Cómo se presenta la vida de un hombre perdidamente enamorado de su Esposa, después de que ella pierde la vida de manera trágica.
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10.- LA CITA.
Leonel se retiró de casa de su suegra, pero ahora con una sensación de incertidumbre. Lo que Mariela le había comentado, era algo que nunca había pensado, pero que ahora, recordando como se dieron las cosas en ese fatídico día, no parece ser tan descabellado.- Esa mujer, Antonia Acevedo, apareció de la nada. Hizo todo lo que hizo, como si lo hubiera estudiado, pero hubo una falla. Ella misma no sabía que el arma no tenía balas y al matar a Romina, todo el argumento falló. Eso no estaba en el screap.-
-Antonia ni siquiera sabía como funcionaba un arma. Ella jura y perjura, que el disparo fue accidental. Tropezó y al caer el arma se disparó, con tan mala suerte, que le dio a Romina en pleno estómago. Ese tiro fue mortal por necesidad.-
Entre cavilaciones sobre como fueron las cosas, Leonel llegó a casa. Al entrar, encendió la luz y fue directo al refrigerador a buscar alguna bebida refrescante, luego se dirigió a la sala, prendió la pantalla, pero no le puso atención. Recordaba las palabras de su Suegra; pero ¿quién pudo haber orquestado algo tan malévolo, como para asesinar a una persona?.
Sentía que estando cerca de Magdalena, algo podría salir. Pero no le puede decir nada sobre sus sospechas. De ahora en adelante, deberá tener mucho cuidado con lo que dice; no comentar nada sobre Romina. Cualquier descuido puede echar a perder su diabólico plan.
Minutos después, tomó su móvil y marcó el número de Magdalena; -Magda, buenas noches. ¿Cómo estás?.-
-Leonel, qué grata sorpresa. ¿Cómo estás tú?.-
-Muy bien, gracias. Te llamo para que tengamos una cita. ¿Adónde quieres ir?.-
-Leonel, ¿estás seguro?.-
-Completamente. Pon el lugar, día y hora. Ahí será.-
-No sé; ¿crees que sería algo precipitado?.
-Tal vez; la única forma de saberlo es haciendo y enfrentando la situación.-
-Bueno; hay un nuevo Bar en el Centro Comercial. Ya sabes. Pegado a la unidad deportiva.-
-Me parece bien. Me mandas la ubicación, por favor.-
-¿Te parece bien mañana a las 8?.-
-De acuerdo; Mañana te veo.-
-Magnífico. Ahí estaré puntual.-
Ambos cortaron la llamada en su respectivo móvil. Leonel se recostó a lo largo del sofá. La pantalla seguía encendida, pero no era escuchada. Los pensamientos de Leonel están en otro lado. Y así, en medio de un caos, que apenas se comienza a formar en su mente, quedó dormido.
Mientras tanto, Magdalena era un manojo de emociones. Jamás esperó que Leonel se decidiera tan rápido a salir con ella. Pensaba en si pudiera estar traicionando la memoria de su mejor amiga. Pero, a ella, siempre le ha gustado Leonel y esta era una oportunidad de oro para conquistarlo. Después de todo, ella ya está muerta y su viudo, está en todo su derecho de rehacer su vida.
Así; entre todo ese maremágnum de ideas, se quedó dormida.
Al día siguiente, fue un día normal de trabajo para ambos jóvenes. Pero cuando recordaban la cita de esa noche, no podían evitar una sonrisa de nerviosismo. Aun cuando se trata de una de varias citas; en el caso de Magdalena, ya ha tenido una que otra, pero que no ha sido lo que ella busca.
A su vez; Leonel, únicamente tuvo sus citas con Romina, así que para él, si va a ser algo novedoso. En el otro lado de la mesa, va a estar alguien que no es Romina. Eso sí es una novedad.-
Al salir del trabajo, Leonel tuvo tiempo de pasar por la peluquería y se hizo un corte de cabello. Después fue a casa a bañarse y cambiarse la ropa por algo menos formal. Luego, se dirigió al Corsario Tuerto; es el nombre del bar elegido para la cita.
