Wishcalia es una mujer de carácter férreo: fuerte, dominante y acostumbrada a que nadie le doble la voluntad.
Al conocer a Alexander, un amor profundo e inesperado nace entre ellos. Se casan, forman una hermosa familia y llenan su hogar de risas y hijos. Juntos parecen invencibles.
Sin embargo, la armonía se quiebra cuando su suegra empieza a manipular y sembrar conflictos con sus intrigas. Como si eso no fuera suficiente, el primer amor de Alexander reaparece con una pasión renovada, removiendo viejos sentimientos y poniendo a prueba los límites de su matrimonio.
Entre celos, secretos familiares y deseos del pasado que resurgen con fuerza, Wishcalia deberá usar toda su fuerza y astucia para proteger lo que más ama. Porque en esta historia, incluso la mujer más poderosa puede verse obligada a luchar por su felicidad.
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La primera visita
La primera visita supervisada de Elena estaba programada para un sábado por la tarde. Wishcalia había preparado todo con precisión militar: la niñera estaría presente, Alexander también, y ella misma supervisaría cada minuto. Había instalado cámaras adicionales en la sala y el jardín, aunque no se lo dijo a nadie.
Esa mañana, Wishcalia se miró en el espejo del vestidor. Su vientre ya se notaba claramente bajo el vestido suelto color crema. Se pasó una mano por la curva y sonrió con ternura. Luego endureció la expresión. Hoy no era solo una madre. Era la protectora de su familia.
—Recuerda las reglas —le dijo a Alexander mientras terminaban de vestirse—. Si dice algo negativo sobre mí, aunque sea disfrazado, la visita termina inmediatamente. Si intenta sacar a los niños de la sala sin mi permiso, también.
Alexander asintió, visiblemente nervioso.
—Lo sé. Voy a estar atento.
A las cuatro en punto, Elena llegó. Vestía ropa elegante pero discreta, con un ramo de flores para Wishcalia y regalos para los niños. Su sonrisa parecía sincera, pero Wishcalia detectó la tensión en sus ojos.
—Gracias por permitirme venir —dijo Elena, entregándole las flores.
Wishcalia las aceptó sin sonreír.
—Recuerda las condiciones. Una sola oportunidad.
Los niños bajaron corriendo cuando oyeron la voz de su abuela. Mateo se lanzó a sus brazos y Sofía la siguió, emocionada. Elena los abrazó con lágrimas en los ojos.
—Mis tesoros… cuánto los extrañé.
La visita empezó bien. Elena jugó con ellos en la sala, les dio los regalos (juguetes educativos, nada excesivo) y les contó historias divertidas de cuando Alexander era pequeño. Wishcalia observaba desde el sofá, con una mano sobre su vientre, sin intervenir pero sin bajar la guardia.
En un momento, mientras Mateo jugaba con un auto nuevo, Elena miró a Wishcalia y dijo con voz suave:
—Se te ve muy bien el embarazo. Debes estar cansada con tanto trabajo y dos niños pequeños. ¿No crees que sería bueno que redujeras un poco tu ritmo? Para dedicarte más a la familia.
Wishcalia sonrió con frialdad.
—Mi ritmo lo manejo yo, Elena. Y mi familia está perfectamente cuidada.
Alexander intervino rápidamente, cambiando de tema.
—¿Quieres ver el dibujo que hizo Mateo para ti?
La visita continuó sin más comentarios incómodos. Cuando terminaron las dos horas acordadas, Elena se despidió con besos y abrazos.
—Gracias por dejarme verlos —dijo mirando a Wishcalia—. Espero poder repetir pronto.
Wishcalia asintió.
—Veremos. Depende de ti.
Cuando Elena se fue, Alexander soltó un suspiro de alivio.
—Estuvo bien, ¿verdad? No intentó nada raro.
Wishcalia lo miró con seriedad.
—Estuvo demasiado bien. Por eso no me fío.
Esa noche, después de acostar a los niños, Wishcalia se sintió más cansada de lo normal por el embarazo. Se acostó temprano, pero no podía dormir. Alexander se metió en la cama y la abrazó por detrás, besándole el cuello.
—Déjame cuidarte esta noche —susurró.
Wishcalia se giró y lo besó con intensidad. A pesar del cansancio, tomó el control. Se subió sobre él con cuidado, moviéndose con un ritmo dominante pero más suave por su estado. Sus manos se apoyaron en el pecho de Alexander mientras lo guiaba, exigiendo entrega. Él la sujetó con ternura y pasión, besando su vientre hinchado entre caricias. El placer fue profundo y reconfortante, como si ambos necesitaran reafirmar su unión después de la visita.
Cuando terminaron, Wishcalia se quedó abrazada a él.
—Todo parece tranquilo —murmuró—. Pero siento que esto es solo el comienzo.
Los siguientes meses transcurrieron con visitas mensuales supervisadas. Elena se comportaba correctamente: llegaba puntual, jugaba con los niños, evitaba comentarios sobre Wishcalia y se despedía sin problemas. Los niños estaban felices de ver a su abuela. Mateo incluso empezó a preguntar si podía ir a su casa algún día.
Wishcalia, mientras tanto, avanzaba en su embarazo. El bebé se movía mucho y ella sentía una mezcla de ilusión y ansiedad. Redujo aún más su trabajo, pero mantenía el control de su empresa desde casa.
Una noche, en el octavo mes de embarazo, mientras Alexander le masajeaba los pies, recibió un mensaje de su detective:
“Camila ha regresado a la ciudad. Ha contactado a Elena dos veces esta semana. No tengo grabaciones aún, pero las conversaciones duraron más de veinte minutos cada una.”
Wishcalia se incorporó con dificultad.
—Alexander, Camila está de vuelta. Y se está reuniendo con tu madre otra vez.
Él frunció el ceño.
—¿Estás segura?
—El detective lo confirma. Mañana mismo voy a reforzar la seguridad y a recordarle a Elena que cualquier contacto con Camila rompe el acuerdo.
Alexander se pasó una mano por la cara.
—Pensé que esto había terminado.
Wishcalia lo miró con esa fuerza indomable que lo había enamorado.
—Nunca termina mientras ellas sigan respirando. Pero yo estoy lista.
Esa noche, a pesar del cansancio del embarazo, Wishcalia tomó el control una vez más. Se colocó sobre Alexander con movimientos cuidadosos pero dominantes. Lo besó con posesión, moviéndose sobre él con ritmo firme, reclamando su lealtad. Alexander la sujetó con cuidado, susurrando su nombre y prometiéndole que estaría a su lado.
Cuando terminaron, Wishcalia apoyó la cabeza en su pecho y acarició su vientre.
—Vamos a tener un bebé más —susurró—. Y voy a proteger a los tres con todo lo que soy.
Alexander la abrazó fuerte.
—Y yo te voy a ayudar.
Pero en la oscuridad, Wishcalia no podía ignorar la sensación que crecía en su interior.
Elena se había comportado demasiado bien durante meses.
Camila había regresado.
Y el bebé estaba por nacer.
La calma que habían disfrutado estaba a punto de romperse.
Y cuando lo hiciera, Wishcalia sabía que tendría que luchar más fuerte que nunca.