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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:27.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

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Capitulo 19: Alianzas reales y el calor del invierno

El ambiente en el despacho del Ducado de Valerius era asfixiante. El documento legal de Elene descansaba sobre la mesa como una sentencia silenciosa. Sin embargo, antes de que Cédric pudiera convocar a sus propios asesores, el sonido de trompetas anunció una llegada imprevista en los portones. No eran los jueces de la capital; era el carruaje personal del heredero al trono.

El príncipe Christopher entró al gran salón del Ducado sin ceremonias. Su habitual semblante despreocupado desapareció en cuanto vio los rostros tensos de Cédric y Alissa.

—¿Pero qué demonios pasa aquí? —preguntó Christopher, mirándolos con profunda preocupación—. Tienen caras de estar esperando su propia ejecución. ¿Qué ocurrió?

Alissa, manteniendo la computación, tomó el documento y se lo entregó. Mientras el príncipe leía las cláusulas del testamento y la notificación de la llegada de los jueces, sus ojos se abrieron de par en par y su mandíbula se tensó.

—Se los advertí —gruñó Christopher, arrojando el papel sobre la mesa—. Sabía que esa zorra tenía algo bajo la manga.

Cédric exhaló un suspiro pesado, cruzándose de brazos.

—Es un documento legal avalado por el Ministerio de Justicia, Christopher. Si los jueces de la capital llegan aquí, mis espadas no servirán de nada para retener la tutoría de Theo sin desatar una rebelión contra las leyes del Imperio.

Al escuchar esto, el príncipe Christopher se llevó una mano al pecho, fingiéndose profundamente ofendido, aunque sus ojos brillaban con una determinación feroz.

—¡Me ofenden, de verdad! —exclamó el príncipe, mirando a la pareja con indignación—. ¿Para qué creen que estoy yo aquí con ustedes? ¿Soy un adorno dorado en esta corte o qué? ¿Se les olvida que soy el maldito príncipe heredero?

Alissa esbozó una pequeña y agradecida sonrisa ante el ímpetu de su amigo. Christopher dio un paso al frente, golpeando el escritorio con el puño.

—No vamos a esperar a que esos jueces corruptos pisen el norte. Mañana mismo iremos juntos a la capital, directo al palacio imperial, y hablaremos con mi padre. Él es el Emperador; algo tiene que hacer para anular esa maldita cláusula antes de que Elene mueva su primer peón. Y yo, como príncipe y futuro gobernante de este Imperio, les garantizo que no voy a permitir que esa mujer destruya a esta familia. Nos moveremos rápido.

La propuesta de Christopher trajo un plan de acción, pero también la certeza de que al día siguiente partirían hacia una guerra política sin cuartel. La vulnerabilidad de la situación y el miedo a perder lo que habían construido terminaron de romper cualquier distancia restante entre los duques.

Esa noche, la última antes del gran viaje, el silencio en la habitación ducal era denso. Alissa se encontraba parada frente al ventanal, observando la nieve caer, cuando sintió los brazos fuertes de Cédric rodearla por la espalda. El duque hundió el rostro en su cuello, respirando su aroma.

—Tengo miedo de perder a Theo, Cédric —susurró Alissa, dándose la vuelta para quedar frente a él en la penumbra.

Cédric la miró con una intensidad desgarradora.

—No vas a perderlo. Y no te voy a perder a ti —prometió Cédric, su voz ronca y cargada de una pasión contenida.

El duque acunó el rostro de Alissa con ambas manos, tratándola con un amor profundo que desarmaba cualquier lógica militar. Empezó a acariciarla con una delicadeza extrema, como si temiera romperla, mientras sus labios buscaban los de ella en un beso hondo, sediento de un refugio mutuo. Alissa le respondió con la misma entrega, rodeando su cuello y dejándose guiar lentamente hacia la gran cama de postes.

Cédric se deshizo de su ropa con urgencia y, con infinita ternura, desanudó las cintas del camisón de seda de su esposa. Cuando la prenda cayó, el duque se detuvo un instante a observar el cuerpo de ella bajo la tenue luz de la chimenea. La recorrió con la mirada como si fuera un mapa desconocido, un territorio sagrado en el que deseaba perderse para siempre y del cual no quería regresar.

Con paciencia y adoración, Cédric comenzó a explorar cada rincón de su piel. Sus dedos, grandes y firmes, trazaron líneas suaves por sus hombros, sus costillas y su cintura, dejando un rastro de fuego a su paso. Siguiendo el camino de sus yemas, sus labios descendieron por su cuello, su clavícula y su vientre, llenándola de besos pausados que hacían que Alissa jadeara sutilmente, aferrándose a las sábanas mientras el calor la envolvía por completo.

Cédric se posicionó sobre ella, mirándola fijamente a los ojos dorados, descubriendo en su timidez y en el temblor de su cuerpo la pureza de su entrega: Alissa era virgen. Sabiendo esto, el general de hierro desterró cualquier atisbo de prisa. La tomó de las manos, entrelazando sus dedos, y la besó en los labios con un amor desbordante, infundiéndole total seguridad.

Cuando finalmente entró en ella, lo hizo con una lentitud casi agónica, deteniéndose a cada segundo para besar sus labios, sus mejillas y sus párpados, amortiguando cualquier atisbo de dolor con la calidez de sus caricias. Alissa contuvo el aliento ante la intensidad de la nueva sensación y, en un acto reflejo de dolor y placer mezclados, sus uñas se clavaron en la espalda descubierta de Cédric, arañando la piel firme de su esposo mientras se amoldaba a él.

Cédric ahogó un gemido contra su boca, atrapando el dolor de ella en un beso eterno que pronto se transformó en un ritmo dulce, constante y profundamente apasionado. Esa noche, bajo las pesadas mantas de piel, el invierno del norte se rindió por completo a la luz de la primavera, sellando una unión inquebrantable antes de marchar hacia la batalla en la capital imperial.

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Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
Maria Garrido
el papá de ella no se supo nunca de él.
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