⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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Prometido
El despacho del presidente de la Torre Kim se sentía como una celda de castigo decorada con oro y madera de roble negro. El olor a ceniza de cigarrillo amargo que emanaba de Kim Sung-won era tan espeso que quemaba la garganta de Tae-jun en cuanto cruzó el umbral de la puerta. El viejo patriarca no se encontraba sentado; estaba de pie frente al gran ventanal, con las manos entrelazadas en la espalda baja, esperando a su hijo con la frialdad de un juez dispuesto a dictar una sentencia de muerte.
Tae-jun se detuvo en el centro de la habitación, manteniendo la espalda recta y su habitual rostro de rey intocable, aunque por dentro sus entrañas seguían doliendo por la falta de respuestas de Min-hyuk durante los últimos días.
—Me hiciste llamar, padre —dijo Tae-jun con una voz sibilante, manteniendo una compostura perfecta.
Sung-won se giró despacio. Sus ojos grises y apagados se clavaron en el rostro de su hijo con un desprecio absoluto. No hubo saludos ni preámbulos familiares. El viejo Alfa lanzó una carpeta pesada sobre el escritorio, haciéndola resonar en el silencio de la oficina.
—El desplante que le hiciste a la familia Lee el sábado pasado fue una humillación imperdonable —siseó el anciano, con una voz profunda que vibró con una orden biológica pura—. Dejaste al joven Jihyun sentado en la mesa de mi comedor para huir como un perro callejero en medio de la noche. ¿A dónde fuiste? ¿Con quién demonios estabas para atreverte a manchar mi apellido de esa manera?
Tae-jun apretó los puños ocultos en los bolsillos de su pantalón de vestir negro, sintiendo cómo las heridas vendadas de sus muñecas protestaban ante el esfuerzo. El tabaco dulce de sus feromonas intentó brotar como un escudo de defensa, pero la presencia dominante de su padre era un muro difícil de romper.
—Ya te lo dije, padre. Tenía asuntos que resolver en privado —mintió Tae-jun sin pestañear, sosteniendo la mirada del patriarca.
—¡No me mientas en mi propia cara! —rugió Sung-won, dando un golpe violento sobre el escritorio con la palma de su mano. El aroma amargo a ceniza estalló en la habitación como una bofetada directa a los sentidos de Tae-jun —. No me importan tus excusas. Esta noche se celebra la gala benéfica anual de la élite corporativa en el Gran Hotel Central. Todas las familias poderosas del país estarán allí, incluyendo al Grupo Min y a los Lee.
El viejo se inclinó sobre la mesa, invadiendo el espacio personal de su hijo con una mirada letal.
—Esta noche vas a asistir a esa gala. Vas a vestir tu mejor traje y vas a entrar al salón principal con el joven Lee Jihyun del brazo. Sonreirás para los fotógrafos de la prensa, te comportarás como el prometido perfecto y anunciarás la fecha oficial de la boda. Si te atreves a poner una sola excusa, si muestras el más mínimo rastro de frialdad hacia ese Omega, firmaré los documentos para revocar tu puesto como presidente antes del amanecer. Te enviaré a la sucursal más remota e insignificante de Europa y borraré tu nombre del linaje de esta familia. Destruiré tu carrera corporativa ¿Me has entendido, Tae-jun?
Las palabras de su padre cayeron sobre los hombros de Tae-jun como bloques de cemento. La amenaza de perder la fusión no solo significaba el fin de su ambición profesional; significaba perder el único puente que lo unía a Min-hyuk. Si lo enviaban al extranjero, el nido secreto, las sábanas impregnadas con sus olores y las promesas de la cama quedarían destruidas bajo el desprecio del mundo real. La pantera estaba atrapado en una red tejida por su propio apellido.
—Entendido, padre —respondió Tae-jun a través de los dientes apretados, con una voz tan helada que pareció congelar el aire acondicionado de la oficina.
—Retírate. No toleraré la impuntualidad esta noche —concluyó el viejo, dándole la espalda una vez más.
