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YO, ¿POBRE? NI MUERTA

YO, ¿POBRE? NI MUERTA

Status: En proceso
Genre:Yuri / Omegaverse / Posesivo
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."

En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".


Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.

En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.

¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

La paranoia de la "Viuda de Hierro" no conocía límites. Tras el incidente de las facturas, Alessandra Volkov no iba a dejar que su mayor activo —su esposa— se moviera sin supervisión. Esa misma noche, los técnicos de seguridad de los Volkov instalaron microcámaras en el despacho temporal que Fabiana ocupaba en el edificio corporativo Global Horizon Marketing , así como en las áreas comunes que frecuentaba. Alessandra quería ver, quería saber. Quería controlar.

Pero jugaba contra Morgana Sterling.

La Alpha italiana, que tenía contactos en el bajo mundo cibernético que harían palidecer a cualquier gobierno, detectó la intromisión en menos de doce horas. En lugar de destruir las cámaras y alertar a la fiera rusa, Morgana hizo algo mucho más retorcido: hackeó la señal. Mientras Alessandra veía en su monitor a una Fabiana tecleando aburrida en su laptop o revisando interminables contratos de marketing, la realidad en la oficina era un infierno de lujuria desatada.

Saber que estaban literalmente bajo el lente de Alessandra, pero burlándola con un bucle de video falso, encendió en Fabiana una adrenalina perversa. El peligro era un afrodisíaco letal.

Esa tarde, la puerta del despacho de Morgana se cerró con un clic definitivo.

—Esa mujer tuya cree que me puede vigilar —ronroneó Morgana, acorralando a Fabiana contra el inmenso ventanal que daba a la ciudad—. Piensa que te tiene atada con correas de oro.

—Déjala que mire su pantallita —jadeó Fabiana, sintiendo cómo las manos expertas de la Alpha se colaban por debajo de su falda de tubo, rasgando la ropa interior de encaje con un tirón seco—. ¡Ay, Morgana, tú eres el mismo diablo! Me tienes adicta a este veneno.

Morgana la giró con brusquedad, obligándola a apoyar las manos sobre el frío cristal. El contraste térmico hizo que la Omega soltara un gemido largo y gutural. La dominancia de Morgana no era fría como la de Alessandra; era un fuego abrasador, un reclamo constante que le exigía a Fabiana entregarlo todo.

—Eres mía. Solo mía. Dime a quién le perteneces, mi joya —exigió Morgana, soltando una nalgada seca y sonora sobre la piel canela de Fabiana que la hizo arquear la espalda con violencia.

—¡A ti, coñazo! ¡Soy tuya! —gritó Fabiana, su voz estallando, sin importarle quién pudiera escuchar más allá de las paredes insonorizadas—. ¡Rómpeme en dos si quieres, pero sácame este deseo de la cabeza!

Las estocadas de Morgana fueron profundas, rítmicas, implacables. Cada embestida era una posesión territorial, un castigo dulce y sucio que le arrebataba a Fabiana el aliento. Los besos húmedos de la Alpha bajaban por su nuca, mordiendo la piel suave, marcando su reclamo con fuerza. Fabiana se aferraba al cristal, sus uñas resbalando mientras el placer la arrastraba hacia un abismo del que no quería salir. Las palabras dulces llovían entre ellas, promesas obscenas dichas en italiano y rusa incluso en español, mezclándose en una sinfonía de puro éxtasis.

Cuando el clímax estalló, Fabiana sintió que el mundo entero se desmoronaba, dejándola temblando, empapada en sudor y completamente rendida a los pies de su amante.

Minutos después, tumbadas en el amplio sofá de cuero del despacho, intentaban recuperar el aliento. Fabiana, aún sintiendo pequeños espasmos de placer, jugaba distraídamente con el cabello negro de Morgana. A pesar del éxtasis, una punzada de culpa intentó asomarse en su pecho.

Aún estaba casada. Aún llevaba el apellido Volkov. Pero entonces recordó las noches frías, el desprecio silencioso, los dos largos años en los que Alessandra la había convertido en un mueble caro más de la mansión. *No*, pensó Fabiana. *Tú mataste lo nuestro, Alessandra. Me ignoraste por dos años. Esa vaina seca los sentimientos de cualquiera.*

—Alessandra me exigió que devolviera todo lo que me compraste en la boutique —comentó Fabiana, rompiendo el silencio, con la voz aún ronca.

Morgana soltó una carcajada ronca, besándole la comisura de los labios.

—¿Y qué vas a devolver, mi reina? Si mañana mismo nos largamos a Italia. No te preocupes por sus rabietas, nos vamos muy pronto. Todo está listo.

Morgana acarició el vientre plano de Fabiana con una devoción que rozaba lo peligroso.

—Aún quiero ese hijo, Fabiana. Imagínate nuestra sangre mezclada. Quiero verte redonda, cargando a mi heredera.

Fabiana le dio un manotazo suave, mirándola con los ojos muy abiertos y una mezcla de incredulidad y burla.

