Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
El silencio después de eso…
no fue calma.
Fue advertencia.
Pesado.
Inmóvil.
Como si todo estuviera esperando el siguiente movimiento.
El mío.
—Tenemos que salir de aquí.
La voz de Adrik no dejó espacio para discusión.
—Ya.
Pero esta vez…
no dudé.
Porque lo sentía.
Más claro que nunca.
Esa presencia ya no estaba oculta.
No completamente.
Ahora…
me estaba buscando.
—Se está moviendo.
Susurré.
Mi voz apenas estable.
—Lo sé.
Respondió él.
Ya mirando alrededor.
Midiendo.
Calculando.
—No está solo.
Eso me heló.
—¿Cuántos?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—No lo suficiente lejos.
Perfecto.
—Estrella.
La voz de Aziel llegó más firme.
Más cercana.
—Escúchame.
—Te escucho.
—No te separes de él.
Miré a Adrik.
Un segundo.
—Eso no me gusta.
—No es cuestión de que te guste.
Directo.
Claro.
Real.
—Es cuestión de sobrevivir.
Respiré.
Fuerte.
Asintiendo apenas.
—Bien.
Murmuré.
—Entonces salgamos.
Nos movimos.
Rápido.
Pero sin correr.
Aún.
El pasillo ya no estaba lleno.
Demasiado vacío ahora.
Demasiado perfecto.
—Esto no está bien.
—No.
Dijo Adrik.
—Pero ya empezó.
Caminamos más rápido.
Una esquina.
Otra.
Las salidas…
cada vez más cerca.
Y entonces—
un sonido.
Seco.
Leve.
Pero suficiente.
Detrás.
—No mires.
Dijo él de inmediato.
—¿Por qué?
—Porque quieren que lo hagas.
Perfecto.
—Entonces sí los viste.
—Sí.
—¿Y?
Silencio.
—No son humanos.
Claro.
Nada lo era ya.
—¿Qué quieren?
—A ti.
Eso ya no sorprendía.
Lo que sí—
fue cómo lo dijo.
Sin duda.
Sin posibilidad de error.
Directo.
—Genial.
Apreté los puños.
Sintiendo ese cosquilleo volver.
Más fuerte.
Más rápido.
—No ahora.
La voz de Aziel fue inmediata.
—No les des eso.
—No lo estoy intentando.
—Pero está reaccionando.
—Lo sé.
Y eso era lo peor.
Porque esta vez…
no venía de miedo.
Venía de respuesta.
Como si algo dentro de mí…
los reconociera.
Giramos otra esquina.
Y entonces—
los vi.
Sin querer.
Sin buscar.
Dos.
A unos metros.
Quietos.
Observando.
No se escondían.
No lo necesitaban.
—Sigue caminando.
Dijo Adrik.
Más bajo.
Más tenso.
—No corras.
—¿Por qué no?
—Porque entonces sí van a hacerlo.
Mi pulso se aceleró.
—¿Hacer qué?
Silencio.
Y luego—
—Cazarte.
El mundo se volvió más nítido.
Más frío.
Más real.
—Ya lo están haciendo.
—No.
Negó apenas.
—Aún no.
Eso…
fue peor.
Mucho peor.
Seguimos avanzando.
Pero ahora—
todo se sentía diferente.
Cada paso.
Cada sonido.
Cada respiración.
Medida.
Contada.
Esperando romperse.
—Salida.
Dijo él.
Apenas audible.
La vi.
Al final del pasillo.
La puerta.
La luz.
Lo normal.
Lo que ya no era normal.
—Cuando lleguemos—
—Corremos.
—Sí.
Perfecto.
—Estrella.
Aziel otra vez.
Más cerca.
Más… presente.
—Si algo sale mal—
—Lo sé.
—No.
Pausa.
—Escúchame.
Mi respiración se tensó.
—No dejes que te separen.
Eso…
se quedó.
Fuerte.
Claro.