Magdalena dejó el trabajo muy temprano. Solo checó algunas cosas y se retiró. Asistió a la estética; ahí se hizo un corte de cabello, además de un permanente, finalmente, manicure y pedicure. Luego fué a toda prisa a darse una ducha. Se puso una ropa muy juvenil, pero de buen gusto. Unos tenis nuevos de marca. Un maquillaje no tan exuberante. La blusa escotada, que permite ver la mitad de unos senos turgentes y firmes. Finalmente, salió y se dirigió al Bar. Al llegar, le dijo al recepcionista que tenía una reservación. Este le contestó que ya la estan esperando. Al escuchar esto, sintió un nerviosismo, que nunca antes había sentido.
Un mesero la acompañó hasta la mesa y ahí está él, con un ramillete de gardenias, que despiden un delicioso aroma floral. Leonel abandonó su silla para saludar con abrazo cálido; ella correspondió con un beso en la mejilla, perfectamente rasurada e impregnada de un agradable aroma cítrico de una loción cara.
-Hola Magda. Te ves hermosa.-
-Leonel; no sabía que eras tan galante. Eso sí que es una grata sorpresa.-
-Tú no te quedas atrás. Estás hermosa. Gracias por hacer las cosas más sencillas. No tenía la más mínima idea de como iba a reaccionar. Era un manojo de nervios.-
Primero, Magdalena tomó asiento, acomodando la silla, el mismo Leonel. Después lo hizo él. -¿Qué quieres tomar?.- Preguntó el muchacho.
-Creo que es un mojito de frutos rojos. Me encanta.-
-Yo lo voy a pedir de Tamarindo.-
El mesero anotó y se retiró a surtir la comanda.
- ¿Cómo estuvo tu día?.- Preguntó Leonel.
-Muy movido, pero no por el trabajo; más bien, por prepararme para esta cita. Tú sabes como somos las mujeres para preparar estas cosas.-
-Me lo imagino. Ustedes son sumamente detallistas. Pero me gusta. Siempre es un gusto ver a una mujer bien arreglada. Es muy motivante para el acompañante.-
-Me encanta que te hayas dado cuenta de mi arreglo; lo hice para ti.-
-Veo que no te andas con rodeos. Eso me gusta.-
-Me alegra mucho tu actitud. Cualquiera en tu situación, estaría encerrado, llorando y quejándose de su desdicha.-
-No te creas; pasé tres meses sin salir para nada de casa. La descuidé por completo, no salía ni siquiera a hacer compras. Todo lo pedía a domicilio. El chico de las entregas se hizo rico conmigo. Creo que ahora me está extrañando. Le daba muy buenas propinas.-
Magdalena soltó una risa cristalina y transparente. Cosa que a Leonel le agradó sobremanera.
-Tienes una risa hermosa y contagiosa. Me encanta eso de ti. Te hace ser muy atractiva.-
La música con ritmo tropical, comenzó a sonar. -Vamos a bailar -. Invitó Leonel.
-Por qué no, vamos -. Aceptó Magdalena.
Los dos tienen ritmo y sentimiento. Sus movimientos son armónicos y precisos. Poco a poco se apoderan de la pista y la hacen suya. Tres piezas de un jalón. Luego van a la mesa a dar unos tragos a sus bebidas. Estas se agotan y piden otras.
-No te conocía esta virtud del baile, Magda. Eres un verdadero torbellino. -
-Pues tú, no cantas tan mal. Eres un excelente bailarín.-
-Estoy un poco fuera de forma. Necesito más práctica y ya encontré pareja de baile.-
-Ya; ¿Y quién es esa pareja?.- Pregunta Magda con un tono de picardía?. Pregunta con un tono de picardía, la chica.
-Obviamente que eres tú, Magdalena.-
-Mmm. Eso me suena a una invitación a una segunda cita, señor Leonel.-
-Lo es. Estoy fascinado con tu compañía. Eres muy sexi e inteligente. Además, eres muy bella.-
-Segunda cita aceptada, guapo.-
Al decir esto, lo hizo en un tono alargado y lleno de picardía. La segunda cita, está concertada.
-
se ama , pero la vida sigue así, que a. Romina le dará gusto ver desde el cielo ver a su esposo ser feliz con una persona que ella tenía confianza ella se sentirá tranquila, a pero no tienes porque imitar a Romy ella fue única y así será por siempre para su esposo tu tienes que ser tu si quieres que esa relación se lleve a cabo