Un escritor exitoso transforma el destino de una mujer marcada por cicatrices.
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Capitulo 15
Rocco llegó frente a la puerta de Gianna.
Se quedó allí durante unos segundos.
¿Por qué estaba tan nervioso por tocar una simple puerta?
Finalmente levantó la mano y golpeó suavemente.
Unos segundos después, la puerta se abrió.
Gianna apareció frente a él.
—Señor...
Al verlo, sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Se le ofrece algo?
Rocco levantó las cremas.
—Solo vine a traerte esto.
Gianna miró los medicamentos.
—¿Qué es?
—Una crema para la quemadura y otra para los moretones. Te ayudarán a que se recuperen más rápido.
Ella permaneció sorprendida.
—Gracias, señor, pero no puedo aceptarlo.
—¿Por qué?
—Porque...
Gianna no encontró una respuesta adecuada.
Rocco extendió la mano.
—Tómalas, por favor, sin ningún compromiso.
Ella dudó.
Finalmente extendió la suya.
Sus dedos se encontraron.
Fue apenas un roce.
Un contacto de segundos.
Pero ambos se quedaron inmóviles.
Gianna sintió un extraño estremecimiento recorrerla.
Sus mejillas adquirieron un tono rosado casi de inmediato.
Rocco lo notó.
Y aquella reacción hizo que algo dentro de él se acelerara también.
Ninguno apartó la mirada durante un instante.
Hasta que Gianna retiró lentamente la mano.
—Gracias.
Rocco sonrió apenas.
—Espero que sanes pronto.
—Gracias, señor.
Gianna cerró la puerta.
En cuanto cerró la puerta, apoyó la espalda contra ella y dejó escapar el aire que parecía haber estado conteniendo.
Se llevó una mano al pecho.
Su corazón estaba latiendo demasiado rápido.
......................
Al otro lado de la puerta, Rocco permaneció inmóvil.
Apoyó una mano sobre la madera.
Cerró los ojos por un instante.
Había algo en aquella chica que despertaba en él una necesidad que no sabía explicar.
No era solamente curiosidad.
Quería saber qué había detrás de aquella mirada.
Quería descubrir qué había vivido.
Y, sobre todo, quería protegerla.
Rocco retiró lentamente la mano de la puerta.
Por primera vez en su vida, una persona había conseguido entrar en sus pensamientos sin pedir permiso.
Y esa persona era precisamente la mujer que menos sabía sobre él.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La tarde había caído sobre la mansión De Santis.
En la elegante sala del primer piso, Isabella permanecía sentada en uno de los sofás mientras revisaba distraídamente algunas fotografías familiares. Alessandro estaba junto a la ventana, con una copa en la mano, observando el jardín.
Durante unos minutos ninguno habló.
Hasta que Isabella dejó las fotografías sobre la mesa.
—Alessandro...
Él giró ligeramente la cabeza.
—¿Sí?
—Tenemos que hacer algo con Rocco.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Qué pasó ahora?
—Nada. Ese es precisamente el problema.
Él dejó escapar una pequeña sonrisa.
—¿Otra vez con lo mismo?
—¿Y cómo quieres que no esté preocupada? —Isabella tomó aire—. Nuestro hijo tiene treinta y tres años. Ha amasado una fortuna por sí mismo, sus libros venden en todo el mundo, tiene una carrera que cualquier hombre envidiaría... y sigue sin esposa.
Alessandro se acercó lentamente.
—Tampoco tiene hijos.
—Exactamente.
Isabella negó con la cabeza.
—Quiero nietos, Alessandro.
—Ya tenemos a Kevin.
—Kevin tiene diez años.
Alessandro se sentó frente a ella.
—¿Y?
—Matteo y Dora solo han tenido un hijo. —Isabella hizo una pequeña pausa—. Quiero más nietos. Quiero ver a Rocco formar su propia familia.
Alessandro permaneció pensativo.
Después dijo:
—Podríamos buscarle una esposa.
Isabella lo miró.
—¿Como hicimos con Matteo?
—Exactamente.
Ella permaneció unos segundos en silencio.
La idea no parecía disgustarle.
Después negó lentamente con la cabeza.
—Con Rocco es más complicado.