Importante.
—No lo haré.
Respondí.
Aunque no estuviera segura.
Tres pasos más.
Dos.
Uno.
Y entonces—
todo cambió.
El aire se cortó.
Como si algo invisible hubiera caído entre nosotros…
y la salida.
Me detuve en seco.
Adrik también.
—Tarde.
Murmuró.
Y por primera vez…
lo escuché.
No en voz alta.
No claro.
Pero real.
Una risa.
Baja.
Oscura.
Cerca.
Demasiado cerca.
—Ahora sí…
Susurré.
Mi voz apenas reconocible.
—ya empezó.
El aire no solo se tensó.
Se cerró.
Como si algo hubiera decidido…
que no íbamos a salir.
—Atrás.
La voz de Adrik fue inmediata.
Firme.
Instintiva.
Me moví sin discutir.
Un paso.
Dos.
Quedando justo detrás de él.
Protección.
Pero también…
límite.
Y eso no me gustó.
—No te separes.
Aziel.
Más cerca que nunca.
—Lo sé.
Respondí.
Pero mi atención ya no estaba en él.
Estaba al frente.
Donde el aire se había distorsionado.
Primero fue sutil.
Un cambio leve.
Como calor sobre asfalto.
Luego…
forma.
Dos figuras.
Las mismas.
Pero ahora…
más claras.
Más reales.
Más peligrosas.
—Vaya…
Una de ellas habló.
Su voz arrastrada.
Lenta.
Como si disfrutara cada segundo.
—Así que eres tú.
Mi pulso se disparó.
—No te acerques.
Adrik no gritó.
No lo necesitó.
Su tono bastó.
Advertencia.
Peligro.
Promesa.
—Tranquilo.
La figura inclinó la cabeza.
Sonriendo apenas.
—Solo queremos ver.
—Ya vieron suficiente.
—No.
Negó.
—Apenas estamos empezando.
El segundo dio un paso.
Lento.
Deliberado.
Y algo dentro de mí reaccionó.
Fuerte.
Demasiado.
—No.
Susurré.
Pero no era para ellos.
Era para mí.
—No ahora.
La voz de Aziel llegó como un ancla.
—No les des lo que quieren.
—No lo estoy intentando.
—Pero está respondiendo.
Claro que lo estaba.
Mi pecho ardía.
Mis manos temblaban.
El aire a mi alrededor vibraba.
Como si me reconociera.
Como si ellos…
también lo hicieran.
—Interesante.
Dijo el primero.
Mirándome ahora directamente.
—Lo siente.
—Cállate.
Adrik dio un paso al frente.
Esta vez más agresivo.
Más claro.
—Da otro paso…
Pausa.
—y no sales de aquí.
Silencio.
Pero no uno vacío.
Uno que precede algo.
—Hazlo.
Respondió el segundo.
Y entonces—
se movieron.
Rápido.
Demasiado.
No hacia él.
Hacia mí.
—¡Estrella!
Pero ya era tarde.
Mi cuerpo reaccionó solo.
Instinto.
Miedo.
Poder.
El aire explotó a mi alrededor.
No como antes.
Más directo.
Más violento.
Un golpe invisible que los frenó en seco.
Los empujó.
No lejos.
Pero suficiente.
—¡Eso!
La voz de uno de ellos se llenó de algo más.
Interés.
Oscuro.
—Eso es lo que queríamos ver.
Respiré fuerte.
Demasiado rápido.
—No…
—Controla.
Aziel.
Firme.
Urgente.
—No dejes que crezca.
—No puedo—
—Sí puedes.
Pero no era tan fácil.
Porque esta vez…
no estaban provocando miedo.
Estaban provocando respuesta.
—Atrás.
Adrik volvió a moverse.
Interponiéndose entre ellos y yo.
Pero ahora—
ya no era suficiente.
Porque ellos ya sabían.
—No puede sostenerlo.
Dijo uno.
—Todavía.
