Dinámica entre un Duque con doble personalidad (Alistair y Vane), el sanador dulce pero fuerte que lo cautiva
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El Baile de las Sombras en la Galería del Viento
Tras la reconciliación, una renovada complicidad floreció en la pareja. La dinámica entre Alistair, Vane y Julian se volvió aún más fluida, convirtiendo cada rincón del inmenso palacio en un escenario potencial para su romance desinhibido.
Una noche de luna llena, mientras regresaban de una cena privada en los jardines de invierno, caminaron por la Galería del Viento, un corredor alto con ventanales de arco ojival que daba directamente al abismo del cañón helado. El viento aullaba suavemente al otro lado del cristal, proyectando sombras alargadas y plateadas sobre el suelo de granito pulido.
Julian llevaba una túnica de seda azul noche con aberturas laterales, y el Duque lucía su traje de gala con la capa militar de pieles pesadas.
—Julian... detente un momento —dijo Vane, sujetándolo suavemente por la muñeca en medio de la galería desierta.
—¿Vane? Los guardias están al final del pasillo —murmuró Julian con una sonrisa juguetona y el pulso acelerado.
—Los guardias tienen órdenes de no girar la vista hacia este sector —sonrió Vane con arrogancia dorada, atrayendo a Julian por la cintura hasta pegarlo a los ventanales iluminados por la luna.
El Duque desató la capa militar y la extendió sobre el suelo de piedra frente al cristal, creando un lecho improvisado al borde del abismo. Acto seguido, despojó a Julian de su túnica con una audacia rápida que dejó al sanador completamente desnudo contra la luz plateada de la noche.
—Vane... las sombras nos proyectan contra el cristal —jadeó Julian, al ver su reflejo y el paisaje abismal detrás de él.
—Que la luna sea testigo de cómo te adoro —susurró Alistair, tomando el control de la mirada con una sonrisa dulce.
Alistair se arrodilló ante Julian. Con una reverencia de caballero medieval, comenzó a besar los pies, los tobillos y las pantorrillas del chico, subiendo lentamente por sus muslos hasta llegar a la ingle. La lengua de Alistair exploró la piel sensible del sanador con una devoción tan refinada que Julian tuvo que taparse la boca con las manos para no soltar un grito que resonara en todo el corredor.
—Ah... Alistair... dios mío... —gemía Julian, con las piernas temblando sobre la piedra fría y la capa de pieles.
Cuando el muchacho estaba al borde del colapso sensorial, Vane lo levantó en vilo y lo acomodó contra el ventanal de cristal. El contacto del vientre desnudo de Julian contra el cristal frío, mientras la espalda caliente del guerrero se pegaba a él por detrás, generó una sobrecarga erótica insostenible.
Vane se alineó y se hundió en Julian desde atrás, sosteniendo sus caderas con dedos firmes. Las estocadas potentes y rítmicas del guerrero hacían que la frente de Julian se apoyara contra el cristal iluminado por la luna, viendo el abismo helado abajo mientras sentía la invasión ardiente y dominante de su señor en su interior.
—Mírate, pajarillo... entregándote a tu Duque al borde del mundo —gruñía Vane en su oído, mordisqueándole el hombro donde latía la marca rúnica dorada.
—¡Sí! ¡Vane! ¡Más profundo! —gritaba Julian, abandonando todo pudor, moviéndose al ritmo salvaje de las embestidas.
El clímax los alcanzó en esa posición imponente: Julian se liberó contra el ventanal de cristal, dejando una huella de calor y éxtasis, mientras Vane se derramaba en su interior con un rugido contenido que retumbó en la galería.
es mentira