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Tras Los Lentes

Tras Los Lentes

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Calcumil

Ana Beltrán llegó a Moscú con una valija rota y un solo objetivo: un mejor futuro lejos de casa. Para lograrlo, se esconde. Ropa 3 talles más grande, lentes gigantes, rodete tirante. Se vuelve invisible.

Consigue trabajo como asistente del CEO de _Volkov Industries_: Dmitri Volkov. Arrogante, mujeriego, playboy. Un hombre que odia las distracciones y solo contrata mujeres "feas" para que no lo molesten.

Él no sabe su apellido. Ella no quiere que la vea.

Hasta que una gala lo obliga a romper las reglas. Sin lentes, sin el saco gris, Ana deja de ser "Asistente B" y se vuelve imposible de ignorar.

Ahora Dmitri no puede dejar de mirarla... y odia no entender por qué. Ella sigue luchando por su futuro. Él, por primera vez, está perdiendo el control.

Una historia de orgullo, máscaras y de dos personas que tienen que decidir si vale la pena arriesgarlo todo por ser vistos de verdad.

NovelToon tiene autorización de Pamela Calcumil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 19 EMPEZAR

*Lunes. 8:17 AM. Piso 48. Volkov Industries.*

El cartel de la puerta decía algo nuevo.

`ANA BELTRÁN - CEO`

Abajo, más chico: `DMITRI VOLKOV - ASESOR`

Ana se quedó mirándolo. Tres segundos.

—Parece mentira —susurró.

—Lo es —dijo Dmitri detrás de ella—. Y no.

Entraron.

El piso 48 se puso de pie. No por orden. Solo porque sí.

Irina fue la primera. —Buenos días, Señora CEO.

Katya: —Buenos días, Señora CEO.

Uno por uno.

Ana tragó saliva. —Buenos... buenos días a todos. Siéntense. Por favor.

Dmitri se apoyó en el marco de su oficina vieja. Ahora la de ella. Brazos cruzados. Sonriendo. Poco. Pero sonriendo.

*9:03 AM. Oficina de la CEO.*

Más grande. Más luz. Misma mesa.

Ana sentada donde él se sentaba hace una semana.

Se sentía enorme. Vacía.

Dmitri entró sin tocar. Con dos cafés.

—Vieja costumbre —dijo. Dejó uno. Negro. Sin azúcar.

—Gracias —dijo ella. Agarró la taza con las dos manos—. Me tiemblan.

—Normal —dijo él—. A mí me temblaban los primeros cinco años.

Ana lo miró.

—¿Y si la cago? —dijo directo—. ¿Y si Orlov me come? ¿Y si todos se van?

Dmitri se sentó frente a ella. Sin pedir permiso.

—Entonces la cagamos —dijo—. Y la levantamos. Juntos.

Le pasó una carpeta.

—Esto es todo lo que hice mal en diez años —dijo—. Para que no lo repitas.

Ana abrió. Notas. Errores. Nombres. Fechas.

—Me estás dando tu manual de fracasos —dijo ella.

—Te estoy dando mi confianza —dijo él.

*11:30 AM. Primera reunión como CEO.*

Ocho directores. Orlov por videollamada. Cara de piedra.

Ana al frente. Sin lentes. Pelo suelto. Traje azul, no gris.

—Buenos días —dijo. Voz tembló un poco. Y después no—. Vamos a empezar distinto.

Orlov: —¿Distinto cómo, señorita?

—Primero —dijo ella—. Dejamos de llamarme “señorita”. Soy CEO. Beltrán.

Silencio.

—Segundo —dijo—. Moscú se renegocia. El 12% no. El 18%. O se van.

Orlov se rió. —No tienes huevos para eso.

Dmitri, al lado de ella, no dijo nada. Solo la miró.

Ana sostuvo la mirada de Orlov en la pantalla.

—Tengo —dijo—. Porque no me crió un padre que me enseñó a esconderme. Me crió una madre que me enseñó a pelear. ¿Firma, o lo cerramos ahora?

Orlov colgó.

Todos miraron a Ana.

—Bien —dijo uno del consejo—. Bien hecho, Beltrán.

Ana exhaló. No sabía que lo aguantaba.

