Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23 – El comienzo de la guerra
El estruendo de la explosión todavía hacía vibrar las paredes de la Sala del Acuerdo.
El polvo cubría el aire, dificultando la respiración.
Los guardias Moretti levantaron sus armas al mismo tiempo.
Frente a ellos, el hombre de traje oscuro avanzó con paso lento, rodeado por una docena de hombres armados.
No parecía nervioso.
Al contrario.
Caminaba como si aquella sala le perteneciera.
Sus ojos se clavaron en Valeria.
—Después de tantos años... por fin te encontré.
Adrián dio un paso al frente, colocándose delante de ella.
—No vas a acercarte.
El desconocido sonrió con calma.
—Ahora entiendo por qué todos hablan del heredero Moretti. Siempre tan impulsivo.
Víctor lo reconoció al instante.
—Damián...
El hombre inclinó apenas la cabeza.
—Hace mucho tiempo que nadie me llama por mi nombre.
Valeria observó a Víctor.
—¿Lo conocés?
El patriarca no apartó la vista del recién llegado.
—Demasiado.
Trabajó para nuestras familias cuando éramos jóvenes.
Desapareció poco antes del incendio.
Damián soltó una carcajada.
—Qué curioso... siempre cuentan la parte que más les conviene.
Gabriel dio un paso adelante.
—¿Qué querés?
—Lo mismo que todos ustedes.
La verdad.
Pero, a diferencia de ustedes, yo estoy dispuesto a pagar cualquier precio por ella.
Valeria sintió un escalofrío.
Aquel hombre no hablaba como un mercenario.
Hablaba como alguien que llevaba años esperando ese momento.
Damián desvió la mirada hacia el sobre que Valeria sostenía entre las manos.
—Veo que Beatriz cumplió con su parte.
Beatriz no respondió.
Solo observaba la escena con una expresión imposible de descifrar.
—Entregámelo, Valeria.
Ella abrazó el sobre contra su pecho.
—No.
—Ese documento no es para vos.
—Tiene mi historia.
—Precisamente por eso.
Adrián dio otro paso al frente.
—La conversación terminó.
Uno de los hombres armados levantó su fusil.
Los guardias hicieron lo mismo.
Bastaba un solo movimiento para convertir la sala en un campo de batalla.
—¡Bajen las armas! —ordenó de repente Valeria.
Todos la miraron sorprendidos.
Incluso Adrián.
—No quiero que nadie muera por mi culpa.
Damián sonrió.
—Tenés el mismo corazón que tu madre.
Aquellas palabras hicieron que el silencio volviera a apoderarse de la sala.
—¿La conociste? —preguntó Valeria.
La sonrisa de Damián desapareció.
—Sí.
Y fue una de las mejores personas que conocí.
Por eso nunca pude perdonarme haber llegado tarde aquella noche.
Gabriel bajó la cabeza.
Como si esa frase también lo hiriera.
Valeria comenzó a comprender que ninguno de los adultos presentes había logrado superar el pasado.
Todos cargaban culpas.
Todos habían perdido algo.
De repente, una alarma diferente comenzó a sonar en la sala.
Ernesto miró la pantalla de seguridad que llevaba uno de los guardias.
Su expresión cambió por completo.
—¡Señor Adrián!
—¿Qué pasa ahora?
—Entraron por el ala oeste de la mansión.
Pero... no son los hombres de Damián.
Todos giraron hacia él.
—¿Qué querés decir?
—Hay otro grupo.
Están vestidos completamente de negro.
Y vienen directo hacia la Sala del Acuerdo.
Damián dejó de sonreír.
—No...
Ellos no deberían estar acá.
Por primera vez desde que había aparecido, parecía realmente preocupado.
Gabriel lo observó fijamente.
—¿Quiénes son?
Damián tardó unos segundos en responder.
—Las personas de las que todos debieron cuidarse desde el principio.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
—¿Los verdaderos enemigos?
Él asintió lentamente.
—Sí.
Ellos nunca quisieron el dinero de los Moretti.
Ni las tierras de los Rivieri.
Siempre vinieron por una sola cosa.
Todos esperaron su respuesta.
Damián miró directamente a Valeria.
—Vinieron por vos.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, todas las luces de la sala se apagaron.
La oscuridad fue total.
Se escucharon disparos.
Gritos.
Cristales rompiéndose.
Alguien tomó con fuerza la mano de Valeria.
Ella creyó que era Adrián.
Pero una voz desconocida susurró junto a su oído:
—No hagas ruido...
Si querés salir con vida, tenés que venir conmigo.