—¿Por qué?
—Porque Rocco no necesita nada de nosotros.
Alessandro frunció el ceño.
Isabella continuó:
—Tiene su propia fortuna. No espera nuestra herencia. No necesita la empresa. Ni siquiera le interesa formar parte de ella.
—Es cierto.
—Si intentamos presionarlo demasiado, podría marcharse de esta casa.
Alessandro guardó silencio.
Conocía perfectamente a su hijo.
Rocco podía ser reservado, tranquilo y respetuoso, pero también tenía un carácter independiente que nadie había conseguido doblegar.
—Tienes razón —admitió finalmente.
Isabella sonrió ligeramente.
—Además, ya sabes cómo es. Cuando decide algo, es prácticamente imposible hacerlo cambiar de opinión.
—Eso lo heredó de mí.
—No estoy segura de que eso sea algo de lo que debas presumir.
Alessandro soltó una breve carcajada.
—Entonces, ¿qué propones?
Isabella miró hacia la ventana.
—Rocco sale muy poco de la casa. Pasa prácticamente todo su tiempo encerrado en su despacho.
—Tal vez conozca a alguien.
—Eso espero.
Isabella suspiró.
—Quizá sea cuestión de tiempo.
Alessandro se recostó en el sofá.
—Mientras la mujer sea adecuada.
Isabella lo miró de reojo.
—¿Adecuada?
—Ya sabes a qué me refiero.
—Sí.
Alessandro sostuvo su mirada.
—Debe estar a la altura de nuestro apellido.
Isabella asintió lentamente.
—Por supuesto.
Sin embargo, después de unos segundos, su expresión se suavizó.
—Aunque también quiero que Rocco sea feliz.
Alessandro arqueó una ceja.
—¿Y crees que esas dos cosas no pueden ir juntas?
—No necesariamente.
Isabella tomó nuevamente las fotografías familiares.
—Pero tampoco quiero que termine con una mujer que solo esté interesada en su dinero.
—Eso sería inevitable.
—No necesariamente.
Alessandro guardó silencio.
Isabella sonrió ligeramente.
—Rocco es inteligente. Sabrá elegir.
—Esperemos que sí.
Ella observó una fotografía de Matteo junto a Dora y Kevin.
—Solo espero que algún día podamos tener una fotografía así con Rocco.
Alessandro miró la imagen.
—Conociéndolo, probablemente tendremos que esperar.
Isabella suspiró.
—No quiero esperar tanto.
—Isabella...
—¿Qué?
—Déjalo vivir.
Ella lo miró durante unos segundos.
—Lo sé.
Después sonrió.
—Pero no puedo evitar querer verlo casado.
Alessandro negó con la cabeza, divertido.
—Entonces tendremos que esperar.
Isabella volvió a mirar hacia el jardín.
—Quizá ya haya alguien.
Alessandro siguió su mirada.
—¿Crees que Rocco está conociendo a alguien?
—No lo creo.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Isabella.
—Pero últimamente parece diferente.
—¿Diferente?
—No sé explicarlo.
Alessandro se quedó pensativo.
—Entonces quizá tengas razón.
Isabella volvió a mirar la fotografía entre sus manos.
—Solo espero que, cuando llegue esa mujer, sea alguien que realmente pueda formar parte de nuestra familia.
Alessandro asintió.
—Y que esté a la altura del apellido De Santis.
Isabella sonrió.
—Eso es lo mínimo.
Ninguno de los dos podía imaginar que, dentro de aquella misma mansión, Rocco comenzaba a interesarse precisamente por una joven que estaba muy lejos de pertenecer al mundo que ellos consideraban apropiado.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Gianna se encontraba sentada en su habitación.
Bajó la mirada hacia las cremas que Rocco le había entregado.
—¿Por qué se preocupa por mí? —murmuró.
......................
Después de unos segundos, comenzó a arremangarse la blusa.
Al descubrirse los brazos, su expresión cambió.
Las marcas seguían allí.
Gianna tomó aire lentamente.
Destapó la crema para los moretones y colocó un poco sobre sus dedos.
Al extenderla sobre la piel, recordó cómo habían sucedido.
Una escena que había intentado olvidar.
....