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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

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Capítulo 19

Capítulo 19

La razón era sencilla.

El área de diseño había recibido un pedido urgente y no tenía suficiente gente.

Ximena no sabía qué podía hacer allá. La trasladaron de prisa, y cuando llegó, nadie le hizo caso.

Pasó toda la mañana sentada en su lugar hasta que un hombre joven se acercó a preguntar:

-¿Tú eres la que mandaron de secretaría?

-Sí. Soy Ximena Salcedo.

-Recursos Humanos dijo que estudias pintura. Justo tenemos un cliente imposible. Haz algunos diseños. Aquí están sus requisitos.

El hombre le entregó una hoja llena de peticiones.

Ximena estudiaba pintura.

Pero nunca había hecho diseño comercial.

Pintar, podía pintar bien.

Diseñar joyería, no tenía idea.

Estaba por explicar que tal vez no podía hacer bien ese trabajo, pero el hombre ya se había ido contestando una llamada.

Ximena no tuvo opción.

Tomó la hoja y empezó a estudiar cada requisito.

El cliente pedía el diseño de un dije.

Joyería y pintura al óleo no tenían mucho que ver, pero Ximena solo podía intentarlo.

Durante el rato en que diseñaba, el joven volvió varias veces.

-¿Ya?

-¿Cuánto falta?

-¿Puedes apurarte?

-Más rápido. Más rápido.

Solo sabía presionar.

El cliente tenía prisa y quería los bocetos ese mismo día.

Después de que Ximena intentó varios diseños, el hombre se llevó las hojas.

Ximena, al ver que ya era hora de salir, empezó a recoger sus cosas.

Entonces el joven volvió.

-Ximena, no te vayas. Al rato hay una comida con el cliente. Vienes con nosotros.

A Ximena no le gustaban las comidas de trabajo. Tampoco había ido a una.

-¿Yo también tengo que ir?

-Sí.

El hombre fue tajante.

-Los bocetos son tuyos. El cliente pidió verte.

Dicho eso, volvió a irse.

Ximena quiso detenerlo, pero ni siquiera sabía su nombre.

-Disculpe, señor...

El hombre se detuvo y volteó.

-Me llamo Raúl Vega. Dime jefe Vega.

-Jefe Vega, ¿puedo no ir?

-No. Prepárate. Salimos en un rato.

Raúl no le dio espacio para negarse.

Ximena tenía mil razones para no querer ir, pero tampoco podía rechazar una orden del encargado del área.

Esperó sola frente a la empresa a que Raúl y los demás bajaran.

Justo se encontró con Lucía, que salía de trabajar.

-Ximena, ¿qué haces aquí? ¿Por qué no te vas a casa?

Ximena señaló hacia arriba.

-Dicen que tengo que ir a una comida con cliente.

-¿Comida? ¿Diseño tiene comidas con cliente?

Lucía recordó lo que había pasado en diseño durante los días en que Ximena no había ido a trabajar y torció la boca.

-De verdad ya perdieron la vergüenza por cumplir metas.

-¿Por qué dices eso?

-Mientras no estabas, diseño estuvo sufriendo con un cliente terrible. Ya son el ejemplo de crisis en toda la empresa. Te mandaron allá seguramente para usar tu cara bonita.

Lucía lo dijo con desprecio.

Ximena suspiró.

-Si no hay buenos diseños, ¿de qué sirve una cara bonita?

-Por eso digo que están desesperados. Escuché que el señor Jara, el cliente, es un viejo cochino. Ten cuidado.

Lucía la advirtió.

Ximena asintió.

-No te preocupes.

No tenía intención de hacer daño.

Pero cuidarse de los demás, sí sabía.

Raúl salió con otros dos hombres de diseño.

Al ver a Ximena, le hizo una seña para que subiera al coche.

Incluyéndola, iban tres hombres y una mujer.

En el coche, Ximena no habló.

Raúl la miró varias veces antes de decir:

-No te pongas nerviosa. Es solo comer. El cliente tiene mal genio, pero rara vez le gusta un diseño. El tuyo le llamó la atención y por eso quiere verte. Si esto sale bien, serás la gran heroína del departamento.

A Ximena eso no le importaba.

El coche llegó a un restaurante privado.

