NovelToon NovelToon
CICATRICES DE LUJO. LA VENGANZA DE LA HEREDERA

CICATRICES DE LUJO. LA VENGANZA DE LA HEREDERA

Status: Terminada
Genre:Venganza / CEO / Romance / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Katerina lo tenía todo: una mente matemática brillante, el imperio de superdeportivos Vanguard Atelier y un prometido ideal. Pero el día de su coronación como CEO, su mundo se derrumba. Traicionada por su novio y una enemiga oculta, es narcotizada y expuesta en un falso montaje de infidelidad. Humillada públicamente y al borde del colapso, la obligan a firmar la renuncia que le arrebata el negocio familiar.
En la ruina absoluta, Katerina encuentra un aliado inesperado: Luke, el implacable y magnético CEO de la firma legal más poderosa del país. Conocido como el "tiburón de los negocios", Luke no cree en la compasión, pero la brillantez y dignidad de Katerina despiertan en él una obsesión incontrolable.
Entre noches de pasión salvaje y una complicidad peligrosa, ambos diseñan un algoritmo de venganza implacable. Sin embargo, una red de secuestros, atentados armados y secretos oscuros amenazará con destruirlos antes del juicio final. ¿Podrán recuperar el imperio automotriz, o las cicatrices del pasado los consumirán a ambos? Una historia adictiva de traición, mafia corporativa y un amor indomable.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22. EL FAROL DEL VERDUGO

El vestíbulo principal de los Juzgados de Familia era un hervidero de actividad a las ocho y cuarenta y cinco de la mañana. Los destellos de los flashes de las cámaras de los periodistas de la prensa rosa se reflejaban en el suelo de terrazo. La opinión pública aún devoraba el escándalo de "la heredera infiel de Vanguard Atelier".

La multitud se abrió paso cuando Katerina y Luke cruzaron el detector de metales de la entrada.

Katerina lucía imponente. Llevaba un traje sastre negro de corte impecable, tacones altos de aguja y el cabello esmeralda recogido en un moño tenso que resaltaba la frialdad glacial de sus facciones. A su lado, flanqueándola con su imponente estatura, caminaba Luke. El abogado vestía un traje azul marino hecho a medida, con su brazo izquierdo descansando rígidamente dentro del cabestrillo negro oculto con elegancia bajo la chaqueta sobrepuesta por los hombros. Sus miradas no flaquearon ante los micrófonos que les salían al paso; avanzaron con la seguridad de dos monarcas en su propio terreno.

—La sala de vistas del juez de familia está en el ala oeste, Kat —susurró Luke con su voz barítona profunda, manteniendo los ojos oscuros atentos a cualquier movimiento extraño entre la multitud.

—Lo sé. Pero ellos no nos dejarán llegar tan lejos —respondió Katerina con un hilo de voz calmada, casi mecánica. Su mente matemática ya había calculado el punto exacto de la colisión.

Justo al pasar bajo la imponente columnata de mármol que dividía el vestíbulo público de los pasillos restringidos, dos figuras salieron al paso, bloqueándoles el camino.

Leo vestía un traje gris que pretendía denotar inocencia, pero su rostro reflejaba unas marcadas ojeras provocadas por días de huida. A su lado, Laya mantenía la gorra de béisbol calada y las gafas de sol oscuras, camuflada entre la gente, pero sus labios delgados estaban curvados en una sonrisa de absoluto triunfo psicópata. No sabían nada del asalto de las tres de la mañana. Para ellos, seguían siendo los dueños del tablero.

—Vaya, vaya... Miren a la feliz pareja de abogados y adúlteros —siseó Leo en un susurro cargado de veneno, colocándose a menos de un metro de Katerina—. Disfruta de tu último minuto de orgullo, Katerina.

Laya dio un paso al frente, interponiéndose entre Katerina y el acceso a las salas de audiencia. Con un movimiento rápido y disimulado, sacó su teléfono móvil del bolsillo de la gabardina y encendió la pantalla, mostrándole a Katerina un fotograma de sus padres atados en la fundición de acero.

—Tienes exactamente cuatro minutos antes de que el juez abra la sesión, maldita matemática —amenazó Laya con una voz siseante que destilaba pura locura oculta—. Vas a entrar a esa sala con tu abogado herido, vas a pedir la palabra y vas a declarar ante el magistrado que retiras formalmente la demanda de nulidad por fraude. Dirás que todo fue un malentendido y que le cedes el control total de Vanguard Atelier a Leo en el divorcio definitivo.

Leo se acomodó la corbata, recuperando su habitual arrogancia cínica.

—Si firmas la retirada ante el juez, Laya enviará un mensaje de texto a los hombres que cuidan a tus queridos padres y los liberarán en una cuneta del norte —añadió Leo con una sonrisa de medio lado—. Si entras a esa sala y dices una sola palabra sobre fraude... daré la orden de que les vuelen la cabeza en streaming. Tú eliges, mi querida CEO: tu preciosa fábrica de coches o la vida de Gerald y Karen.

Luke dio un paso al frente, con sus ojos oscuros inyectados en una furia fría que hizo que Leo diera un respingo instintivo hacia atrás, pero Katerina extendió su mano derecha, deteniendo sutilmente al abogado.

