En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 16
Me gusta mucho esta escena porque aquí puedes introducir a la futura piedra en el zapato de Xenia sin que parezca una villana obvia. Las damas nobles suelen atacar con sonrisas, elogios disfrazados y comentarios aparentemente inocentes.
—¿Supieron que la condesa Mareanelli encontró al conde con su amante en su propia cama? —comentó una de las damas mientras removía tranquilamente el té.
Varias exclamaciones recorrieron la mesa.
—¡Qué escándalo!
—Y pensar que parecían tan enamorados.
—Los hombres son una decepción constante.
Xenia permaneció sentada escuchando la conversación con aparente tranquilidad. Al principio había pensado que aquella reunión sería insoportablemente aburrida, pero resultaba que las damas nobles poseían una cantidad impresionante de información sobre las desgracias ajenas.
Y una facilidad aún más impresionante para compartirla.
Definitivamente no quería convertirse en el tema principal de aquellas conversaciones.
Después de varios cambios de tema, una de las mujeres dirigió la atención hacia una joven de cabello castaño que llevaba apenas unos meses de casada.
—Lady Elyanna, ¿ya están pensando en herederos?
La joven se sonrojó inmediatamente.
—Bueno... sí. Mi esposo y yo lo hemos estado intentando, aunque todavía no hemos tenido éxito.
Algunas damas intercambiaron miradas discretas.
Entonces, como si se hubieran puesto de acuerdo silenciosamente, varias miradas se dirigieron hacia Xenia.
Ella tomó un sorbo de té.
Tardaron más de lo que esperaba.
—Lady Xenia, hemos escuchado mucho sobre usted últimamente —comentó una mujer con una sonrisa curiosa—. También escuchamos sobre el lamentable incidente de hace unos días.
El salón quedó ligeramente más silencioso.
Xenia apoyó la taza sobre el plato con elegancia.
—Por desgracia, los rumores suelen viajar más rápido que las personas.
Varias damas soltaron pequeñas risas.
—Fue una experiencia bastante desagradable, pero gracias a la protección de Su Majestad y a la rápida intervención de quienes acudieron en mi ayuda, todo terminó sin mayores consecuencias. Mi familia y yo nos sentimos profundamente agradecidos por ello.
La respuesta era exactamente la clase de frase refinada que se esperaba de una dama noble.
Educada.
Correcta.
Y sin revelar absolutamente nada.
—Se dice que fue el tercer príncipe quien la rescató —comentó otra dama, ocultando apenas su curiosidad detrás del abanico.
Xenia ya podía ver hacia dónde iba aquello.
—Su Alteza actuó con gran valentía y generosidad.
—Qué admirable.
—Sin duda.
—El príncipe siempre ha sido muy distinguido.
—Aunque también escuchamos ciertos rumores...
Xenia sintió que se aproximaba el desastre.
—¿Rumores? —preguntó Cordelis inocentemente.
—Bueno... algunas personas afirman haber visto a Lady Xenia y al tercer príncipe paseando juntos por el mercado.
Varias damas se abanicarón con entusiasmo.
Otras fingieron sorpresa de una forma tan exagerada que resultaba casi cómica.
Xenia sonrió por pura educación.
Por dentro estaba estrangulando a Clark con sus propias manos.
—Fue simplemente una coincidencia.
—¿Una coincidencia? —repitió una dama.
—Una muy insistente coincidencia —pensó Xenia.
Antes de que la conversación pudiera tomar un rumbo aún más peligroso, una voz suave intervino.
—Estoy segura de que existe una explicación perfectamente razonable.
La joven de cabello negro y ojos esmeralda que había permanecido callada hasta entonces levantó la vista.
Su sonrisa era impecable.
Demasiado impecable.
—Después de todo, Su Alteza el príncipe Clark siempre ha sido una persona amable con todos los nobles del reino.
Xenia percibió inmediatamente la intención oculta.
Aquello sonaba a defensa.
Pero no lo era.
La joven continuó hablando con absoluta naturalidad.
—Además, el tercer príncipe es una persona extremadamente ocupada. Imagino que sus obligaciones le dejan poco tiempo para asuntos más... personales.
Algunas damas bajaron la vista hacia sus tazas.
Otras ocultaron sonrisas detrás de sus abanicos.
Xenia entendió perfectamente el mensaje.
Era imposible que Clark estuviera interesado en ella.
Eso era lo que aquella mujer acababa de decir.
Solo que envuelto en seda.
—Por supuesto —respondió Xenia con una sonrisa tranquila—. Como dice la dama, Su Alteza tiene responsabilidades mucho más importantes que atender.
Los ojos esmeralda brillaron levemente.
Xenia continuó.
—Sería muy presuntuoso por parte de cualquiera asumir otra cosa basándose únicamente en rumores.
Ahora fueron algunas damas las que tuvieron que esconder sus sonrisas.
Porque la respuesta parecía darle la razón.
Pero también insinuaba que había quienes estaban demasiado interesadas en especular sobre la vida del príncipe.
La joven noble mantuvo la sonrisa.
—Lady Xenia posee una perspectiva muy madura.
—Intento hacerlo.
—Es admirable.
—Gracias.
Ambas sonrieron.
Cordelis observó el intercambio.
La marquesa Eleanor observó el intercambio.
Varias damas observaron el intercambio.
Y todas llegaron exactamente a la misma conclusión.
Aquellas dos jóvenes no se agradaban.
Afortunadamente, otra voz cambió el tema antes de que la situación continuara escalando.
—Lady Xenia, se dice que puede crear pociones extraordinarias.
La persona que había hablado era Lady Elyanna.
La joven parecía nerviosa.
—Tal vez sea una petición inapropiada, pero... ¿cree que podría existir una poción que ayude con la fertilidad?
La mesa quedó en silencio.
Xenia la observó durante unos segundos.
La esperanza en los ojos de la joven era tan evidente que resultaba difícil ignorarla.
Una parte de ella quiso responder que era imposible.
Sería mucho más sencillo.
Pero terminó suspirando internamente.
—No sería un trabajo fácil.
Los ojos de Elyanna brillaron.
—¿Entonces existe la posibilidad?
—Creo que sería posible investigarlo.
La sonrisa de la joven se volvió enorme.
—¿De verdad?
—No puedo prometer resultados inmediatos —aclaró Xenia—, y requeriría ingredientes costosos, además de mucho tiempo de estudio. Sin embargo, no considero que sea algo imposible.
—¡Muchas gracias!
La emoción de Elyanna era tan sincera que incluso Cordelis sonrió.
Desde el otro extremo de la mesa, la joven de ojos esmeralda observó la escena en silencio.
Y aquella mirada que dirigía hacia Xenia era cualquier cosa menos amistosa.
Xenia lo notó.
Y alzó una ceja.
¿Qué demonios le había hecho para ganarse semejante hostilidad?
La reunión continuó durante un rato más entre conversaciones, risas y nuevas rondas de té.
Sin embargo, cuando finalmente llegó la hora de marcharse, Xenia ya estaba completamente segura de una cosa.
Aquella joven de cabello negro volvería a cruzarse en su camino.
Y probablemente no sería una experiencia agradable.
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