Se veía caro. La entrada estaba llena de autos de lujo.

Los cuatro siguieron al mesero hasta un reservado.

El salón no era muy grande.

Del lado del cliente solo estaba Gerardo Jara, sentado en el lugar principal.

Raúl acomodó a Ximena a propósito junto a él.

Todos en el ramo sabían que Jara era viejo, vulgar y demasiado mano larga.

Ximena entendió la intención de Raúl.

Hablar de diseño era falso.

La habían llevado para acompañar y tomar.

-¿Y esta señorita? -preguntó Jara, mirándola con ojos grasosos.

Había visto mujeres bonitas.

Pero una belleza tan limpia y tan fuerte no se veía todos los días.

Sin darse cuenta, empezó a inclinar el cuerpo hacia ella.

Ximena se movió un poco hacia el otro lado.

El perfume fuerte del viejo le daba náuseas.

Raúl presentó rápido:

-Es Ximena Salcedo, nueva en diseño. El boceto que le gustó es de ella.

-Una belleza con talento.

Jara quiso tomarle la mano.

Ximena la apartó.

Estaba a punto de levantarse, pero Raúl, que caminó hasta su lado, la presionó para que se quedara sentada.

-Ximena, no todos los días el señor Jara reconoce un diseño. Bríndale una copa.

Jara ya tenía la copa levantada.

-Señorita Salcedo.

Ximena tomó su copa, pero no pensó beber.

No sabía si esa bebida estaba limpia.

No era tan tonta para tragársela.

-Señor Jara, no tomo alcohol. ¿Por qué no se la toma usted?

Jara golpeó la copa contra la mesa.

-¿Qué? ¿Que me la tome yo? Qué manera de darme mi lugar. Jefe Vega, ¿así respetan a sus clientes?

La cara de Raúl cambió.

Intentó suavizar de inmediato.

-Es joven, no está acostumbrada. Seguro le dio pena. Hablo con ella.

Raúl sacó a Ximena al pasillo y la regañó en voz baja:

-¿Qué te pasa? ¿Qué tiene tomar una copa? Si no firma el contrato, diseño no cumple el objetivo y todos vamos a pagar.

-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

A Ximena le pareció ridículo.

-¿Cómo que qué tiene que ver? ¿No eres de diseño?

-Soy de diseño, ¿entonces tengo que servirle alcohol a un viejo asqueroso? Jefe Vega, hoy es mi primer día ayudando en esta área y ya me pones a tomar con ese hombre. ¿Qué estás pensando? Si quieres vender cuerpo, ve tú.

Ximena empezó a caminar, pero Raúl la tomó de la muñeca y la jaló de vuelta.

-Nadie te está pidiendo vender nada. Es actuar un poco por compromiso. No hagas berrinche. Te lo pido, dame la cara.

-Jefe Vega, usted sabe mejor que yo qué clase de persona es Gerardo Jara. Darle la cara no me molesta, pero todo tiene límite. Si se pasa, no le doy la cara a nadie.

Al ver que Ximena cedía un poco, Raúl aceptó de inmediato.

-¿Crees que dejaría que te hicieran daño? Somos del mismo departamento. Solo aguántalo un poco, que firme el contrato y nos vamos.

Ximena no quería romper todo porque iba a seguir cruzándose con esa gente en la empresa.

Cuando Raúl y Ximena volvieron, Jara apagó el cigarro.

Raúl se sentó junto a él con una sonrisa falsa.

-Señor Jara, queremos escuchar su opinión sobre los diseños de Ximena. No nos tenga en suspenso.

-¿Qué? ¿Ya se impacientaron? ¿Ya no quieren mi proyecto?

El carácter de Jara empezó a subir.

-No, señor Jara, claro que no. Trajimos a Ximena justamente para escuchar sus comentarios. Si le gustaron esas propuestas, hoy mismo podemos firmar.

-Depende de cómo se porte ella. Si se porta bien, no solo firmo, puedo ampliar el pedido.

La intención estaba clarísima.

Si Ximena no lo satisfacía, diseño seguiría sufriendo.

Ximena no quería que por ella se cayera todo el departamento.

Bajo la mirada suplicante de Raúl, levantó un vaso de agua mineral.

