Sinopsis: Enamorado de la mejor amiga de mi mamá
Kaleth Giraldo nunca imaginó que terminaría enamorándose de Estefanía Holguín, la mejor amiga de su mamá. Desde que era pequeño, la conocía como tía Estefanía, una mujer especial que siempre había estado presente en su vida. Sin embargo, los años pasaron y sus sentimientos comenzaron a cambiar, convirtiéndose en un amor que jamás pensó experimentar. Ahora, Kaleth tendrá que encontrar el valor para confesarle lo que siente, arriesgándose a cambiar la relación entre sus familias. Estefanía nunca imaginó que aquel niño que la llamaba tía crecería y la miraría con otros ojos. ¿Podrá el amor superar los prejuicios, las dudas y los secretos que amenazan con separarlos para siempre?
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18: Mi mamá nos descubrió
Narrado por Kaleth Giraldo
Esa tarde estábamos solos en la casa. Mi mamá había salido a hacer unas vueltas y nos había dicho que regresaría más tarde. Yo estaba en la sala con Estefanía, viendo una película, aunque, siendo sincero, ninguno de los dos le estaba poniendo mucha atención.
Mi novia estaba sentada a mi lado, con su mano entrelazada con la mía. Llevábamos dos meses juntos y todavía me parecía increíble que la mujer de la que había estado enamorado durante tanto tiempo ahora me dijera que me amaba.
—¿Qué tanto me mirás, pues? —me preguntó Estefi, sonriendo.
—¿No puedo mirar a mi novia o qué, mi reina?
—Ay, Kaleth, vos sí sos mucho.
—Mucho de enamorado, querrás decir.
Ella soltó una risita y me dio un besito en la mejilla. Yo giré la cabeza para mirarla y quedamos frente a frente.
—Te amo, Estefi —le susurré.
—Yo también te amo, mi vida.
La besé suavemente en los labios y ella me correspondió. Estábamos tan concentrados en nosotros que ni siquiera escuchamos el ruido de la puerta principal.
Hasta que una voz nos dejó helados.
—¡¿SE PUEDE SABER QUÉ ES ESTO?!
Nos separamos de inmediato.
¡Ave María, parce! Era mi mamá.
Karol estaba parada junto a la entrada, con las llaves en una mano y una expresión de rabia que jamás le había visto. Se había devuelto porque había olvidado unos documentos del trabajo y, de todas las cosas que podía encontrar, nos encontró besándonos.
—Mamá, yo te puedo explicar… —empecé a decir.
Pero ella ni siquiera me miró. Caminó directamente hacia Estefanía y, antes de que pudiéramos reaccionar, le dio una cachetada.
—¡KAROL, NO! —grité, levantándome del sofá.
Estefanía se llevó una mano a la mejilla, completamente sorprendida.
—¡¿Qué te pasa?! —le reclamé a mi mamá, poniéndome delante de mi novia.
—¡A VOS TE CALLÁS, KALETH! —me gritó—. ¡Y VOS, ESTEFANÍA, NO PUEDO CREER QUE TE HAYÁS METIDO CON MI HIJO! ¡Sos una cualquiera!
—¡No me hablés así! —respondió Estefanía, con la voz temblorosa—. Yo nunca quise faltarte al respeto.
—¿Ah, no? ¡Vivís bajo mi techo, sos mi mejor amiga y te atrevés a besar a mi hijo a mis espaldas!
—¡Mamá, dejá de insultarla! —intervine—. ¡Yo también estoy en esta relación! ¡No fue que ella me obligó a nada!
Karol se volvió hacia mí, furiosa.
—¡¿Vos estás oyendo lo que estás diciendo?! ¡Esa mujer tiene veintiséis años y vos apenas dieciocho! ¡Yo confiaba en ella! ¡La metí en mi casa porque era mi amiga, porque te quería como si fueras de su familia!
—¡Pero no somos familia, mamá! —contesté—. ¡Nunca lo hemos sido!
—¡Eso no cambia nada! ¡Te conozco desde que eras un niño, Kaleth! ¡Yo soy tu mamá y tengo derecho a preocuparme por vos!
—¡Preocuparte no te da derecho a pegarle a Estefanía!
Mi mamá abrió la boca, indignada.
—¡¿Ahora vas a defenderla a ella por encima de tu propia madre?!
—¡No se trata de escoger entre vos y ella! ¡Se trata de que acabás de golpear a una persona que decís querer!
Estefanía me agarró del brazo.
—Kaleth, por favor…
Pero yo estaba demasiado alterado.
—No, Estefi. Mi mamá no puede entrar aquí y tratarte como si fueras basura.
Karol soltó una risa amarga.
—¡Qué bonito! ¡Ahora resulta que ustedes dos son las víctimas! ¿Desde cuándo están juntos? ¡Contestame!
Estefanía respiró hondo.
—Hace dos meses.
Mi mamá se quedó inmóvil.
—¿Dos meses? —repitió, casi sin voz—. ¿Dos meses mintiéndome en mi propia cara?
—Yo tenía miedo de perder tu amistad —confesó Estefanía—. Sabía que esto te iba a doler.
—¡Pues claro que me duele! ¡Eras mi mejor amiga, Estefanía! ¡Te confié mi casa, mis problemas y lo más importante de mi vida, que es mi hijo!
—¡Yo nunca he dejado de preocuparme por Kaleth! —respondió ella—. Y no me avergüenzo de quererlo.
—¡Pues yo sí me avergüenzo de vos!
Esas palabras hicieron que Estefanía bajara la mirada. Me dolió verla así, pero también entendía que mi mamá estaba herida y se sentía traicionada.
—Mamá, podés estar enojada conmigo todo lo que querás —dije, intentando controlar la voz—, pero no voy a permitir que la insultés ni que volvas a pegarle.
—¡No me pongás condiciones en mi propia casa!
—¡Entonces no me obligués a defenderme de vos!
El silencio cayó sobre la sala.
Karol me miró como si no reconociera al hijo que tenía delante. Después señaló la puerta.
—Estefanía, necesito que te vayás.
—Karol, por favor, escuchame…
—¡Que te vayás!
Sentí que el corazón se me partía.
—Si ella se va, yo también me voy —solté.
—¡¿Qué acabás de decir?!
—Lo que escuchaste, mamá. No voy a dejarla sola después de lo que pasó.
Estefanía me sujetó la mano, asustada.
—Kaleth, no tomés decisiones así por mí.
Pero yo no podía simplemente fingir que nada había ocurrido.
Mi mamá tenía lágrimas de rabia en los ojos.
—No puedo creer que estés dispuesto a enfrentarte a tu propia familia por esta relación.
—Y yo no puedo creer que hayas golpeado a alguien que considerabas tu mejor amiga.
Ninguno de los tres volvió a hablar durante unos segundos.
La película seguía reproduciéndose en el televisor, como si nada hubiera pasado, pero nuestra vida acababa de cambiar por completo.
Estefanía recogió su bolso con las manos temblorosas. Yo quise abrazarla, pero ella necesitaba respirar y pensar.
Mi mamá se quedó junto a la puerta, mirándonos con una decepción profunda.
Y aquella tarde comprendí que nuestro amor ya no era un secreto, pero que salir a la luz podía costarnos mucho más de lo que habíamos imaginado.