—Entonces rompámosla.
El mundo se movió.
No físicamente.
Pero sí lo suficiente para desestabilizarme.
Mi visión vibró.
El aire se distorsionó.
—¡No los mires!
Pero ya los estaba viendo.
Demasiado claro.
Demasiado cerca.
Algo en sus ojos.
Algo en su presencia.
Se metía.
Empujaba.
—¡Estrella!
Adrik intentó alcanzarme.
Pero el espacio entre nosotros…
no respondió igual.
—Están entrando.
Susurré.
Mi voz quebrada.
—¡Sácalos!
—No sé cómo—
—¡Corta!
Aziel.
Más fuerte que nunca.
—¡AHORA!
Mi respiración se rompió.
Dolía.
Pensar dolía.
Sentir dolía.
Todo dolía.
—No soy esto…
Lo dije sin pensar.
Instinto.
Recuerdo.
—No soy esto.
El poder tembló.
Un segundo.
Dos.
—Soy yo.
El aire explotó otra vez.
Pero diferente.
Más limpio.
Más mío.
Los dos retrocedieron esta vez.
Realmente.
Sorprendidos.
—Interesante.
Repitió uno.
Pero ahora…
con cuidado.
Con respeto.
Peligroso.
—Ya es suficiente.
Adrik no esperó.
Se movió.
Rápido.
Directo.
Golpeó primero.
Preciso.
Sin dudar.
Y por un segundo—
todo fue movimiento.
Caos.
Impactos.
Sonidos secos.
Respiraciones cortadas.
Yo no me moví.
No porque no quisiera.
Porque no podía.
Mi cuerpo…
todavía estaba procesando.
—¡Corre!
La voz llegó.
Lejana.
Pero clara.
—¡Ahora!
Intenté.
De verdad.
Pero entonces—
lo sentí otra vez.
Más profundo.
Más oscuro.
Más… despierto.
—No…
Susurré.
Y eso fue suficiente.
Para que ellos sonrieran.
Porque lo sabían.
Lo que estaba pasando.
Lo que venía.
Y esta vez…
yo también.
—¡Estrella, AHORA!
La voz de Adrik cortó todo.
Fuerte.
Urgente.
Real.
Y esta vez…
mi cuerpo obedeció.
No porque quisiera.
Porque si no lo hacía—
algo dentro de mí iba a terminar lo que empezó.
Corrí.
Sin mirar atrás.
Sin pensar.
Solo moviéndome.
El aire seguía pesado.
Vivo.
Como si no quisiera dejarme ir.
Como si algo…
me estuviera siguiendo desde adentro.
—No te detengas.
La voz de Aziel me sostuvo.
—No mires atrás.
—No lo estoy haciendo.
Mentira.
Lo estaba sintiendo.
Cada paso.
Cada respiración.
Cada latido.
Como si esa cosa…
siguiera conectada a mí.
—¡Por aquí!
Adrik apareció a mi lado.
Tomó mi brazo.
Firme.
Guiándome.
No forzando.
Pero tampoco dejando opción.
Y esta vez…
no me resistí.
Salimos.
La puerta se abrió de golpe.
La luz del exterior me golpeó.
Fuerte.
Real.
Normal.
Pero nada era normal ya.
—No pares.
Seguimos corriendo.
Unos metros.
Más.
Hasta que—
—Basta.
La voz no fue de Adrik.
No fue de Aziel.
Fue diferente.
Más profunda.
Más firme.
Más… conocida.
Y todo se detuvo.
Literalmente.
El aire.
El sonido.
El movimiento.
Como si alguien hubiera decidido que hasta ahí llegaba.
Adrik se tensó.
Yo también.
Pero por otra razón.
—Gabriel…
Susurré.
Y entonces lo vi.
Frente a nosotros.
De pie.
Inmóvil.
Sus alas apenas visibles detrás.
No completamente desplegadas…
pero lo suficiente.
Autoridad.