-Señor Jara, no puedo tomar alcohol. Brindo con agua mineral.

-Si no sabes tomar, toma vino. Yo no brindo con agua.

Jara la estaba poniendo contra la pared.

Los otros dos compañeros miraron a Ximena con súplica.

El mensaje era claro:

Jara era difícil. Lo mejor era obedecer.

-Señor Jara, Ximena de verdad no toma. Yo tomo por ella.

Raúl levantó una copa de tequila y la vació de un trago.

Eso solo encendió más a Jara.

-¿Quién te pidió tomar por ella? Yo quiero que ella tome.

Raúl miró a Ximena, incómodo.

Ximena no dijo nada.

Jara los miró a los dos en silencio.

Después de un rato, Ximena habló:

-Disculpen. Voy al baño.

Quería escapar.

Raúl pareció darse cuenta y pidió a un compañero que la siguiera.

-¿Por qué me sigues? -preguntó Ximena, molesta.

El compañero, Luis, también estaba incómodo.

-Ximena, te entiendo. Pero el señor Jara es así. Solo haz como que le sigues el juego. Si se pone contento y firma, ya no tendremos que aguantarle la cara.

Ximena no quería escuchar eso.

¿Qué tenía que ver con ella?

La habían prestado un solo día y ya querían meterla en esa porquería.

-Voy al baño. No me sigas.

El baño estaba al final del pasillo.

Cuando Ximena pasó, alguien salió justo de uno de los reservados.

Luis caminaba detrás de ella, apresurado, y chocó con el hombre.

-Perdón, perdón. Disculpe.

El hombre levantó la mirada.

-¿Eres de diseño?

Luis vio su cara y asintió rápido.

-Sí, asistente Bruno. ¿También está cenando aquí?

Bruno miró hacia la izquierda.

La espalda de la mujer le resultaba familiar.

-¿Ella es...?

-Es Ximena, la que nos mandaron de secretaría. Vino con nosotros hoy.

Bruno frunció el ceño.

-¿La trajeron a una comida con cliente?

Luis no quiso cargar con la culpa.

-El jefe Vega la trajo.

-Qué tontería.

Bruno volvió al reservado.

Luis no entendió qué pasaba.

Miró hacia el baño y estaba por avanzar cuando Ximena regresó.

Soltó un suspiro.

Ximena había querido irse, pero el pasillo del baño era callejón sin salida.

Al volver al reservado, Raúl ya había tomado varias copas para disculparse.

Cuando Jara vio a Ximena, empujó a Raúl a un lado.

-Señorita Salcedo, venga. Siéntese aquí.

Palmeó la silla junto a él.

Era una invitación tan descarada que daba asco.

Ximena caminó hasta ahí, miró la cara grasosa de Jara y fue directa:

-Señor Jara, ¿le gustaron mis diseños?

-Si me gustan o no, depende de cómo se porte usted.

Jara sonrió con la boca abierta y encendió otro cigarro.

-Señorita Salcedo, yo soy un hombre al que le importa mucho que le den su lugar.

Estaba claro:

si Ximena no pagaba algo, el contrato no se firmaría.

-Con razón.

Jara no entendió.

-¿Qué quieres decir?

-Una empresa que no valora el trabajo profesional de la otra parte y cree que un contrato se firma si la acompañante toma lo suficiente... con razón sigue siendo de tercera.

-Ximena, tú...

Jara se puso rojo de rabia.

Estaba a punto de levantar la mano contra ella cuando la puerta del reservado se abrió.

Bruno entró primero.

Se hizo a un lado.

Héctor entró detrás.

Todos se quedaron helados al verlo.

Jara también quedó tieso.

Héctor miró el puño cerrado de Jara.

-Señor Jara, ¿a quién piensa golpear?

Luego bajó la mirada hacia Ximena.

Ella tragó saliva y no se atrevió a mirarlo.

Era la primera vez que Jara veía a Héctor tan cerca.

Con su nivel, normalmente no podía llegar a una persona así.

Retiró rápido el puño.

-No, no. Usted entendió mal, señor Alcázar.

Héctor barrió la mesa con la mirada.

Al ver la copa de vino frente a Ximena, frunció apenas el ceño.

Jara volvió a su lugar, sudando.

