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Existencia Y Perseo.

Existencia Y Perseo.

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Acción / Multi-reencarnación
Popularitas:12.9k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Relatos cortos del héroe multiversal Perseo, contado desde la mente de Exístencia, el creador de la realidad y del ser. Ven y ve el abismo y la luz como nunca antes creíste poder verles, adéntrate en esta historia de tragedias, triunfo que saben a derrotar y a la valentia que tiene un alma eterna que viaja libre sin las cadenas de la existencia escrita sobre su ser.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Parte: 2.

2. El umbral de la infinita Existencia y En donde el suelo bebe los lamentos.

El punto de oscuridad en el centro de la habitación creció hasta convertirse en una herida abierta en la realidad. No era un agujero negro; era algo peor, una ausencia de ser que palpitaba con una luz violeta enfermiza. Perseo, paralizado por la visión, vio cómo sus muebles eran absorbidos por la anomalía, deshaciéndose en átomos antes de cruzar el umbral. El manuscrito de Amine, sin embargo, permanecía intacto, flotando hacia el centro del portal como si regresara a casa.

—¡No! —gritó Perseo, lanzándose hacia adelante para recuperar el libro.

Sus dedos rozaron la piel febril del manuscrito justo cuando la fuerza de succión del portal se multiplicó. El mundo alrededor de él se estiró de forma imposible. Vio su estudio convertirse en una galería de espejos deformes y luego, con un chasquido que sonó como un hueso rompiéndose, la realidad se quebró por completo.

El dolor fue instantáneo y total. Sentía como si cada nervio de su cuerpo estuviera siendo pelado y expuesto al vacío. No había arriba ni abajo, solo un torbellino de colores que no existían en el espectro humano y sonidos que parecían gritos de agonía de galaxias enteras. Perseo se aferró al manuscrito con la fuerza de un náufrago. Era lo único sólido en un universo que se había vuelto líquido.

A través del velo del portal, vio fragmentos de su propia vida: su infancia en el orfanato de la Orden, los rostros severos de los monjes, los libros que había robado, la cara de Samanta cuando le entregó las llaves de las catacumbas. Todo se desintegraba, convertido en combustible para el viaje dimensional. El portal no era solo un túnel; era un proceso de purga.

De repente, la sensación de caída cesó. Perseo fue expulsado del portal con una violencia brutal, golpeando un suelo que se sentía blando y cálido. El impacto le sacó el aire de los pulmones. Se quedó allí, jadeando, con el rostro pegado a una superficie que vibraba con un latido rítmico. Cuando finalmente logró abrir los ojos, el horror de lo que vio casi le hace perder la razón.

No estaba en ningún lugar que pudiera reconocer. El cielo no era azul ni negro, sino de un color óxido profundo, cruzado por nubes de vapor amarillento que olían a azufre y descomposición. El suelo sobre el que estaba tumbado no era piedra ni tierra; era una vasta extensión de tejido orgánico, una alfombra de carne y venas que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Estructuras que parecían costillas gigantescas se elevaban hacia el cielo, sosteniendo jirones de piel que servían como extraños estandartes al viento.

Perseo se puso en pie con dificultad, sus manos manchadas de un fluido viscoso y carmesí que brotaba de los poros del suelo. El manuscrito seguía con él, pero ahora emitía un brillo constante, una luz negra que parecía marcar su presencia en este lugar hostil. Se dio cuenta de que ya no estaba en su mundo. Había cruzado al otro lado, al reino donde las pesadillas de los antiguos tomaban forma física.

A lo lejos, pudo ver figuras moviéndose. No caminaban como hombres; se arrastraban, saltaban o flotaban, formas grotescas que desafiaban cualquier ley biológica. Eran los habitantes de este infierno, los siervos de la podredumbre. El silencio del lugar era roto ocasionalmente por un lamento lejano, un sonido tan cargado de desesperación que Perseo tuvo que taparse los oídos para no sucumbir al llanto.

Se dio cuenta de que su ropa, su abrigo negro de cuero que tanto apreciaba, empezaba a deshacerse, afectada por la atmósfera corrosiva. Su propia piel se sentía irritada, como si miles de insectos invisibles estuvieran mordisqueándola. Tenía que moverse, buscar refugio o una salida, pero —¿Hacia dónde?— En este mundo de carne, no había puntos cardinales, solo grados de agonía.

Perseo caminaba sobre la llanura de carne, cada paso produciendo un sonido húmedo y desagradable. La atmósfera era tan densa que podía sentirla contra su rostro, una mezcla de humedad febril y el hedor metálico de la sangre. De repente, el cielo de color óxido se oscureció aún más y comenzó a caer una lluvia fina. Pero no era agua. Eran gotas pesadas de un líquido rojo y caliente que empapaba su cabello y se filtraba por su abrigo ya andrajoso.