*2:14 PM. Su oficina. Puerta cerrada.*

Ana se dejó caer en el sillón.

—Casi vomito —dijo.

Dmitri se rió. De verdad.

—Yo también la primera vez —dijo—. Ven acá.

Se arrodilló frente a ella. Le tomó las manos.

—Lo hiciste —dijo—. Sola. Sin mí.

—Mentira —dijo ella—. Estabas ahí.

—Sí —dijo él—. Pero no hablé. Porque era tu momento.

Le besó los nudillos.

—Estoy orgulloso de ti, Ana. Más que de cualquier cosa que hice yo.

Ana se inclinó. Lo besó. Corto. En la boca.

—Gracias por soltar —dijo—. Por dejarme.

*6:00 PM.*

Todos se fueron.

Ana todavía estaba. Papeles. Números. Miedo.

Dmitri entró con comida.

—Irina dijo que no comiste —dijo. Dejó una bolsa—. Fideos. Como los hice ayer. Malos.

Ana se rió. Comió.

—Masha me preguntó si vas a venir a cenar —dijo ella de repente.

Dmitri se quedó quieto.

—¿Y tú qué le dijiste?

—Que pregunte a su jefe —dijo ella. Picara.

Él se rió.

—Entonces dile a tu CEO que sí —dijo—. Si su asesora la deja.

*8:30 PM. Departamento de Ana.*

Mesa chica. Fideos. Masha comiendo como si fuera el mejor día de su vida.

—Tío Dmitri —dijo la nena—. ¿Te quedas?

—Si tu mamá dice —dijo él. Mirando a Ana.

Ana asintió.

Después de cenar, Masha se durmió en el sillón. Película puesta.

Silencio.

Ana y Dmitri en la cocina. Lavando platos. Juntos.

—Esto es raro —dijo ella.

—¿Qué? —preguntó él, secando.

—Ser normal —dijo ella—. Sin trajes. Sin empresa. Solo platos.

Dmitri dejó el repasador. La abrazó por detrás.

—Me gusta lo normal —dijo en su oído—. Me gusta tú.

Ana se giró en sus brazos.

—Tengo miedo —dijo honesta—. De que esto sea demasiado bueno para ser verdad.

Dmitri le tomó la cara.

—Entonces no lo pienses —dijo—. Vívelo. Conmigo.

La besó. Despacio. En su cocina. Con olor a fideos y a hogar.

*Martes. 8:00 AM.*

Ana entró.

Pantalón negro. Camisa blanca. Pelo suelto. Sin lentes.

CEO.

Dmitri entró.

Jeans. Camisa. Asesor.

—Buenos días, Señora CEO —dijo él.

—Buenos días, señor Asesor —dijo ella.

Irina les pasó el café a los dos.

—Con azúcar —dijo—. Porque hoy es día de celebrar.

—¿Qué celebramos? —preguntó Ana.

—Que empezamos —dijo Irina—. De verdad.

*Viernes. 6:00 PM.*

Una semana después.

Ana cerró su laptop.

—Lo hicimos —dijo—. Una semana. Sin que se caiga todo.

Dmitri agarró su saco. No el traje. El saco normal.

—Nos vamos —dijo.

—¿A dónde? —preguntó ella.

—A la cabaña —dijo él—. A no ser CEO. A no ser asesor. A ser nosotros.

Ana asintió.

Salieron juntos. De la mano. Frente a todos.

*Sábado. Cabaña.*

Sin empresa. Sin teléfonos.

Ana cocinaba. Mal. Dmitri se reía.

—Eres horrible cocinando —dijo él.

—Y tú eres horrible besando —mintió ella.

—Demostralo —dijo él.

Y ella lo hizo.

*Domingo. Noche.*

Sentados afuera. Fuego. Manta.

—Ana —dijo él.

—Qué.

—Gracias por empezar conmigo —dijo—. De cero. Sin nada.

—Gracias a ti —dijo ella—. Por darme todo.

Se besaron.

El fuego se apagaba. Ellos no.

*Lunes. 8:00 AM. Piso 48.*

Ana entró.

CEO.

Dmitri entró.

Asesor.

—Buenos días, equipo —dijo ella—. Empezamos.

Y empezaron.

De verdad.

*Fin del Capítulo 19.* 1.158 palabras.

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