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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sangre en el puerto

La noche cubría Ciudad Oscura con una capa de lluvia y niebla.

Desde una colina cercana, Antonio Romano y Víctor Moretti observaban el puerto que durante años había sido una de las fuentes más importantes de dinero ilegal de la ciudad.

Ahora ya no les pertenecía.

Hombres armados patrullaban los muelles.

Camionetas negras recorrían los accesos.

Las grúas seguían funcionando como si nada hubiera ocurrido.

Pero todo había cambiado.

El puerto estaba bajo el control de Mauricio Varela.

Y aquello era una declaración de guerra.

—Todavía no puedo creerlo —murmuró Antonio.

—Yo sí —respondió Víctor.

—¿Por qué?

—Porque alguien que logró asustar a Verónica Salazar no iba a aparecer para jugar.

Antonio observó las luces reflejadas sobre el agua.

Odiaba admitirlo.

Pero Víctor tenía razón.

Mientras tanto, en una enorme oficina ubicada dentro del puerto, Mauricio Varela contemplaba varios mapas.

Era un hombre de apariencia elegante.

Cabello gris.

Mirada fría.

Movimientos precisos.

Frente a él había fotografías de Antonio Romano, Víctor Moretti, Sofía Navarro, Gabriel Torres y Verónica Salazar.

Un hombre entró en la oficina.

—Señor.

—¿Qué ocurre?

—Nuestros equipos controlan completamente los muelles.

—Perfecto.

—También recibimos nuevas adhesiones.

Mauricio sonrió.

—¿Cuántas?

—Cinco organizaciones menores aceptaron trabajar para nosotros.

La sonrisa se amplió.

Todo avanzaba según lo planeado.

A la mañana siguiente, Gabriel Torres reunió nueva información.

Los informes eran preocupantes.

Cada día más mafiosos abandonaban sus antiguas alianzas para unirse a Mauricio.

No porque lo respetaran.

Porque le temían.

Y porque parecía estar ganando.

Gabriel colocó varios documentos sobre una mesa.

Antonio, Víctor, Sofía y Verónica observaban.

—La situación empeora.

—Ya lo sabemos —gruñó Antonio.

—No. No lo entienden.

Gabriel señaló un mapa.

Varias zonas aparecían marcadas en rojo.

—Estas áreas ya están bajo influencia de Mauricio.

El silencio llenó la habitación.

Las marcas cubrían una enorme parte de la ciudad.

—Eso es imposible —dijo Sofía.

—No.

Gabriel señaló los informes.

—Está comprando políticos.

Comprando policías.

Comprando empresarios.

No solo está construyendo una organización criminal.

Está construyendo un imperio.

Verónica observó el mapa.

Por primera vez parecía genuinamente preocupada.

—Es peor de lo que pensaba.

Esa misma tarde ocurrió otro golpe.

Uno de los principales casinos de Antonio Romano fue atacado.

No hubo explosiones.

No hubo disparos.

Simplemente llegaron funcionarios con órdenes judiciales.

El local fue clausurado.

Las cuentas congeladas.

Los permisos anulados.

Antonio recibió la noticia con furia.

—¿Cómo pasó esto?

Uno de sus abogados tragó saliva.

—Alguien movió influencias muy arriba.

Antonio comprendió inmediatamente.

Mauricio no solo atacaba con armas.

Atacaba con dinero.

Con conexiones.

Con poder.

Y eso lo convertía en un enemigo mucho más difícil de derrotar.

Esa noche, Verónica pidió hablar a solas con Gabriel.

Se reunieron en un viejo edificio abandonado.

—Necesito contarte algo.

Gabriel la observó.

—Adelante.

Verónica permaneció en silencio varios segundos.

Luego habló.

—Mauricio y yo no éramos simples socios.

—Lo imaginé.

—Construimos todo juntos.

Gabriel levantó la mirada.

—¿Todo?

—Todo.

La Sombra Negra.

El Círculo.

Las redes financieras.

Los contactos políticos.

Todo comenzó con nosotros.

Aquella confesión cambió muchas cosas.

—Entonces eres tan responsable como él.

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Sin excusas.

Sin intentos de justificarse.

—¿Por qué se separaron?

Por primera vez apareció tristeza en el rostro de Verónica.

—Porque descubrí hasta dónde estaba dispuesto a llegar.

—¿Y hasta dónde era eso?

La mujer respiró profundamente.

—Hasta cualquier lugar.

Mientras tanto, en el puerto, Mauricio celebraba una reunión.

Varios jefes mafiosos ocupaban los asientos alrededor de una enorme mesa.

Algunos habían sido enemigos durante años.

Otros apenas se toleraban.

Pero todos estaban allí.

Escuchándolo.

Mauricio caminó lentamente alrededor de la mesa.

—Durante décadas Ciudad Oscura ha sido gobernada por mediocres.

Nadie respondió.

—Pequeños jefes peleando por pequeños territorios.

Pequeñas guerras.

Pequeñas ambiciones.

La sala permaneció en silencio.

—Eso termina hoy.

Algunos intercambiaron miradas.

Otros simplemente escucharon.

—Voy a unificar esta ciudad.

Voy a eliminar las fronteras.

Voy a convertir este lugar en el centro de operaciones más importante del continente.

La ambición en su voz era evidente.