Tres horas después, el salón principal del Gran Hotel Central era un espectáculo de neones violetas, lámparas de cristal y trajes de gala caros. Cientos de ejecutivos, políticos y herederos de las grandes corporaciones se movían entre las mesas VIP, conversando sobre acciones y mercados con copas de champán en las manos. El ambiente estaba saturado por una mezcla confusa de perfumes finos y bloqueadores químicos de feromonas; en la alta sociedad, mostrar los aromas instintivos en público era considerado un acto vulgar e inapropiado.
Tae-jun caminaba por el centro del salón sintiéndose como un animal de exhibición en un zoológico de lujo. Llevaba puesto un traje formal de tres piezas en un tono negro riguroso que remarcaba su cuerpo alto y estilizado. Su cabello largo estaba sujeto en una media coleta impecable, dejando expuesta la palidez de su cuello y la línea perfecta de su mandíbula. Sin embargo, bajo la tela fina de la camisa, las marcas de dientes que Min-hyuk le había dejado en la clavícula el sábado por la noche seguían latiendo con una pulsación caliente.
De su brazo izquierdo se prendía Lee Jihyun. El joven Omega vestía un traje de blanco que resaltaba sus facciones suaves y su aroma sutil a lirios, el cual apenas lograba filtrarse a través del bloqueador químico que le habían obligado a usar. Jihyun sonreía a los fotógrafos con una sumisión ensayada, feliz de cumplir con el papel de la pareja perfecta del heredero Kim. Tae-jun mantenía una sonrisa falsa y calculadora en el rostro, saludando a los socios comerciales con inclinaciones de cabeza perfectas, aunque por dentro sentía que el asco le carcomía las entrañas.
De repente, el aire del salón pareció volverse más pesado para el olfato de Tae-jun.
A través de la multitud de trajes oscuros, la enorme y robusta figura de Min-hyuk entró al lugar. El heredero del Grupo Min vestía un traje de etiqueta gris plomo que llenaba a la perfección con sus hombros anchos y su pecho amplio. Caminaba con pasos pesados y seguros, flanqueado por su padre y por su hermano menor, Jun-seo, quien mantenía una sonrisa de suficiencia que encendió todas las alarmas de Tae-jun.
A pesar de los bloqueadores de máxima potencia que ambos Alfas dominantes llevaban en la piel, sus miradas se cruzaron en el centro del salón con la fuerza de un choque de trenes. Ninguno de los dos pestañeó. Los ojos oscuros y profundos de Min-hyuk recorrieron la figura de Tae-jun, deteniéndose por un segundo amargo en la mano del Omega Lee Jihyun que se apoyaba en el brazo del Alfa pálido.
Tae-jun notó algo extraño en la mirada de Min-hyuk. Ya no era solo el hambre de sexo o los celos territoriales del sábado; había una sombra de dolor, un pánico frío y una derrota que el Alfa robusto intentaba ocultar bajo su fachada corporativa. Min-hyuk no había respondido sus mensajes, y verlo actuar de manera tan distante en la gala estaba volviendo loco a Tae-jun.
El juego de las fachadas se volvió una tortura silenciosa durante la primera hora del evento. Mientras los directores de las empresas daban discursos sobre la fusión en el escenario principal, Tae-jun y Min-hyuk permanecían en mesas opuestas, separados por un mar de personas y copas de cristal. Cada vez que Jihyun se inclinaba hacia Tae-jun para susurrarle algo al oído, el Alfa pálido veía de reojo cómo la mandíbula cuadrada de Min-hyuk se tensaba al límite, sus manos grandes apretando el vaso de whisky con tanta fuerza que los nudillos se le ponían blancos.
Tae-jun no pudo soportar más el tormento de la cercanía pública. Aprovechando el momento en que su padre se distrajo conversando con un ministro de economía, se soltó sutilmente del agarre de Jihyun.
—Iré a buscar un trago. Quédate aquí —le ordenó al Omega con una voz suave pero cortante que no admitía réplicas.
En lugar de ir hacia la barra principal, Tae-jun caminó con paso elegante hacia el pasillo trasero del hotel, una zona apartada de las luces violetas del salón, iluminada solo por un neón azul tenue que llevaba a los salones de reuniones privados y a las salidas de emergencia. Sabía que Min-hyuk lo estaba observando y que lo seguiría; lo sentía en la vibración del aire que comenzaba a calentarse a su espalda.
