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Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:541
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo dividido por magia y poder, seis protagonistas luchan por el destino de los Cuatro Reinos. Entre traiciones, alianzas y secretos ancestrales, cada uno debe enfrentar su propio pasado para conquistar un reino al borde del caos. Una saga épica de magia, intriga y supervivencia donde solo los más fuertes definirán el futuro.

Crónica de los Cuatro Reinos: La Saga Arcana.
Libro 1: El Legado de Drakthar.
Libro 2: Fuego y Hielo en Frostvale.
Libro 3: Los Secretos de Ironspire.
Libro 4: El Juramento de Embercliff.
Libro 5: La Corona Rota.
Libro 6: Las Sombras del Trono.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Elowen se lanzó al abismo del caos. Usó su magia de sombras para crear ilusiones momentáneas, desviando la atención de las criaturas mientras guiaba a los civiles a través de callejones seguros. Escudriñaba las multitudes, buscando a los Hombres de Hierro de Valerius, a los Cultistas del Velo, cualquier indicio de control o dirección en el ataque. Pero solo encontró pánico. Parecía que las sombras estaban actuando por su propia y terrible voluntad, o la de un Valerius enloquecido.

Desde una azotea cercana, Elowen observó el terror desplegarse. Vio a un Hombre de Hierro intentar atacar a una criatura de sombra, solo para que su brazo se desvaneciera en un suspiro gélido, su grito cortado por el puro horror. Las armas mundanas apenas las rasguñaban.

Dentro del palacio, Lysandra se movía como un espectro, su corazón un tambor frenético en su pecho. Desde su ventana, veía el resplandor verde oscuro y las figuras retorcidas que devastaban la ciudad. El miedo por Elara se multiplicaba con el terror por lo que Valerius había desatado.

—¡Mi rey! —gritó un guardia al entrar en la sala del trono, donde Valerius observaba el caos con una expresión de éxtasis macabro—. ¡Las criaturas! ¡Están atacando indiscriminadamente! ¡Incluso a nuestros propios hombres!

Valerius se rio, un sonido que erizó los pelos de la nuca de Lysandra.

—¡Excelente! ¡Es una purga! ¡La debilidad será erradicada!

—¡Pero mi rey, el Maestro Alquimista dice que se han descontrolado! ¡No responden a los comandos! —insistió el guardia, su voz temblaba.

Valerius lo miró con furia.

—¡Silencio! ¡Son la manifestación de mi voluntad! ¡Solo necesitan más... dirección! ¡Traigan la Máscara! ¡La Luna de Sangre está cerca! ¡Necesito controlar mi ejército!

Lysandra sintió un escalofrío helado. La Máscara de la Noche Eterna. Valerius no la tenía puesta, lo que significaba que aún no tenía el control total. Pero planeaba usarla. Lysandra aprovechó un momento de distracción para enviar un mensaje a Elowen a través de un mecanismo de "cajón secreto" que Atheris le había mostrado: "Máscara. Cámara del Tesoro. Valerius intentará reclamar el control. Está perdiendo la razón."

Mientras tanto, Atheris, el Lord Comandante, se encontraba en el frente, un faro de resistencia contra la oscuridad. Su espada, a pesar de sus años, cortaba con una precisión letal, aunque solo ralentizaba a las criaturas. Dirigía a los guardias restantes, su voz ronca por los gritos, intentando mantener una línea de defensa para proteger a los civiles que intentaban huir hacia la parte central de la ciudad. Vio el horror en los ojos de sus hombres, la desesperación que comenzaba a apoderarse de ellos.

—¡Atheris! —gritó un capitán, con el rostro ensangrentado—. ¡No podemos contenerlas! ¡Son... intocables!

—¡Resistid! —rugió Atheris, un golpe de su escudo haciendo retroceder a una sombra. Sabía que esta no era una batalla que pudieran ganar con acero. Su mente se dirigió a Elowen. ¿Estaría viva? ¿Sería capaz de hacer algo?

Fuera de los muros de Drakthar, en las profundidades del Bosque Prohibido, Maeve y Lyra sentían la perturbación. La tierra misma temblaba, y los hilos de magia que Lyra sentía se retorcían en un nudo de oscuridad.

—La luna... la luna de sangre se acerca —murmuró Lyra, su rostro pálido, sus ojos cerrados, sus manos aferradas a las raíces de un árbol antiguo—. La magia del Vacío. Se ha desatado prematuramente. Valerius ha abierto las compuertas.

—Kael, ¡prepárate! —ordenó Maeve, su voz grave—. Las sombras se extienden. La princesa necesitará toda nuestra ayuda.

Kael ya estaba en el borde del bosque, su rostro sombrío mientras observaba los resplandores verdes y los gritos que venían de la ciudad. Su lealtad a Elowen era inquebrantable.

De vuelta en la ciudad, Elowen se encontraba en medio de una encrucijada. Un grupo de Sombras Subyugadas había acorralado a una familia en un callejón sin salida. Su magia de sombras podía protegerlos momentáneamente, pero no destruirlos. Sintió la desesperación en el aire, el frío penetrante de la desesperanza.

—¡Por favor! —gritó una madre, protegiendo a sus hijos pequeños—. ¡Ayúdenos!

Elowen cerró los ojos por un instante, sintiendo el flujo de su propia magia. Era diferente, más pura, más vinculada a la vida que a la oscuridad de Valerius. Pero, ¿sería suficiente? Con un grito, extendió sus manos, y una ola de sombras puras, las suyas, no las del Vacío, se extendió, creando una barrera densa que repelió momentáneamente a las criaturas. Pero sabía que no duraría.

El mensaje de Lysandra llegó en ese momento, un pequeño trozo de pergamino con el sello de su familia, ahora con una gota de sangre: "Cámara del Tesoro. Máscara. Valerius está loco."

El corazón de Elowen dio un vuelco. La Máscara de la Noche Eterna, el amplificador, pero también el sello. Si Valerius la obtenía y la controlaba, Drakthar estaría perdida. Si no, quizás podría usarla en su contra.

No había tiempo. La ciudad se estaba cayendo a pedazos. El asedio no era de un ejército, sino de la propia oscuridad. Y solo había una forma de combatirla. Elowen miró hacia el palacio, el epicentro de la locura de Valerius.

La batalla acababa de empezar, y el destino de Drakthar pendía de un hilo. Elowen, la princesa exiliada, era la única esperanza para detener la marea de sombras antes de que consumieran todo. Pero para eso, necesitaba un poder que aún no comprendía completamente, un poder que residía en lo más profundo de su linaje. Un poder de dragón.

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