Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Damian 2
Damian no volvió a mirarla cuando dio la orden.
Para él, el asunto parecía cerrado.
[Volverá al carruaje.]
Era lo lógico.
Lo esperado.
Lo seguro.
Pero pasaron unos segundos… y luego un minuto.
Y algo no encajó.
Porque Rachel Mason… no se movió en esa dirección.
En lugar de subir al carruaje, giró levemente… y caminó hacia donde estaban los heridos.
Una de las doncellas intentó detenerla.
—Mi lady, es peligroso..
—Ya pasó lo peor —respondió Rachel con calma.
Y sin dudar más… se inclinó junto a uno de los hombres heridos.
Sus movimientos no eran torpes.
No eran improvisados.
Eran cuidadosos.
Delicados.
—¿Está consciente? —preguntó, mirando a uno de los soldados que lo atendía.
El hombre asintió.
Rachel tomó un paño limpio que le ofreció una doncella y ayudó a presionar una herida.
—Mantenga la presión aquí.
Su voz era firme.
Tranquila.
Muy distinta a la joven que, minutos antes, había estado temblando dentro del carruaje.
Damian, a la distancia, la vio.
Y por primera vez desde que la había encontrado… su expresión cambió.
Ligeramente.
No era evidente.
Pero sí… suficiente.
[No volvió al carruaje.]
Observó en silencio cómo se movía entre los heridos, cómo hablaba con los soldados, cómo no mostraba asco ni miedo ahora… solo concentración.
[Interesante.]
Rachel, por su parte, no lo miraba.
Pero no lo había olvidado.
Mientras ayudaba, inclinó apenas el rostro hacia una de sus doncellas.
—Averigua quién es.
La orden fue baja.
Discreta.
La doncella asintió y se retiró sin llamar la atención.
Rachel siguió ayudando.
Sosteniendo vendas.
Dando indicaciones simples.
Agradeciendo a los soldados.
Mostrándose… presente.
Pasaron algunos minutos.
Y finalmente, la doncella regresó, acercándose con cuidado.
—Mi lady…
Rachel no dejó de trabajar mientras respondía en voz baja..
—¿Y bien?
—El hombre… es Damian Devlin.
Rachel no reaccionó de inmediato.
—Hermano menor del conde Devlin.
Ahora sí. Rachel alzó ligeramente la mirada.
[Devlin…]
—También se dirige al encuentro en la casa Turner.
Rachel asintió, procesando.
—¿Algo más?
La doncella dudó apenas.
—Dicen que tiene entrenamiento militar en el imperio aliado.
Rachel volvió a bajar la mirada hacia el herido frente a ella… pero su mente ya estaba en otro lugar.
[Entrenamiento militar…]
Eso explicaba muchas cosas.
Su forma de hablar.
De moverse.
De dar órdenes.
De no dudar.
Rachel exhaló suavemente.
—Ya veo…
Continuó ayudando unos segundos más.
Pero ahora… con otra perspectiva.
[No es solo un hombre serio. Es peligroso.]
No en el sentido inmediato.
No como una amenaza directa.
Pero sí como alguien que no era fácil de manejar.
Ni de ignorar.
Rachel apretó suavemente el paño entre sus manos.
[Y claramente… no le importa a quién tiene delante.]
Recordó el tono.
Las palabras.
La forma en que le habló.
Y por primera vez desde que lo conoció… no sintió molestia.
Sino claridad.
—…Mejor no provocarlo —murmuró para sí misma, apenas audible.
Se incorporó lentamente, limpiando sus manos con ayuda de la doncella.
Y, casi sin darse cuenta… sus ojos se desviaron hacia donde él estaba.
Damian Devlin.
De pie.
Imperturbable.
Dando órdenes como si todo aquello fuera parte de su rutina.
Rachel lo observó un segundo más.
Y luego desvió la mirada.
[Definitivamente… no es alguien con quien quiera problemas.]
Pero en el fondo… muy en el fondo… había algo más. Una pequeña chispa de curiosidad.
Porque ese hombre… no encajaba en nada de lo que había aprendido hasta ahora.
Y eso… lo hacía imposible de ignorar.
El ambiente, que hacía unos minutos había sido puro caos, comenzaba a reorganizarse.
Los heridos estaban siendo atendidos.
Los bandidos, asegurados.
Y los hombres del emblema verde y dorado se movían con una eficiencia casi silenciosa.
Rachel ya se había apartado un poco, permitiendo que los soldados hicieran su trabajo… cuando notó algo.
Movimiento.
Pero no el de antes.
No era desorden.
Era coordinación.
Los hombres del ducado Mason que aún estaban en condiciones de moverse comenzaron a levantarse, a ajustar sus armas, a reagruparse.
Rachel frunció ligeramente el ceño.
[¿Qué está pasando ahora?]
Se acercó a uno de ellos, un guardia que se estaba vendando el brazo con ayuda de otro.
—¿Qué ocurre?
El hombre se inclinó levemente, respetuoso.
—Mi lady.
—¿Por qué se están preparando?
El guardia dudó apenas.
—Lord Devlin ha dado la orden de movernos.
Rachel parpadeó.
—¿Moverse?
—Sí, mi lady. Dice que nos reagruparemos en una posada cercana.
Rachel se quedó en silencio un segundo.
Y entonces..
[Ah… no.. ni siquiera me avisa]
Se giró.
Directo.
Sin pensarlo demasiado.
Y caminó hacia él.
Así, sin más.
Olvidando completamente su reciente decisión de.. no provocarlo..
Damian estaba dando indicaciones cuando ella llegó.
Se detuvo a una distancia adecuada.
—Lord Devlin.
Él la miró.
Breve.
Directo.
—¿Qué ocurre?
Rachel cruzó ligeramente los brazos.
—Me gustaría saber qué está pasando.
Damian no cambió su expresión.
—Nos moveremos a una posada cercana.
Así.
Simple.
Como si fuera suficiente.
Rachel lo miró un segundo.
Esperando… algo más.
No lo hubo.
—…Eso es todo —añadió él, como si no hubiera nada más que explicar.
Rachel sintió cómo algo le subía por dentro.
No enojo descontrolado.
Pero sí… molestia.
Controlada.
Elegante.
Pero muy real.
—Agradecería.. que se me informe cuando se toman decisiones que me involucran.
Su tono fue correcto.
Educado.
Pero claramente marcado.
Damian no respondió.
No asintió.
No se disculpó.
Simplemente… la ignoró.
Giró ligeramente la cabeza y continuó hablando con uno de sus hombres.
—Organicen la retaguardia.
Rachel se quedó ahí.
Un segundo.
Dos.
Su sonrisa desapareció.
Lentamente.
—…Vaya —murmuró en voz baja.
Apenas audible.
—No es muy cortés con una dama.
No era un reclamo directo.
Más bien un comentario… para ella misma.
Pero lo suficientemente cercano como para que él lo escuchara.
Y lo hizo. Damian giró la mirada hacia ella.
Directo. Rachel lo sintió. Lo supo.
Pero no giró. No respondió. No reaccionó.
Simplemente… lo ignoró.
Como si de pronto él no existiera. Y con toda la elegancia que había aprendido… se dio media vuelta. Volviendo hacia su carruaje. Con pasos firmes. Con la cabeza en alto. Y aunque por dentro seguía ligeramente molesta… también había algo más.
Algo nuevo. Porque por primera vez desde que llegó a ese mundo… alguien no se dejaba influenciar por su título.
Ni por su presencia.
Ni por sus palabras.
Y aunque eso era… irritante.
También era.. inesperadamente.. interesante.