Poder.
Protección.
Y algo más.
Algo que no me gustó.
Preocupación.
—¿Qué hicieron?
Su voz fue baja.
Controlada.
Pero cargada.
Demasiado.
Nadie respondió de inmediato.
Porque no había una forma sencilla de decirlo.
—Nos encontraron.
Dijo Adrik al final.
Directo.
Sin adornos.
Los ojos de Gabriel se movieron hacia él.
Un segundo.
Luego a mí.
Y ahí…
se quedaron.
—No.
Negó apenas.
—Tú hiciste que te encontraran.
Eso dolió.
Más de lo que debería.
—No fue así.
—¿Ah, no?
Dio un paso.
Más cerca.
Su presencia…
más pesada.
—¿Entonces por qué puedo sentirlo todavía?
Silencio.
Porque tenía razón.
Todavía estaba ahí.
Ese eco.
Esa conexión.
Ese rastro.
—Intenté—
—No era momento de intentar.
Me cortó.
No fuerte.
Pero firme.
—Era momento de salir.
Apreté los puños.
—No me voy a quedar sin saber.
Su expresión cambió apenas.
No enojo.
Algo más complejo.
Más profundo.
—Y eso…
Pausa.
—es exactamente lo que los pone en peligro.
A los dos.
A todos.
—No soy débil.
Mi voz salió más firme.
Más viva.
—Nunca dije que lo fueras.
Respondió.
Sin dudar.
—Dije que no estás lista.
Eso…
golpeó.
Fuerte.
—¿Y cuándo lo voy a estar?
Silencio.
Pero no vacío.
Uno que pesa.
—Cuando dejes de reaccionar…
Dijo finalmente.
—y empieces a decidir.
Respiré.
Fuerte.
Pero algo dentro de mí…
no se calmó.
—Ya estoy decidiendo.
Sus ojos se afilaron apenas.
—Entonces empieza por escuchar.
Pausa.
—A partir de mañana—
Eso nunca era bueno.
—tu entrenamiento cambia.
El aire se tensó otra vez.
—Más temprano.
—Más duro.
—Más control.
—Sin excepciones.
—¿Y la escuela?
—Sigue.
—¿Y esto?
Señalé el espacio.
El aire.
Lo que había pasado.
—Esto ya es parte de tu vida.
Directo.
Real.
Sin suavizar.
—Pero ahora…
Pausa.
Más pesada.
—también es parte de la guerra.
Silencio.
Total.
—¿Quiénes eran?
Pregunté.
Esta vez sin rodeos.
Sin miedo.
Solo verdad.
Gabriel no respondió de inmediato.
Y eso…
ya decía demasiado.
—No importa quiénes.
Dijo finalmente.
—Importa quién los envió.
Mi pulso se tensó.
—¿Y quién fue?
Otra pausa.
Otra duda.
Otra verdad a medias.
—Alguien que ya sabe lo que eres.
Eso…
lo cambió todo.
—¿Y qué soy?
Lo miré.
Directo.
Sin parpadear.
Sin esconderme.
Sin huir.
Esta vez no.
—Eso…
Su voz bajó.
Más grave.
Más real.
—es exactamente lo que vamos a evitar que descubran completamente.
Demasiado tarde.
Lo sentía.
En la piel.
En el pecho.
En todo.
—Ya empezaron.
Susurré.
Y nadie lo negó.
Nadie pudo.
El viento se movió apenas.
Suave.
Casi normal.
Pero no lo era.
Porque esta vez…
ya no se trataba de si iba a pasar algo.
Se trataba de cuándo.
Y peor—
de cuánto iba a cambiarme cuando sucediera.
—Nos movemos.
Dijo Gabriel finalmente.
Recuperando control.
—Esto no terminó.
No.
Apenas empezaba.
Y por primera vez…
no solo tenía miedo de perder el control.
Ahora… tenía miedo de lo que iba a pasar cuando lo lograra.