—¿Tú te pasas, Morgana? Ya hablamos de eso, ¡no se puede! Alessandra no me ha tocado ni con un palo de escoba durante más de dos años. ¿Cómo diablos voy a aparecer yo embarazada en esa mansión? ¿Será que me va a embarazar el Espíritu Santo, como a la Virgen María? ¡Me pica en pedazos a mí y al muchacho!

Morgana sonrió, mordiéndole el labio inferior con picardía.

—El Espíritu Santo tiene mucho estilo italiano, entonces. Pero tienes razón... por ahora. En Italia no habrá excusas.

El ambiente juguetón se rompió abruptamente horas más tarde. Fabiana había salido un momento al baño y, al regresar a la antesala del despacho de Morgana, vio a través de la puerta entreabierta a una mujer. Alta, de porte aristocrático, con una melena castaña perfecta, que estaba peligrosamente cerca de Morgana, tocándole el brazo con demasiada confianza.

La sangre rusiana de Fabiana hirvió al instante. Los celos, un monstruo verde y posesivo, se apoderaron de ella. Se quedó quieta, escuchando la conversación aunque no escuchaba casi nada.

—Morgana, tú no te vas a casar nunca, ¿verdad? —decía la chica, con un tono reprobatorio pero cariñoso—. Mi tía está muy preocupada por ti. Dice que ya tienes treinta y cinco años, no estás casada y ni siquiera tienes hijos. Está histérica con el tema de la sucesión y la continuidad del apellido Sterling.

Morgana se sirvió un whisky, suspirando con pesadez.

—Dile a mi madre que se tranquilice. Siempre se está ahogando en un vaso de agua por la sucesión. No te preocupes por eso... muy pronto habrá sorpresas. En realidad, me gusta alguien.

—¿Ah, sí? —la chica alzó una ceja, intrigada—. ¿Quién es la afortunada?

—Es alguien prohibido —murmuró Morgana, mirando hacia la puerta, como si supiera que Fabiana estaba allí—. Muy prohibido. Pero es lo único que quiero.

La chica se despidió poco después. Apenas cruzó el umbral y desapareció por el pasillo, Fabiana entró al despacho como un huracán categoría cinco.

—¿Y esa privadera de confianza qué lo que es? —le reclamó Fabiana, cruzándose de brazos, con los ojos echando chispas—. ¡Mira, Morgana, a mí tú no me vas a venir con jueguitos! ¿Quién diablos era esa tipa y por qué te estaba sobando el brazo como si fuera tu dueña?

Morgana soltó una carcajada limpia y cruzó la habitación, atrapando a Fabiana por la cintura antes de que pudiera esquivarla.

—¿Estás celosa, mi fiera? —susurró, rozando su nariz contra la de la Omega—. No deberías tener ideas tontas en tu hermosa cabeza. Después de todo, ella es mi prima. Julie.

Fabiana parpadeó, el enojo desinflándose rápidamente, aunque mantuvo su postura digna.

—Pues dile a tu primita que mantenga las manos en sus bolsillos. Tú eres mía.

—Completamente tuya —concedió Morgana, besándola con una dulzura profunda—. Y por eso mismo, he decidido acelerar las cosas. No voy a esperar a que Alessandra sospeche más. Sacaremos a Daniela de esa mansión de inmediato. El plan se adelanta para mañana a primera hora.

Mientras el plan de fuga tomaba forma, en un elegante café en el centro de la ciudad, Lucía, la hermana de Fabiana, removía su capuchino con nerviosismo. Frente a ella estaba Victoria, su pareja, quien también era la confidente más antigua y mejor amiga de Alessandra Volkov. El conflicto de intereses pendía sobre ellas como una espada de Damocles.

—Estoy muy preocupada, Victoria —confesó Lucía, su voz temblando ligeramente—. Mi hermana está decidida. Se va a ir con Morgana, se lleva a la niña. Es una locura, un suicidio.

Victoria, una Alpha analítica y fría, soltó un suspiro prolongado, apoyando la barbilla en sus manos.

—Lucía... yo conozco a Alessandra mejor que nadie en este mundo. Esa mujer no suelta lo que considera suyo, aunque ya no lo use. Alessandra tiene un ego del tamaño de la estepa siberiana. No creo que le permita irse así como así.

—Pero Fabiana está desesperada —replicó Lucía—. La ignoró por años, la trató como a un adorno. Fabiana merece más que ser el trofeo polvoriento de una millonaria.

—Lo sé, y por eso no le he dicho nada a Alessandra —admitió Victoria, acariciando la mano de Lucía—. Pero te lo advierto, mi amor: si Alessandra se entera de que Morgana Sterling y Fabiana son amantes, esto no va a ser un simple divorcio. Va a ser una guerra mundial. Solo espero que todo esté bien y que Fabiana sepa exactamente en qué clase de infierno se está metiendo.

La noche cayó sobre la mansión Volkov pesada y opresiva. Fabiana entró por la puerta principal sintiendo que el aire le faltaba. Era su última noche en aquella jaula de cristal. Cada paso que daba resonaba en el mármol italiano, marcando el final de una era.

Alessandra la esperaba en el salón, exactamente en la misma posición de la noche anterior, como si fuera una estatua de hielo esculpida por el resentimiento.

