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CUANDO YA NO NECESITABA AMOR, LLEGÓ EL VERDADERO

CUANDO YA NO NECESITABA AMOR, LLEGÓ EL VERDADERO

Status: Terminada
Genre:CEO / Autosuperación / Completas
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Ella creció creyendo que el amor era resistencia: ser fuerte en silencio, ceder un poco más, esperar que las cosas mejoren. Durante años sostuvo una relación que hacia afuera parecía perfecta, pero puertas adentro la hacía dudar de sí misma. Él era encantador con el mundo y tormentoso en privado. Y ella, paciente, probablemente demasiado paciente.

Hasta que una noche, en medio de una cena donde entendió que nadie iba a defenderla, ni siquiera ella misma, respiró hondo y tomó la decisión más difícil y más necesaria de su vida: irse.

Se fue con una maleta, con miedo, con incertidumbre, pero también con una extraña sensación de alivio.

Lo que no sabía era que marcharse no era el final, sino el comienzo. Que después de una relación que la apagó, podía existir un amor distinto, uno más sano, más ligero, uno donde no tuviera que disminuirse para quedarse.

Porque a veces perder una historia es la única manera de encontrarse con la que realmente está destinada a vivirse.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18

El cielo del planetario estaba oscuro y sembrado de estrellas artificiales. Las voces infantiles se elevaban en oleadas intermitentes, cargadas de esa ilusión intacta con la que los niños observan el mundo.

Algunos padres conversaban en voz baja mientras los pequeños recorrían los pasillos curvos con la convicción de estar a bordo de una nave espacial.

No sabía con exactitud qué esperaba de una cita entre dinosaurios y constelaciones, pero la experiencia resultó más reveladora de lo que anticipé.

—No toques eso, Emiliano —advirtió Leonardo por tercera vez, mientras el niño, con la gorra al revés y una linterna en forma de cohete, intentaba inclinarse sobre una baranda claramente señalizada como prohibida.

—Pero tío, ¿cómo voy a saber si la luna es real si no me dejan tocarla? —replicó con absoluta seriedad.

Contuve la risa; Leonardo no lo logró. Su carcajada fue espontánea, lo suficientemente sonora como para atraer algunas miradas curiosas.

—Así empiezan los científicos rebeldes —comentó Leonardo mientras lo tomaba del hombro y lo hacía retroceder—. Primero cuestionan la luna y después construyen un lanzacohetes en la sala.

—¿Puedo hacer eso? —preguntó Emiliano con renovado entusiasmo.

—No —respondimos al unísono.

El niño rodó los ojos con teatralidad y salió disparado hacia la siguiente sala, haciendo sonidos de propulsión con la linterna encendida.

Leonardo suspiró y se pasó la mano por el cuello, aunque en su gesto había más afecto que agotamiento.

—¿Siempre tiene esa energía? —pregunté mientras lo seguíamos.

—Solo cuando duerme menos de doce horas —respondió con una media sonrisa. Luego añadió, casi como una confesión involuntaria— Es lo único que me quedó de mi hermana. Cuando me supera, recuerdo eso, que ella no se fue del todo y está ahí en ese pequeño cuerpo que me hace sonreír, en su mirada y en su voz.

No intenté elaborar un discurso. La escena hablaba por sí sola. Hay quienes eligen no asumir responsabilidades, y hay quienes las abrazan sin obligación biológica de por medio.

Entramos al domo principal. Emiliano ya estaba sentado, con la mirada fija en la cúpula como si esperara presenciar el origen del universo.

—¡Empieza! —exclamó antes de que el proyector terminara de encenderse.

Nos sentamos a su lado. Leonardo sacó discretamente una pequeña bolsa de caramelos del bolsillo interior de su saco.

—No están permitidos —susurró Leonardo con complicidad—, pero ya he quebrantado suficientes reglas hoy.

—¿Te arriesgas a un juicio intergaláctico? —pregunté.

—Peor. A un exceso de azúcar— susurró él.

Reímos en voz baja. En la oscuridad, nuestras manos se rozaron de manera accidental. No hicimos comentario alguno. Emiliano reaccionaba a cada planeta con observaciones improbables, que si uno parecía un huevo frito, que si en otro había vivido en una vida anterior y Leonardo escuchaba con paciencia, negando suavemente con la cabeza.

Mientras el narrador describía galaxias lejanas y Saturno se proyectaba sobre nosotros, comprendí que la vida no siempre necesita declaraciones solemnes. A veces basta con momentos sencillos, incluso absurdos, que permiten respirar sin tensión y recordar que la felicidad puede ser ligera.