Katerina observó la pantalla del teléfono de Laya. Analizó la imagen fija de sus padres atados. Luego, levantó la mirada esmeralda y la clavó directamente en los ojos ocultos de Laya tras las gafas de sol. Para absoluta sorpresa de los dos traidores, las comisuras de los labios de Katerina se curvaron en una sonrisa gélida, lenta y de un desprecio absoluto.

—Laya... siempre fuiste pésima para el cálculo de probabilidades —sentenció Katerina. Su voz sonó clara, nítida y con una tranquilidad que desarmó por completo la seguridad de la villana.

—¡¿De qué te ríes, estúpida?! —chilló Laya en un susurro histérico, apretando el teléfono entre sus dedos—. ¡Tengo la vida de tus padres en un botón!

—No, ya no la tienes —replicó Katerina, dando un paso firme hacia ella, obligando a Laya a retroceder un milímetro—. Vuestro zulo en la fundición de acero del sector cuatro fue asaltado por la policía judicial del Comisario Torres a las tres y media de la madrugada. Los tres mercenarios que contratasteis con el dinero robado están detenidos en los calabozos subterráneos de este mismo edificio. Mi padre y mi madre están durmiendo plácidamente en una suite médica de la clínica privada, escoltados por agentes armados.

Leo palideció al instante, y el color de su rostro pasó de la arrogancia a un gris ceniza casi cadavérico.

—No... eso es mentira... ¡Estás faroleando! —tartamudeó Leo, mirando a Laya con puro terror en los ojos.

—Míralo tú mismo, Leo —intervino Luke, sacando su propio teléfono móvil con su mano derecha sana y mostrando la pantalla de administración de la firma legal—. Esa es la videollamada en directo con el detective García desde la habitación del hospital. Tus suegros te mandan saludos, Leo. Se acabó el secuestro. Vuestro farol se ha terminado.

Laya miró la pantalla de Luke y sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Sus dedos comenzaron a temblar descontroladamente y el teléfono móvil se le resbaló de las manos, estrellándose contra el mármol del vestíbulo con un sonido seco. El plan de seis años, el secuestro, el vaciado corporativo... todo se había disuelto en un segundo bajo la lógica implacable de Katerina y el poder legal de Luke.

—¡Maldita sea! ¡Vámonos de aquí, Leo! —chilló Laya, dándose la vuelta presa del pánico para intentar camuflarse de nuevo entre la multitud de periodistas y escapar por las escaleras principales.

Pero ya era demasiado tarde.

Cuatro agentes de la policía judicial vestidos de paisano, que habían estado apostados detrás de las columnas del vestíbulo esperando la señal de Luke, salieron al paso con las placas doradas en alto y las esposas de acero tintineando en sus manos.

—¡Policía judicial! ¡Leo Castro y Laya Fuentes, quedan detenidos por intento de homicidio, secuestro extorsivo y conspiración criminal de gran escala! —anunció el oficial al mando con voz potente, resonando en todo el vestíbulo de los juzgados.

Los periodistas se giraron en masa al escuchar el anuncio, y los flashes comenzaron a dispararse a una velocidad ensordecedora. Leo cayó de rodillas al suelo, llorando como un cobarde mientras le colocaban las esposas a la espalda. Laya comenzó a gritar e insultar de forma psicópata, forcejeando salvajemente mientras los agentes la obligaban a caminar hacia el ascensor de seguridad bajo la mirada de desprecio de todo el país.

Katerina observó la humillación pública de sus verdugos con los brazos cruzados, sintiendo que un peso de toneladas se desprendía finalmente de sus hombros. Luke se colocó a su lado, rozando su hombro con el de ella, y le dedicó una mirada cargada de orgullo y un amor profundo.

—El vestíbulo ya está limpio, administradora judicial —susurró Luke de medio lado, con una sonrisa triunfante—. Ahora entremos a esa sala de vistas. Es hora de que el juez te devuelva legalmente lo que es tuyo.

1
Mary Cabrera
la sentencia muy baja para lo que hicieron 😏
Mary Cabrera
está peste de 💩 es tanto su envidia y locura que quiere hacerle daño a como de lugar, no matarla
Mary Cabrera
bueno a ver si esa gente inteligencia la utiliza para destruirlos como ellos lo hicieron
Mary Cabrera
tanta inteligencia y nunca descubrió nada siempre hay que tener algo de malicia 🫤🤨
Mary Cabrera
una envidiosa que culpa a Katerine por ser inteligente y brillar con luz propia y como ella no es capaz se une a la basura de novios para ganar algo que no les corresponde 😏
Ana Cortes
las matemáticas no cuadran Katerina dice que fueron 10 años de frialdad por parte de Leo pero según en los primeros capitulos fueron 6 años de noviazgo y 1año de matrimonio si sumo me dan 7 años de donde salieron los otros 3 años
Ana Cortes
esa Laya es una sicopata criminal como Leo no se a dado cuenta de que esta al lado de una mujer con esa mente criminal y es por pura envidia
Ana Cortes
ese Leo es un desgraciado y esa Laya envidiando pero que disfruten su triunfo qué después va la revancha 😭😭😭😭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play