La lluvia de sangre parecía activar el suelo orgánico. Las venas bajo sus pies comenzaron a latir con más fuerza, y pequeñas protuberancias, similares a bocas sin dientes, emergieron para beber el fluido que caía del cielo. Perseo sintió una náusea profunda, pero la necesidad de sobrevivir lo mantenía en movimiento. Se cubrió la cabeza con el abrigo y buscó refugio bajo una de las estructuras óseas que se alzaban como arcos triunfales de un cementerio de gigantes.

Mientras esperaba que la tormenta amainara, vio algo que se acercaba. Al principio, pareció una mancha de sombra moviéndose contra el viento, pero a medida que se aproximaba, la forma se volvió más clara. Era una criatura alta y delgada, con extremidades que terminaban en pinzas óseas y un rostro que era solo una superficie lisa de piel, sin ojos ni nariz, solo una hendidura vertical que servía de boca.

La criatura se detuvo a pocos metros de él. Emitió un sonido siseante, como el vapor escapando de una caldera. Perseo retrocedió, buscando instintivamente un arma, pero solo tenía el manuscrito. Recordó la bola de fuego en su estudio. Abrió el libro frenéticamente, buscando un conjuro de defensa. Sus ojos recorrieron las páginas mientras la criatura se agachaba, preparándose para saltar.

—¡Abyssus clamat! —gritó Perseo, extendiendo su mano izquierda.

Esta vez, no hubo fuego. En su lugar, una ráfaga de energía oscura salió disparada de sus dedos, golpeando a la criatura en el pecho. El ser fue lanzado hacia atrás, su cuerpo deshaciéndose en una nube de ceniza negra antes de tocar el suelo. Perseo se quedó mirando el espacio vacío donde había estado el monstruo. El poder del Aklo era absoluto en este lugar, como si el lenguaje mismo fuera la ley fundamental de esta dimensión.

Sin embargo, el uso de la magia tuvo un precio. Una oleada de frío glacial recorrió su brazo, y vio con horror cómo sus venas se tornaban de un color negro azulado, marcando el camino que la energía había tomado a través de su cuerpo. El manuscrito parecía alimentarse de su propia esencia vital para manifestar sus efectos.

La lluvia de sangre cesó tan rápido como había comenzado. El silencio regresó, pero era un silencio cargado de una nueva amenaza. Perseo sabía que el ataque de la criatura no sería el último. Otros seres, atraídos por la descarga de energía, estarían en camino. Se obligó a seguir adelante, subiendo por una colina de tejido adiposo que ofrecía una mejor vista de los alrededores.

Desde la cima, vio lo que parecía ser una ciudad, o al menos una concentración de estructuras más complejas. Eran torres de hueso retorcido, unidas por puentes de tendones, rodeando un gran foso central del que emanaba una luz verde enfermiza. Era una visión de una belleza perversa, una catedral dedicada a la destrucción. Perseo sintió que algo en esa ciudad lo llamaba, una presencia que no era Amine, pero que compartía su misma frecuencia de desesperación.

Mientras descendía hacia la seudo ciudad, comenzó a recitar los cánticos de Santini en voz baja. No esperaba que funcionaran aquí, pero el ritmo de las palabras sagradas le daba un ancla a su cordura.

—Duc me, Santini, ne tenebrae me consumant.

Para su sorpresa, notó que donde sus palabras caían, el suelo de carne se retraía ligeramente, como si la luz metafórica de los cánticos fuera un irritante para este mundo de sombras. Tenía dos herramientas: una para destruir y otra para protegerse del entorno. El equilibrio entre ambas sería su única esperanza.

Aklo para mortales:

Perseo: “Abyssus clamat.” — “El abismo clama.”

Perseo: “Duc me, Santini, ne tenebrae me consumant.” — “Guíame, Santini, para que la oscuridad no me consuma.”

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meganikita
me encanta🥰un perseo sacerdote☺️
Anon
Genial un Perseo sacerdote 😮
Anonymous
😘😘😘
jotape
Me encantan las portadas🤟 la de los 4800 años la pude de pantalla de inicio en el celu
jotape
🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟
jotape
Noooo perseoooo
jotape
🙀
jotape
Me encantaaaaaaaaaaaaa🤟🤟🤟🤟
latifa
algo me dice que el detective de la luz rojo carmesi es un Perseo 🤭😂
jotape: Yo creo lo mismooooo🙀
total 1 replies
jotape
Sige asi Xin
entomomoyan
Me encantaaa 🙀
entomomoyan
Noooo😭
Anon
se quedo sin Helena😭
Anon
me encanta el idioma de estos mundos👏🥰
entomomoyan
Muy buenooo
entomomoyan
Las portadas de los capítulos estan muy buenas
entomomoyan
Que buenas las historias 👍
entomomoyan
Correee Perseo
entomomoyan
😭Pobresito
entomomoyan
Me encanta👍
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