Al salir, una brisa fresca obligaba a cruzar los brazos. Emiliano se despidió con un abrazo rápido y una advertencia entusiasta sobre alienígenas pacíficos antes de irse con la niñera, quien lo llevaría a casa mientras Leonardo terminaba la noche conmigo.

Quedamos frente al edificio, bajo la luz amarilla de una farola, sin una guía clara sobre cómo continuar.

—Bueno… —dije, moviendo una pequeña piedra con la punta del zapato.

—Bueno —repitió él, con las manos en los bolsillos.

Nos miramos y sonreímos.

—Debo admitir que tu sobrino me cae mejor que tú— dije.

—Es una opinión frecuente. Una señora en el mercado le regaló dulces y a mí me entregó la bolsa vacía —respondió con ironía contenida.

—Justicia poética— comenté con una sonrisa.

—Tú tampoco te quedas atrás —añadió, inclinando ligeramente la cabeza—. Te reíste de todos sus chistes. Incluso del de los marcianos con calcetines.

—Fue ingenioso— repliqué.

—Tenía siete palabras. Tres eran “pedo”, Samantha— dijo Leonardo.

La risa volvió a imponerse. Sin Emiliano entre nosotros, el aire adquirió otra densidad. No era incómodo, pero sí más consciente.

Leonardo alzó la vista al cielo real.

—Es curioso —murmuró—. Dentro, las estrellas eran perfectas, alineadas, pero no se sentían auténticas.

—¿Y estas? —pregunté, siguiendo su mirada.

—Desordenadas y frías, pero verdaderas— respondió él.

—¿Prefieres eso?— pregunté.

—Prefiero lo que no finge— contestó sin dejar de mirarme.

Su respuesta quedó suspendida entre nosotros. El silencio resultó cómodo, algo poco común cuando dos personas empiezan a significarse más de lo previsto.

—¿Te gustaría tomar algo algún día? —preguntó Leonardo finalmente—. Un café, sin planetas proyectados y sin supervisión infantil.

—¿Algún día? —repetí.

—Cuando no tengas que fingir entusiasmo por chistes cuestionables— dijo Leonardo.

—Dependerá de si prometes hacer el ridículo también— le dije, y hasta ahora no sé porqué, con él no había necesidad de cuidar las palabras.

—No necesito prometerlo —respondió.

Volvimos a reír, pero esta vez había una intención más clara detrás del intercambio.

Me despedí y avancé unos pasos antes de girarme.

—Sí quiero ese café —dije con serenidad.

Sonrió, y en su expresión apareció algo nuevo, una leve inseguridad que no intentó disimular.

—Entonces te aviso— expresó con una sonrisa.

Fue la primera vez que lo vi genuinamente nervioso. No había postura ensayada, solo un hombre consciente de que estaba cruzando un límite distinto. Esa honestidad, más que cualquier frase brillante, fue lo que terminó de acercarlo a mí.

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Celina
simplemente encantadora 🥰🥰🥰💛💛💛🤗🤗🤗🤗 felicidades ☺️ Infinitas bendiciones 🙏🏻
Graciela Saiz
ella se fue,y quedó todo así nomás? no hablaron ? así terminó la relación 🤔🤨
Anonymous
👏👏👏👏👏
Anonymous
Bueno samanta atrevete a dar el siguiente paso solo así sabrás que pasará
Anonymous
Qué lindo autor me gustaría pusieras fotos
Anonymous
Lo que más me gusta de este autor es su precisión para redactar es hacer que cada párrafo encaje en el y el lector se meta en la historia 🥰🥰🥰👏
Anonymous
Bueno cada historia de este autor tiene su propia esencia y realmente me quedó con el
RENE: Muchas gracias ☺️
total 1 replies
Anonymous
Octavio Ya tú oportunidad pasó tú mismo la mataste con tú arrogancia ahora ella es dueña de si misma 👏👏👏👏
Anonymous
Es difícil pero si has podido 👏👏👏
Anonymous
Esa es la actitud 👏👏👏
Anonymous
Jessica es la amiga que todos necesitamos 👏👏
Anonymous
Un gran Reto 👏
Ana Elena Jiménez
hermosa historia
Ana Elena Jiménez
ya eres pasado pisado Octavio así que no seas iluso
Ana Elena Jiménez
muy buena la trama
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja Jessica es genial
Ana Elena Jiménez
woaoo,esto es impresionante
Anonymous
Me gusta cuando no hay promesas solo sentimientos y se van descubriendo excelente capítulos quiero más 👏👏👏👏
Anonymous
Me gusta la actitud qué el autor Le está dando a está protagonista demuestra que desde la cenizas se puede resurgir y con más fuerza
Anonymous
Excelente este capitulo 👏👏👏👏
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