—¿Lo hiciste? —preguntó la Alpha rusa, su voz cortando el silencio como un látigo.

Fabiana no parpadeó. Sostuvo la mirada gélida de su esposa.

—Sí, Alessandra. Lo devolví todo. Como tú ordenaste.

Era una mentira absoluta. Las joyas y la lencería ya estaban empacadas y a salvo, listas para el vuelo privado hacia Italia.

Alessandra la escudriñó, buscando una grieta, un titubeo. Al no encontrarlo, asintió lentamente, una pequeña victoria para su orgullo colosal.

—Bien. Así es como debe ser. No olvides a quién perteneces, Fabiana.

Fabiana sintió una punzada de tristeza, no por la mujer que tenía enfrente, sino por lo que alguna vez soñó que serían.

—No lo olvido —respondió Fabiana, con una calma que sorprendió a la propia Alessandra—. A propósito... dejé todo listo esta noche. Recuerda que mañana mi hija y yo nos iremos de aquí para nuestro viaje. Espero que no te lo olvides.

Alessandra se tensó. Algo en el tono de Fabiana, algo en la forma en que dijo "mi hija" y no "nuestra", le revolvió el estómago. La Alpha dio un paso hacia ella. Sus instintos le gritaban que agarrara a esa Omega, que la encerrara, que le suplicara si era necesario para que no cruzara esa puerta. Su lobo interno aullaba ante la inminente pérdida, reconociendo el aroma de la despedida definitiva.

Alessandra abrió la boca. Quería decirle que se quedara. Quería decirle que las cosas cambiarían, que volvería a mirarla, a tocarla, a ser la esposa que Fabiana alguna vez rogó tener.

Pero el ego de la Viuda de Hierro era una prisión más fuerte que cualquier jaula. Su orgullo, forjado en la brutalidad de la mafia y los negocios oscuros, no le permitió articular una sola palabra de súplica. Apretó la mandíbula hasta que los nudillos se le pusieron blancos y, finalmente, se quedó en absoluto silencio, asintiendo fríamente.

Fabiana comprendió ese silencio. Era la confirmación de que no había nada más que salvar.

Giró sobre sus tacones y subió las inmensas escaleras de caracol por última vez. Al entrar en su habitación, cerró la puerta con seguro. Allí, en una esquina, perfectamente ordenadas, descansaban sus maletas de diseñador y las de Daniela. Estaban empacadas, pesadas con la promesa de una nueva vida.

Se acercó a la cama y pasó la mano por las frías sábanas de seda donde tantas veces había llorado de soledad y también donde se entregó por primera vez a su esposa Alessandra.

"Lo siento mucho, Alessandra," pensó Fabiana, mirando su anillo de bodas brillando bajo la luz de la luna. "Pero ahora ya no soy solo yo. Debo pensar en mi hija. Tú eres mi esposa en papel, pero lo nuestro ya no funciona. Tú solita lo mataste. Tú lo hiciste así. Y yo... yo nací pobre una vez, pero no pienso morir vacía."

Mañana, el imperio Volkov despertaría sin su reina consorte. Y la verdadera cacería, manchada de sangre, sal y seda, estaba a punto de comenzar.

**Continuará...** 🔥

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Zlahi Magica
¿Principessa? ¿Eh?
Michica Omegavers: Es princesa en español está escrito en Italiano 🥰
total 1 replies
Zlahi Magica
Hay un error ortográfico de la niñera.
Zlahi Magica: Na, no es gran cosa.
total 2 replies
Zlahi Magica
Jajajaja, nuevo halago en la lista: “Quiero verte redonda”.
Zlahi Magica
🔥 Picante, picante🔥.
Zlahi Magica
Picante final, me encanta.
Zlahi Magica
Uuuhh, dramon.
Zlahi Magica
Buen capitulo.
Zlahi Magica
Interesante capitulo.
Zlahi Magica
Buen capitulo.
Zlahi Magica
¿Fabiana no se le ocurrió grabar las sesiones de sexo y mandarla a Alessandra? Tipo, revelando lo que está haciendo.
Michica Omegavers: esa es una buena idea pero no se puede porque cómo sabes Alessandra no es una persona fácil de engañar después de todo ella es posesiva y si se entera de eso no se sería algo bueno para Fabiana 🤭
total 1 replies
Zlahi Magica
Ouch, eso sí que dolió, uffff.
Zlahi Magica
Bien, interesante capitulo. Aunque es odioso que Noveltoon límite el erotismo.
Zlahi Magica: Siiii, espero que el mío no tenga amonestaciones.
total 2 replies
Zlahi Magica
Uuhh, interesante.
Zlahi Magica
Uuuhh, picante.
Michica Omegavers
Alessandra quería ganar la confianza de Lucia dándole bienes acciones empresas propiedades que pertenecía los quería transferir a Lucia
Zlahi Magica
Bien, bien, interesante capitulo.
Zlahi Magica
Interesante capitulo.
Zlahi Magica
Bonito apellido.
Zlahi Magica
Buen capítulo.
Zlahi Magica
Depresión Postparto, no adaptación postparto.
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