●Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Para Bahir, la vida es tan pacífica como la tienda de flores y té de su abuelo beta, la cual cuida con esmero. A sus veintiún años, es un omega puro, inocente y con un dulce aroma a duraznos frescos que cautiva a cualquiera. Sin embargo, su corazón ya tiene dueño: Louie, un alfa dominante, imponente y protector que ha logrado ganarse su amor y, finalmente, un anillo de compromiso.
Bahir cree que ha encontrado a su príncipe azul. Lo que no sabe es que detrás de la fachada del prometido perfecto se esconde un acosador obsesivo, un alfa sádico y egocéntrico que lleva meses vigilando cada uno de sus pasos desde las sombras. Ahora que el compromiso es oficial, Louie está extasiado; el juego de la seducción ha terminado, y es hora de que el inocente omeguita descubra quién es realmente el dueño de su destino.
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Capítulo 18: El retorno de las rutinas y el fuego intacto
Capítulo 18: El retorno de las rutinas y el fuego intacto
Novela: Tu Guardián Sádico.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El mes entero de luna de miel en los Hamptons llegó a su fin de la misma manera en que había comenzado: envuelto en el aroma a duraznos frescos y la densa madera ahumada de un lazo ya consolidado. Aunque el retiro a solas en la costa terminó, la parejita regresó a su vida cotidiana en la ciudad no como dos personas comunes, sino como esposos unidos por un lazo eterno, un amor blindado contra el tiempo y una confianza mutua nacida de su plena historia juntos.
La mudanza a su residencia permanente no enfrió las promesas de Louie. Fiel a su palabra, el alfa dominante se encargó de que la transición de Bahir fuera perfecta.
Casi todos los días, una lujosa camioneta negra blindada con chofer privado esperaba a Bahir en la entrada. El omeguita disfrutaba enormemente el trayecto de regreso a Manhattan, ansioso por llegar a la tiendita de flores y té donde se había criado. Al entrar, el tintineo de la puerta siempre era seguido por el abrazo cálido de su abuelo Bernard. La tienda, ahora completamente renovada gracias a la fortuna de Louie, contaba con el mejor sistema de calefacción, estantes de roble pulido y un personal sumamente eficiente que se encargaba del trabajo pesado.
A Bahir le fascinaba pasar las tardes allí, ayudando de vez en cuando a armar los ramos de flores más delicados o sirviendo las tazas de té para los clientes frecuentes, mientras el abuelo Bernard lo observaba desde su sillón, feliz de ver el brillo de plenitud en los ojos de su nieto y la hermosa marca de lazo que asomaba con orgullo en su cuello.
Los días de Bahir también se llenaron de nuevas y afectuosas rutinas familiares. Su suegra, Roxanne, se había convertido en una segunda madre para él. No era raro ver a las revistas de la alta sociedad capturar fotos de ambos compartiendo exclusivas tardes de compras por las boutiques más glamorosas de la Quinta Avenida. Roxanne adoraba consentir a su yerno, ayudándole a elegir prendas de seda que resaltaran su delicadeza y decoraciones para el gran nido de los novios, siempre encantada de ver cómo la sola presencia de Bahir mantenía en completa paz al Alfa Dominante de su hijo.
Sin embargo, el regreso a la rutina de la gran ciudad, las visitas al abuelo y las salidas de compras nunca, bajo ninguna circunstancia, apagaron la pasión de la joven pareja.
Al contrario, el hecho de tener que atender sus responsabilidades durante el día parecía encender una chispa aún más feroz en Louie para cuando caía la noche. En cuanto Bahir ponía un pie de regreso en el hogar que compartían, Louie lo reclamaba con una urgencia salvaje, como si hubieran pasado meses separados en lugar de solo unas horas. El alfa dominante lo acorralaba contra las paredes del recibidor o lo cargaba directamente hacia la cama, sepultándolo bajo sus feromonas de cuero y madera para borrar el olor de la calle y dejar únicamente su esencia de posesión.
Bahir, completamente enamorado y con su instinto de omega floreciendo bajo el lazo, se entregaba a cada caricia y a cada beso apasionado con la misma pureza del primer día. Los gemidos y sollozos de felicidad volvían a resonar en la intimidad de su nido cada noche, demostrando que su matrimonio estaba más fuerte y encendido que nunca.
Todo marchaba sobre ruedas en el mundo perfecto que Louie había construido para su esposo. Bahir sonreía, bendecido por la vida cotidiana que tanto amaba y protegido por una red de seguridad impenetrable, sin imaginarse que, en las sombras de la ciudad, una figura del pasado ya había conseguido la dirección de la renovada tienda de Manhattan y se preparaba para irrumpir en su felicidad.