sentándose a su lado y entrelaza sus brazos.
—¿Me das un beso?
Sean, sin decir nada, se gira un poco dejándole un beso en la mejilla. Lena se sonroja al instante, regresa a su asiento y se cubre las mejillas con las manos.
—Por ahora me conformo, pero el próximo tiene que ser aquí —señala sus labios.
Sean se gira y cruza sus brazos.
—No.
Lena sonríe sin dejar de ver a Sean.
Aunque lo niegue, ella sabe que él también quiere otro beso en los labios. Se abraza a sí misma imaginando el momento.
Sean la mira de lado y sonríe discretamente, imaginándose lo que esa descarada mujer piensa.
Pasa poco tiempo y llegan a la tienda de telas. Lena entra y sale con una caja.
—¿Qué es? —pregunta Sean con curiosidad al verla entrar de nuevo al carruaje.
—Nada. Te quedas con la curiosidad.
Sean no vuelve a preguntar, dando inicio a su viaje de cuatro horas hasta la capital imperial.
Mientras tanto, en la familia He todos esperan. Están preocupados, principalmente el duque, con el regreso de la mendiga. Ya lo había engañado antes; aun así, supo que Sean no mató a Lena en cuanto llegó, por lo que no sabe qué esperar.
Envió personas a investigar al día siguiente solo para enterarse de que aquella mujer sigue viva y que Sean parece escuchar lo que ella dice. Justo vieron lo que pasó con el primo de Sean, por lo que su preocupación es mayor.
“¿Cómo lo chantajea? ¿Qué oscuro secreto tendrá el duque?”, se pregunta el duque He. No hay otra explicación para que Sean no haya matado a esa estafadora.
Camina de un lado a otro del salón sin detenerse, esperando que por alguna razón el retorno de Lena no se dé.
Sin embargo, tiempo después sus informantes le dan la noticia de que efectivamente tanto Sean como Lena se dirigen a la capital. Casi se desmaya del impacto. Se sienta y se masajea la cabeza.
—Ahí vienen. Llamen a la duquesa, que organice todo, mi hija ya viene —suspira.
La duquesa, quien al enterarse de que sí vendrán casi se desmaya también, manda a organizar todo: la habitación de invitados donde se quedarán, la comida para recibirlos y pide que les digan a sus hijos que se arreglen. Deben estar presentables para la llegada de Sean.
“Espero que realmente no quiera otra de nuestras tiendas”.
Cada vez que Lena habla, algo les pide. Si antes no podían tocarla por su secreto, ahora menos si Sean la protege, y eso deben verificarlo.
A la segunda hora del Caballo (12pm), el carruaje de Sean y Lena se detiene frente a la mansión de los He.
Lena deja la caja y baja tras Sean, quien es el primero en descender. Una sonrisa ilumina su rostro al mirar a la entrada. Frente a ella están sus padres postizos, aquellos a los que chantajeó a más no poder.
—Padres, los extrañaba —corre hacia ellos abrazándolos—. Vine por mi tienda.
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Nos vemos mañana con dos capítulos más.