Tae-jun dobló la esquina del pasillo oscuro y se metió al primer salón de conferencias vacío que encontró, dejando la puerta entornada. Un segundo después, la enorme silueta de Min-hyuk se deslizó al interior del cuarto oscuro. El Alfa robusto cerró la puerta de un golpe sordo y pasó el cerrojo con un movimiento rápido de sus dedos grandes.
En la penumbra del salón vacío, la guerra de sus feromonas bloqueadas estalló en un suspiro caliente.
Tae-jun no esperó a que Min-hyuk hablara. Se lanzó hacia él, atrapándolo por las solapas del saco gris plomo y empujándolo con fuerza contra la madera gruesa de la puerta cerrada. Sus rostros quedaron a escasos centímetros de distancia, las respiraciones cortándose en el espacio cerrado.
—¿Qué diablos te pasa? —siseó Tae-jun, con sus ojos felinos brillando con una luz furiosa en la oscuridad—. No has respondido mis mensajes. Me miras en ese salón como si fuera un maldito fantasma mientras tengo que arrastrar a ese Omega floral de mi brazo por obligación de mi padre. Dime algo ahora mismo o juro que te destrozo la boca a mordiscos aquí mismo.
Min-hyuk lo miró fijamente, devorando con los ojos la palidez del rostro de Tae-jun y el desorden sutil de su cabello largo. El dolor del chantaje de Jun-seo le estaba destrozando el cerebro por dentro. Tener las grabaciones de sus promesas prohibidas guardadas en el teléfono de su hermano menor y ver a Tae-jun desesperado por una respuesta lo ponía en una posición intolerable. Quería besarlo hasta quitarle el sentido, quería arrancarle la ropa y marcarlo otra vez en el suelo de ese salón para demostrarle que seguía siendo suyo, pero el miedo a destruir el futuro del Alfa rey lo mantenía frenado.
—No es el lugar ni el momento —respondió Min-hyuk, forzando una frialdad que no sentía en absoluto—. Regresa al salón principal con tu prometido. Tu padre te está vigilando y mi hermano menor no nos quita los ojos de encima. No juegues con fuego en público.
—¿Mi prometido? —Tae-jun soltó una risa baja, sibilante y cargada de un veneno letal, apretando más las solapas del saco de Min-hyuk—. El sábado en la cama me prometiste que te morirías antes de dejar que algún Omega me pusiera una mano encima. ¿Esas fueron palabras baratas para asustarme, Min? Mírame a los ojos y dime qué te pasa.
Min-hyuk apretó los dientes con tanta fuerza que una vena se marcó en su cuello alto. Estiró sus manos grandes y agarró las muñecas vendadas de Tae-jun, apartándolas de su pecho con una firmeza incuestionable pero sin causarle dolor, al menos no físico.
—Te dije que regreses al salón, Kim —repitió Min-hyuk, bajando el volumen de su voz hasta un susurro tosco que delató su agitación interna—. Lo nuestro es un pacto de amantes secretos en un departamento neutral, nada más. En este hotel somos los rivales corporativos de siempre. Cumple con tu papel frente a los Lee y déjame en paz por esta noche.
La frialdad fingida de Min-hyuk fue como un balde de agua helada sobre el orgullo de Tae-jun. El Alfa pálido dio un paso atrás, con los ojos inyectados en una furia herida que amenazaba con hacer estallar el bloqueador químico de su piel. Nunca nadie lo había rechazado de esa manera, y menos el hombre que pocas horas antes lo había poseído con una posesividad destructiva sobre las sábanas.
De repente, el sonido metálico de unos pasos pesados resonó en el pasillo exterior del hotel, deteniéndose justo frente a la puerta del salón de conferencias vacío.
La manija de bronce de la puerta comenzó a moverse hacia abajo con un chirrido sutil. Alguien en el pasillo exterior estaba intentando abrir la habitación cerrada con llave desde afuera, buscando a los herederos desaparecidos de la gala.
Tae-jun y Min-hyuk se congelaron en medio de la penumbra, conteniendo la respiración, con los corazones latiendo a mil por hora en el pecho. La trampa exterior estaba a un milímetro de abrirse y exponer su relación prohibida ante los ojos del mundo, cortando la dulzura de sus secretos con el filo del peligro inminente.
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