Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
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Salida
Perspectiva de Lina (primera persona)
La compra terminó siendo mucho más grande de lo que esperaba.
Entre espadas, lanzas, dagas y varias armas bendecidas, los caballeros prácticamente vaciaron una parte importante de mi inventario.
No me estaba quejando.
En absoluto.
Cuando todo estuvo listo, comenzaron a cargar las cajas.
—Bien, pueden retirarse.
La voz de Leonhart hizo que varios de los caballeros levantaran la cabeza.
—¿Está seguro?
—Sí.
Han trabajado desde temprano.
Descansen.
Nadie discutió la orden.
Ni siquiera Aria.
Aunque antes de marcharse me dedicó una sonrisa amable y una pequeña despedida con la mano.
Poco después la tienda quedó en silencio.
Bueno.
Casi.
Porque Leonhart seguía allí.
Observé las enormes cajas vacías sobre el mostrador.
—¿Olvidaste algo?
—No.
—Entonces sigues aquí.
—Correcto.
Parpadeé.
Aquella respuesta no aclaraba absolutamente nada.
—¿Y piensas quedarte de pie junto a esa pared toda la noche?
—No.
—Qué alivio.
Continué organizando algunos documentos mientras él permanecía cerca.
Sin prisa.
Sin decir mucho.
Simplemente esperando.
Fue extraño.
Pero no incómodo.
Y cuando finalmente cerré el libro de cuentas, él habló.
—¿Terminaste?
—Sí.
—Bien.
Tomó mi abrigo del perchero y me lo extendió.
—Ven conmigo.
Lo observé durante varios segundos.
—Eso sonó sospechosamente a una orden.
—Es una invitación.
—Ah.
Entonces es diferente.
—Mucho.
No parecía dispuesto a dar más explicaciones.
Así que terminé aceptando.
Las calles estaban llenas de luces.
Puestos de comida.
Músicos.
Comerciantes.
Niños corriendo de un lado a otro.
Hacía mucho tiempo que no paseaba sin estar pensando en trabajo.
Terminamos comprando comida en varios puestos.
Brochetas.
Pan dulce.
Incluso una bebida caliente.
Y para mi sorpresa, Leonhart parecía bastante más relajado de lo habitual.
Seguía siendo serio.
Pero no tanto.
—Nunca te había visto recorrer los mercados.
Comenté.
—Normalmente no lo hago.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Qué cosas?
—Tu falta de experiencia comprando comida callejera.
Me miró.
—Elegí bien.
—Elegiste el puesto más caro.
Guardó silencio.
—Eso explica muchas cosas.
Murmuró utilizando mis propias palabras.
No pude evitar reírme.
Seguimos caminando durante un rato más.
Fue entonces cuando pasamos frente a un pequeño puesto lleno de peluches.
Me detuve sin querer.
Había uno particularmente adorable.
Una pequeña criatura blanca con orejas enormes.
—Curioso.
Dije.
—¿Qué?
—Nada.
Seguí caminando.
O al menos intenté hacerlo.
Porque Leonhart no se movió.
Me giré.
Y descubrí que estaba observando el puesto.
Luego al peluche.
Luego nuevamente al puesto.
Con una expresión extrañamente concentrada.
Como si estuviera planeando una estrategia militar.
—Leonhart.
—Espera.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada.
Eso era mentira.
Porque segundos después se acercó al vendedor.
Observé la escena desde cierta distancia.
El vendedor tomó el peluche.
Luego sonrió.
Después miró a Leonhart.
Y la sonrisa se volvió mucho más grande.
Oh no.
Conocía esa clase de sonrisa.
—Excelente elección.
Dijo el hombre.
—A su pareja seguramente le encantará.
Sentí que mis orejas comenzaban a calentarse.
Leonhart se quedó inmóvil.
Completamente inmóvil.
Por un segundo pensé que corregiría al vendedor.
Pero no lo hizo.
—También tenemos rosas.
Añadió el hombre.
—Combinan muy bien.
Para mi absoluta sorpresa...
Leonhart asintió.
—Tomaré una.
El vendedor pareció encantado.
Yo quería desaparecer.
Minutos después caminábamos otra vez.
Bueno.
Él caminaba.
Yo intentaba entender qué acababa de pasar.
Hasta que finalmente se detuvo.
Y me tendió el peluche.
Junto con la rosa.
Durante unos segundos me quedé mirando ambos objetos.
Luego lo miré a él.
Y entonces ocurrió algo que jamás pensé que vería.
Leonhart estaba sonrojado.
No mucho.
Pero lo suficiente para notarlo.
Las puntas de sus orejas estaban rojas.
Y evitaba mirarme directamente.
—¿Leonhart?
—Tómalos.
Dijo rápidamente.
—Lo noté.
—Entonces deja de observarme.
Aquello solo empeoró las cosas.
Porque ahora me estaba costando contener la sonrisa.
—¿Compraste un peluche?
—Sí.
—¿Y una rosa?
—Sí.
—¿Para mí?
Finalmente levantó la vista.
Claramente avergonzado.
Claramente incómodo.
Y aun así respondió.
—Sí.
Mi corazón dio un salto extraño.
Uno bastante fuerte.
Bajé la mirada hacia el peluche.
Luego hacia la rosa.
Y sonreí.
—Me gustan mucho.
La tensión en sus hombros pareció desaparecer de inmediato.
Como si hubiera estado esperando esa respuesta todo el tiempo.
Y por primera vez desde que lo conocía...
Tuve que apartar la mirada primero.
Y eso me resultó tan inesperado como todo lo que había ocurrido aquella noche.
Leonhart parecía haber recuperado parte de su habitual compostura.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