Y aterradora.

Porque parecía completamente convencido de que podía lograrlo.

Al día siguiente ocurrió algo inesperado.

Antonio Romano recibió una visita.

No era un enemigo.

No era un aliado.

Era alguien mucho más complicado.

Esteban Navarro.

El antiguo rey de La Sombra Negra acababa de ser trasladado temporalmente para colaborar con una investigación federal.

Y había solicitado verlo.

Antonio entró en la sala.

—Nunca pensé que volvería a verte.

Esteban sonrió levemente.

—La vida es extraña.

—¿Qué quieres?

La sonrisa desapareció.

—Advertirte.

Antonio permaneció inmóvil.

—¿Sobre qué?

—Sobre Mauricio.

—Ya sé que es peligroso.

—No lo suficiente.

Esteban apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Yo trabajé con él.

Antonio frunció el ceño.

—¿Y?

—He visto cosas que ni siquiera Verónica conoce.

Aquellas palabras captaron inmediatamente su atención.

—Habla.

Esteban bajó la voz.

—Mauricio lleva preparándose para esto desde hace más de veinte años.

El silencio llenó la habitación.

—¿Veinte años?

—Sí.

—Eso es imposible.

—No.

Esteban lo observó fijamente.

—Lo vi con mis propios ojos.

Cuando Antonio salió de la prisión, llamó inmediatamente a Gabriel.

Una hora después todos estaban reunidos nuevamente.

Antonio les contó la conversación.

Nadie habló durante varios segundos.

Finalmente Sofía rompió el silencio.

—¿Veinte años?

Verónica parecía sorprendida.

—Eso no tiene sentido.

—¿Por qué?

—Porque incluso después de separarnos no tenía los recursos necesarios.

Gabriel comenzó a pensar.

Y entonces algo encajó.

—Tal vez sí los tenía.

Todos lo miraron.

—¿Qué quieres decir?

Gabriel abrió varios documentos.

—Durante años desaparecieron enormes cantidades de dinero vinculadas a organizaciones criminales.

—Eso ocurre siempre —dijo Víctor.

—Sí.

Pero nadie encontró jamás ese dinero.

El silencio regresó.

Poco a poco comenzaron a comprender.

—¿Crees que Mauricio lo escondió?

—Creo que construyó una fortuna secreta.

Y la está usando ahora.

Esa misma noche, un convoy salió del puerto.

Varias camionetas escoltaban un enorme camión blindado.

El movimiento parecía rutinario.

Pero Gabriel recibió información de una fuente.

Y comprendió inmediatamente su importancia.

—Es dinero.

—¿Estás seguro? —preguntó Antonio.

—Completamente.

Víctor sonrió.

—Entonces tenemos una oportunidad.

Por primera vez desde el inicio de la guerra, Antonio y Víctor planearon una operación conjunta.

No buscaban recuperar territorio.

No buscaban venganza.

Buscaban golpear donde más dolía.

El dinero.

Si lograban interceptar aquel convoy, podrían ralentizar los planes de Mauricio.

Tal vez incluso descubrir algo importante.

La operación comenzó poco antes de la medianoche.

Los vehículos avanzaban por una carretera industrial.

Todo parecía normal.

Hasta que aparecieron los bloqueos.

Las luces.

Los hombres armados.

La emboscada.

Los conductores intentaron reaccionar.

Demasiado tarde.

Comenzó un intenso enfrentamiento.

Disparos.

Vehículos chocando.

Cristales rompiéndose.

El sonido de la guerra resonó en la oscuridad.

Antonio lideraba uno de los grupos.

Víctor otro.

Por primera vez en años luchaban del mismo lado.

Y estaban ganando.

Finalmente lograron detener el camión blindado.

Antonio abrió las puertas.

Esperando encontrar dinero.

Lingotes.

Documentos.

Algo valioso.

Pero cuando observó el interior, se quedó inmóvil.

—¿Qué demonios...?

Víctor se acercó.

Y también quedó sorprendido.

El camión estaba lleno de archivos.

Miles de documentos.

Fotografías.

Expedientes.

Información sobre políticos, jueces, policías, empresarios y mafiosos.

Décadas de secretos.

Décadas de chantajes potenciales.

Décadas de poder.

Gabriel llegó minutos después.

Y comprendió inmediatamente lo que estaba viendo.

Mauricio no solo controlaba personas mediante dinero.

Controlaba personas mediante información.

Información capaz de destruir carreras.

Gobiernos.

Familias enteras.

Y ahora tenían una pequeña parte de ella.

Pero mientras observaban los archivos, ninguno se dio cuenta de algo.

A varios kilómetros de distancia, Mauricio Varela observaba una transmisión en directo desde una pantalla.

Había visto toda la emboscada.

Había visto cómo capturaban el convoy.

Y sonreía.

Porque el convoy nunca había sido importante.

Era una distracción.

Mientras todos observaban la carretera, otro cargamento mucho más valioso había abandonado la ciudad.

Y acababa de cruzar la frontera.

—La primera etapa terminó —murmuró.

La mujer que lo acompañaba lo observó.

—¿Y ahora?

Mauricio contempló las luces lejanas de Ciudad Oscura.

—Ahora comienza la verdadera guerra.

Continuará en el Capítulo 17...

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STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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