Sirvió una copa y la levantó con cuidado.

-Señor Alcázar, es un honor. Le brindo.

Héctor jaló una silla y se sentó junto a Ximena.

Estiró el brazo y lo apoyó sobre el respaldo de su silla.

Miró apenas la copa.

-Si no bebo, ¿también va a querer golpearme?

A Jara casi se le doblaron las piernas.

Se enderezó a toda prisa.

-No, señor. Jamás. Solo estaba bromeando con Ximena.

La escena se congeló.

Jara sostenía la copa sin saber si dejarla o seguir ofreciéndola.

Héctor dejó de mirarlo.

Sus ojos se quedaron en Ximena.

La cara de ella ardía como si tuviera fuego.

Héctor no habló.

Después de observarla un rato, bajó la cabeza, sacó un cigarro y lo encendió.

Todos lo miraron encenderlo, aspirar y soltar el humo.

Héctor fumaba con elegancia.

Cada vez que daba una calada, sacudía la ceniza dentro de la copa llena de vino que habían puesto frente a Ximena.

Ximena sentía la rabia de Héctor.

No se atrevía a hablar.

Cuando terminó el cigarro, Héctor dejó caer la colilla en la misma copa.

Todos miraron, sin entender qué iba a hacer.

Héctor se levantó con la copa llena de ceniza y colilla.

Caminó hasta quedar detrás de Jara.

Jara intentó ponerse de pie, pero Héctor le presionó el hombro y lo obligó a sentarse.

Dejó la copa frente a él.

-Mis empleados no saben comportarse. Si Ximena lo ofendió, espero que me dé la cara a mí. Esta copa la tomo como disculpa en su nombre.

Todos miraron la copa.

Vino, ceniza, colilla.

Más de uno sintió pena por Jara.

Algunos compañeros casi no pudieron esconder la alegría.

La cara de Jara estaba horrible.

Pero esa copa no podía rechazarla.

Si no la bebía, en esa industria quedaría acabado.

Qué mala suerte la suya.

¿Cómo había terminado frente a Héctor Alcázar?

-Señor Alcázar, yo...

-Señor Jara, a mí también me importa mucho que me den mi lugar. ¿No va a darme la cara?

La voz de Héctor fue fría, apretada.

-Sí. Claro. A usted siempre.

Jara tomó la copa frente a todos, cerró los ojos y la bebió completa.

Todos en la mesa estuvieron a punto de quedarse con la boca abierta.

Después de beberla, Jara encontró una excusa y se fue.

Bruno también mandó salir a la gente de diseño.

En el reservado solo quedaron Héctor y Ximena.

Héctor no hablaba.

Ximena intentó abrir la boca varias veces, pero al ver su cara oscura, se tragó las palabras.

Ese silencio duró casi media hora.

Al final, Ximena no aguantó.

-¿Estás enojado?

Héctor la miró de lado.

La mirada era tan complicada que Ximena no pudo entenderla.

-Héctor, ¿de verdad estás enojado?

-Yo quería escaparme. De verdad. Solo no encontré el momento. No iba a dejar que nadie se aprovechara de mí. Además, aunque ese viejo quisiera pegarme, no necesariamente me ganaba. No tenías que preocuparte tanto.

-Héctor, yo de verdad...

Antes de que terminara, Héctor se levantó y salió.

Ximena corrió detrás de él.

-Héctor, ¿sí estás enojado? Yo no fui porque quise. No perdí nada...

Bruno abrió la puerta trasera del coche.

Héctor se sentó.

Ximena también se metió a la fuerza.

Héctor seguía callado, con la cara muy fea.

Ximena quiso abrazarle el brazo, pero él la miró.

Ella se encogió obediente hacia la puerta.

-¿Qué te pasa? Ni siquiera fui porque quise. ¿Por qué te enojas conmigo?

Mientras más pensaba, más ofendida se sentía.

Los ojos se le pusieron ácidos.

-Me mandaron a diseño para ayudar. Dijeron que el cliente quería verme para hablar de mis diseños y por eso fui. ¿Crees que me encantan esas comidas?

-¿Por qué me pones esa cara? Si no quieres verme, me bajo.

Ximena golpeó el separador.

-Chofer, deténgase.

El chofer no se atrevió.

Sin orden de Héctor, aunque adelante hubiera fuego, tendría que seguir manejando.

Ximena siguió golpeando el separador, alterada.

Héctor le tomó la cintura y la jaló sobre sus piernas.

Ximena quiso empujarlo, pero no pudo.

Él era mucho más fuerte.

-¿Por qué haces tanto berrinche?

Fue lo primero que dijo.

Y volvió a hacerla enojar.

-¿Yo hago berrinche? Héctor, tú eres el que está haciendo berrinche. ¿Con qué derecho te enojas conmigo? Yo no hice nada que te fallara.

-¿Crees que estoy enojado por eso?

Héctor sujetó su cintura inquieta y sus manos.

-Esta casa no necesita que tú la mantengas. No tienes que obligarte a hacer cosas que van contra lo que quieres.

-¿Cómo iba a saber que Gerardo Jara era tan asqueroso?

Héctor miró su cara llena de coraje y le tomó la barbilla con suavidad.

-¿Se te acabó el dinero?

Él le daba doscientos mil pesos cada mes y nunca faltaba.

Pero ella casi no los gastaba.

-¿Por qué preguntas eso?

-Me preocupa que te falte dinero y por eso aguantes cosas así.

Héctor sacó una tarjeta negra y se la puso en la mano.

-Toma.

Eso sí le gustó a Ximena.

La sombra de su cara desapareció.

-¿Puedo gastar lo que quiera?

-Lo que quieras.

-¿Y ese dinero alcanza para comprarle una sonrisa al señor Alcázar?

Ximena lo miró juguetona.

Héctor bajó la cabeza, sonrió apenas y le besó los labios.

Tardó un buen rato en soltarla.

-Sin dinero también.

Ximena se puso roja.

-Ah.

-Te sonrojas demasiado fácil.

A Héctor le encantaba verla así.

Sus dedos largos rozaron su cara una y otra vez. La besó de nuevo, incapaz de detenerse.

El calor subió rápido entre los dos.

Justo cuando todo estaba a punto de salirse de control, Ximena vio la luz del celular de Héctor parpadear.

Lo empujó apenas.

-Te están llamando. ¿Vas a contestar?

-Después.

-Ya lleva rato parpadeando. Tal vez es urgente.

Héctor se detuvo con resignación y miró la pantalla.

Era Lourdes.

-Mamá. Voy de regreso. Sí, ya sé.

Ximena quiso preguntar qué necesitaba Lourdes, pero antes de mover los labios, Héctor volvió a besarla.

En el espacio estrecho del asiento trasero, terminaron dejándose llevar.

El chofer dio dos vueltas por Avenida Reforma antes de regresar a la residencia Alcázar.

Antes de bajar, Ximena se acomodó el cabello y la ropa con especial cuidado.

Pero el aire de lo que acababa de pasar no se borraba tan fácil.

-¿Crees que mamá se dé cuenta? -preguntó, preocupada.

Al final, una nuera de familia rica debía verse seria y contenida.

No así.

-Tú sube primero.

Héctor le besó el cabello.

Ximena asintió.

Héctor fue al cuarto de Lourdes.

Ella había vuelto de la iglesia, pero no se veía bien.

-Mamá, ¿me buscabas?

Lourdes miró a su hijo y le pidió que se acercara.

-Hijo, hay algo que quiero preguntarte.

-¿Qué cosa?

-Hoy, de regreso de la iglesia, yo... -Lourdes bajó la voz, temiendo hacerlo enojar-. Me encontré con Valeria.

La cara de Héctor se endureció.

Miró a su madre como preguntando por qué.

Lourdes se explicó rápido.

-No fui a buscarla. Ella detuvo mi coche. Por eso hablamos.

-¿Qué dijo?

-Dijo... dijo que tuvo un hijo tuyo. ¿Tú sabías eso?

Lourdes estaba a medias entre creer y no creer.

Héctor preguntó con una calma casi fría:

-¿Usted le cree?

-Creer, creer, no del todo. Además, la nuera que yo quiero es Ximena. Aunque Valeria hubiera tenido un niño, sería un hijo fuera del matrimonio. Pero, hijo, si de verdad es tu hijo, también es mi nieto. Lo que quiero decir es...

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Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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